A la sombra de la Historia
Crimen y castigo en la Málaga de 1838El asesinato de José Rando se resolvió en tres días con la ejecución de los autores. El barón Dembowski fue testigo directo del proceso
Regala esta noticia Añádenos en Google El juicio se celebró en el edificio de San Felipe, actual IES Vicente Espinel. (V. H.)Víctor Heredia
30/07/2026 a las 00:14h.Patrocinado por:
En el otoño de 1838 se produjo un asesinato que tuvo conmocionados a los habitantes de la ciudad durante varios días. Según Francisco Bejarano, fue « ... un crimen impulsado por una pasión avasalladora e ilegítima y ejecutado por una mano torpe al servicio de ambiciones vulgares». Sigamos el desarrollo de esta tragedia, que se puede resumir en cuatro actos, a partir de las crónicas que aparecieron en la prensa nacional y extranjera.
Segundo acto, 31 de octubre. El capitán general dio orden de que el proceso se resolviera con celeridad «y se lograse si era posible enterrar al asesino con la víctima». A las siete de la mañana se efectuó un careo entre ambos acusados. Ante las diferencias de sus testimonios, fueron conducidos ante el cadáver de José Rando, que permanecía depositado en la bóveda de la parroquia del Sagrario. Allí se produjo una escena terrible. De la Rosa reiteró su acusación contra Morales. Entonces, el fiscal instó a éste a que tomara la mano del asesinado y maldijera al autor del crimen. Pero el joven, sumido en el estupor, apenas pudo murmurar unas palabras ininteligibles. Ese día continuaron las pesquisas y se tomó declaración a medio centenar de testigos. El autor confesó que había recibido una cantidad de dinero de Morales como pago del crimen. La motivación del asesinato estaría en las relaciones amorosas que mantenían Morales y la esposa de Rando, que había quedado embarazada del abogado durante una larga estancia de su marido en Madrid.
Tercer acto, 1 de noviembre. En las calles crecía el interés y la agitación en torno al caso. La provincia llevaba varios meses en estado de sitio, por lo que el juicio de la causa fue llevado por la jurisdicción militar. Por la tarde se constituyó en San Felipe el consejo de guerra, formado por seis capitanes de la guarnición y presidido por el gobernador, Fernando Alcocer. El primer consejo fue disuelto ante la sospecha de que sus miembros habían recibido ciertas ofertas. Actuó como defensor el capitán Tejada. A las nueve de la noche comenzó el consejo, en medio de una enorme expectación. El público abarrotaba el edificio y las calles cercanas. De la Rosa insistió en sus acusaciones contra Morales, que las negaba. Se mandó traer el cadáver y se repitió el careo entre el agresor y al inductor. A las dos de la madrugada se formó una comitiva judicial que acudió al lugar del crimen para hacer una reconstrucción de los hechos. A las cinco el consejo emitió su fallo, condenando a muerte a los dos reos.
Portada del libro de Dembowski. (Biblioteca Nacional de España)Carlo Dembowski, el testigo extranjero
El barón italiano de origen polaco Carlo Dembowski pasó una larga temporada en nuestro país que recogió en su libro «Dos años en España durante la guerra civil, 1838-1840», publicado en francés en 1841. Estaba en Málaga cuando se produjo el crimen de Rando, reflejando en sus textos el ambiente que rodeó el proceso. Dembowski muestra el enorme interés con que fue seguida la causa, especialmente por sus aspectos sociales: «Toda la ciudad está conmocionada por este asunto, que involucra a dos familias igualmente poderosas: una por su gran riqueza y la otra por pertenecer al mundo de la abogacía, que aquí puede hacer lo que quiera. ¿Tendrán la audacia de ejecutar a un abogado?». El barón asistió al juicio y dejó un detallado relato de lo que vio, como esta descripción de Morales: «Tenía veintinueve años, un bigote rubio le cubría el labio y su semblante no expresaba crueldad alguna; su atuendo era muy refinado». Transcribe el diálogo entre los acusados durante el juicio, transmitiendo el intenso dramatismo de la macabra escena, con ambos reos separados por el ataúd abierto con el muerto aún ensangrentado. Terminaba su relato recordando la frase atribuida a Fernando VII sobre los abogados malagueños: «¡mata al rey y huye a Málaga: te salvarás!».
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