Condoleezza Rice, entonces consejera de Seguridad Nacional de EE UU, llegó a calificar el gesto como una señal de que «la Guerra Fría se ha acabado»
Regala esta noticia Añádenos en Google George Bush y Vladímir Putin, reunidos en Washington en 2004. (E. C.) 11/09/2026 a las 17:28h.El 11 de septiembre de 2001 Vladímir Putin ya era el presidente de Rusia. Tenía agendado un acto con periodistas para felicitarles por su cobertura ... en el frente durante la segunda guerra chechena, que tuvo lugar entre 1999 y 2009. Sus consejeros de seguridad le abordaron para informarle de un importante suceso: dos aviones comerciales se habían estrellado contra el World Trade Center en Nueva York.
Lo hizo incluso antes de que se conociera la magnitud de la catástrofe. Pudo hablar el mismo 11-S con Condoleezza Rice, entonces la consejera de Seguridad Nacional. Putin le ofreció un gesto de buena voluntad y le anunció que suspendería unos ejercicios militares programados en las siguientes semanas. Washington iba a poner sus fuerzas militares en alerta máxima (DEFCON). De esta forma se buscaba evitar malentendidos catastróficos entre ambas potencias y prevenir una respuesta agresiva de cualquiera de las dos partes. Sobre esta llamada explicó posteriormente Rice que pensó en aquel momento que «la Guerra Fría realmente ha acabado».
Más tarde, el jefe del Kremlin llamó al primer ministro británico, Tony Blair, y al canciller alemán, Gerhard Schröder, y les insistió en que debían unirse contra el terrorismo. «Mi país conoce de primera mano qué es el terrorismo. Así que podemos entender muy bien los sentimientos del pueblo estadounidense. En nombre de Rusia, me dirijo al pueblo de Estados Unidos para decirle que estamos con vosotros, compartimos y experimentamos total y completamente vuestro dolor» expresó en la televisión nacional ese día.
El 12 de septiembre, el líder eslavo pudo conversar con el presidente de Estados Unidos. «El bien triunfará sobre el mal. Quiero que sepas que en esta lucha vamos a estar juntos», le prometió por teléfono al republicano. Meses antes ambos se habían visto en Liubliana, la capital eslovena. El encuentro fue muy amistoso. Bush llegó a decir que, después de mirar a su interlocutor a los ojos, pudo «percibir su alma, la de un hombre profundamente comprometido con su país y con los mejores intereses para su nación»
Choque posterior
Las muestras de concordia se fueron diluyendo con el tiempo. El Kremlin perdió la paciencia debido a diferentes decisiones que le disgustaron. La ampliación de la OTAN hacia el este de Europa y el supuesto apoyo occidental a las «revoluciones de colores» en diferentes países exsoviéticos fueron los principales puntos de tensión. La brecha entre las dos potencias se agrandó paulatinamente y al final Moscú dijo basta en 2007. En la Conferencia de Seguridad de Múnich, Putin mostró un tono más duro y directo que dejaba claro cómo Rusia recuperaba una actitud más beligerante y defensiva que en 2001.
«Creo que es evidente que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia Alianza ni con la garantía de la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una provocación seria que reduce el nivel de confianza mutua» criticó el presidente ruso. Más tarde, el cambio de rumbo se certificó cuando inició la guerra en Georgia en 2008 y se anexionó Crimea en 2014.
Con la justificación de que el gigante euroasiático es una «fortaleza sitiada» por Europa y Estados Unidos, Moscú ha incrementado la centralización del poder y ha debilitado las instituciones democráticas para blindar la estabilidad. El Gobierno ha usado este argumento para explicar todo tipo de medidas impopulares como los recortes en libertades, el aislamiento digital y la reforma de las pensiones.
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