- ABIGAIL HAUSLOHNER Y STEFF CHÁVEZ
El presidente estadounidense ha amenazado con otra intervención militar en el país, sumido en las protestas, pero sus objetivos no están claros.
Tras la operación militar estadounidense en Venezuela, el presidente Donald Trump está considerando una nueva intervención: esta vez en Irán, donde se dice que cientos de personas han muerto en la represión del régimen contra las protestas nacionales.
Sin embargo, dado que algunos asesores del presidente advierten que Irán presenta un panorama mucho más desafiante, las perspectivas de que cualquier opción militar o no militar sobre la mesa pueda cumplir la promesa de Trump de "rescatar" a los manifestantes están rodeadas de incertidumbre, y existe el riesgo de provocar un resultado contraproducente.
"La acción cinética es desordenada e impredecible, y no somos buenos en la intervención no cinética", advierte un exfuncionario estadounidense especializado en Irán y la región. "En cualquier sistema complejo, no se puede hacer una sola cosa. Irán es un sistema complejo".
Algunos grupos activistas han estimado que más de 500 personas han muerto, incluyendo docenas de miembros de las fuerzas de seguridad, desde que estallaron las manifestaciones nacionales en Irán a finales de diciembre. Se cree que miles de personas más han sido detenidas, según explican.
Trump, quien el lunes anunció un arancel del 25% a los países que comercian con Irán, ha declarado que está considerando "opciones muy contundentes" para acudir al rescate "si Irán asesina violentamente a manifestantes pacíficos". La Casa Blanca indicó el lunes que estas incluyen ataques aéreos.
Expertos militares y exfuncionarios señalan que los objetivos podrían incluir infraestructura militar y de la Guardia Revolucionaria iraní, centros de mando y control, y almacenes de armas y suministros utilizados por el Gobierno y sus milicias.
Esto podría incluso extenderse a ataques contra altos líderes iraníes, afirman. Durante el primer mandato de Trump, EEUU asesinó al comandante Qassem Soleimani, y el presidente se había jactado previamente de que también podría atacar al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei.
Sin embargo, no está claro que esto consiga lo que EEUU, o el movimiento de protesta iraní, buscan, y podría tener el efecto contrario.
Los expertos afirman que una operación militar podría alimentar la narrativa del Gobierno iraní, que ha culpado a "alborotadores" y "terroristas" de la violencia y ha acusado a EEUU e Israel de fomentar el malestar. A pesar de la profunda polarización política de Irán, muchos iraníes se unieron en torno a la bandera cuando Israel lanzó su guerra de 12 días contra el país en junio, a la que EEUU se unió brevemente.
"Se corre el riesgo de hacer lo que no se quiere hacer", advierte un ex alto funcionario de defensa estadounidense sobre una nueva intervención militar. "Se corre el riesgo de unificar el país".
Los estrategas militares estadounidenses también se enfrentan a enormes desafíos para identificar objetivos que fomenten las deserciones y obstaculicen aún más la capacidad del Gobierno para reprimir a los manifestantes.
Lanzar ataques militares "para proteger a los manifestantes de la represión del régimen no es realmente un objetivo militar alcanzable", afirma Dana Stroul, quien ocupó el cargo de subsecretaria adjunta de Defensa para Oriente Medio durante la Administración de Joe Biden.
Hasta ahora, Teherán ha respondido a las oleadas de protestas y a las amenazas de Trump con una mayor violencia y un apagón de Internet, en lugar de capitular.
"Esta no es la primera vez que afrontan una situación así", afirma el exfuncionario especializado en Irán y la región. Jamenei y su entorno creen desde hace tiempo que ceder a la presión "invita a más agresiones".
Trump ha declarado anteriormente que EEUU "destruyó" la capacidad nuclear de Irán y neutralizó lo que alguna vez fue una formidable amenaza regional tras los ataques estadounidenses durante la guerra de junio.
Sin embargo, durante una visita del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, el mes pasado, Trump comenzó a advertir sobre la posibilidad de una nueva campaña si se descubriera que Irán está reconstruyendo su programa nuclear.
Si bien Netanyahu ha presionado a favor de ello, Trump se ve limitado por su aversión, y la de sus base MAGA, a cualquier implicación militar a largo plazo.
"Buscan victorias rápidas. No buscan nada a largo plazo", afirma el exfuncionario especializado en Irán y la región.
Sin embargo, la exitosa operación para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro este mes ha desatado la especulación de que las opciones de Trump podrían incluir una operación similar para decapitar al régimen iraní.
Si bien algunos republicanos como el senador Lindsey Graham han insistido en la posibilidad, otros asesores de Trump advierten que lograr esto en Irán sería mucho más complicado.
Durante el último año, EEUU ha reducido su presencia militar en el Golfo y el Mediterráneo, enviando algunos buques de guerra para unirse a la campaña antidrogas de Trump en el Caribe y el Pacífico.
"La gran diferencia entre Venezuela e Irán es el acceso", explica el ex alto funcionario de defensa. "Las distancias son amplias. Los márgenes son muy reducidos".
Teherán también ha prometido tomar represalias contra cualquier activo estadounidense en la región en caso de ataques estadounidenses,y Trump ha prometido contraatacar "a niveles nunca antes vistos", lo que aumenta el riesgo de una rápida escalada.
Un alto funcionario de la Administración Trump declaró el lunes que "el presidente es consciente del impacto de todas las opciones", pero enfatizó que Trump aún considera a Irán como el mayor estado patrocinador del terrorismo a nivel mundial.
Trump no siempre cumple sus amenazas.
"Ha amenazado con enviar a Hamás de vuelta a la Edad de Piedra en varias ocasiones. No lo hemos visto", señala Matthew Levitt, ex funcionario antiterrorista estadounidense del Washington Institute for Near East Policy.
Sin embargo, Trump ha cumplido con otras amenazas suficientes veces como para crear una gran incertidumbre, según Leavitt y otros analistas.
"Trump es el factor impredecible aquí", afirma el exfuncionario de defensa. "Le temen".
El lunes, después de que Trump dijera que los líderes iraníes se habían puesto en contacto para negociar, la Administración sugirió que se inclinaba nuevamente por la diplomacia.
"La diplomacia siempre es la primera opción para el presidente", aseguró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Los mensajes que Irán transmite "en privado" son "bastante diferentes" de lo que el régimen dice en público, "y creo que el presidente tiene interés en explorar esos mensajes", afirmó. Sin embargo, Leavitt añadió que todas las demás opciones seguían sobre la mesa.
El presidente "no teme usar opciones militares si lo considera necesario", sostuvo. "Y nadie lo sabe mejor que Irán".
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