- Laboristas vivos, socialistas zombis
- Pedro Sánchez, acorralado tras la condena a Ábalos, su mano derecha en el PSOE
La corrupción no es solo llevárselo crudo; es echar sal a manos llenas en el mecanismo de una democracia con el único objetivo de afianzarse en el poder.
Pedro Sánchez sigue manteniendo que todo lo que ocurre a su alrededor es humo y avisa que hasta que no se disipe ese humo no va a convocar elecciones. "Espero a que el humo con el que están tratando de distorsionar la realidad se disipe para que los españoles puedan elegir con toda la información qué partido está más capacitado para gobernar".
El problema es que mientras él todavía quiere hacer creer que tras ese humo hay un verde valle, la mayoría de los españoles y sus propios socios perciben ya un incendio sin precedentes, con numerosos cadáveres abrasados, que, como recordó solo unas horas antes Felipe González, solo le dejan dos salidas: o la dimisión o la convocatoria de elecciones.
Ayer se apreció además que sus socios, a medida que perciben que su hundimiento se aproxima, toman distancia para que no los arrastre en su caída. De los que le ayudaron a llegar a La Moncloa, Junts era hasta ahora el más crítico y ayer repitió. Su portavoz, Míriam Nogueras, le pidió que se aparte del poder porque no tiene "ni mayoría ni legitimidad" para seguir.
Gabriel Rufián, representante de ERC, le recordó que en el PSOE solo quedará "gente muy chunga si insiste en resistir". La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, le dijo que "está nadando su último largo". Ione Belarra, de Podemos, le espetó que "sabe perfectamente que su ciclo ha terminado".
Solo Verónica Barbero, de Sumar, parecía vivir al margen de lo que se estaba dilucidando ayer en el Congreso y mientras los demás hablaban de corrupción ella se iba a Irán o al Sáhara. Tanto necesita Sumar a Sánchez y su mundo paralelo, que se resiste a retornar del País de las Maravillas, ese lugar en el que hay moqueta y coche oficial para los suyos.
Dijo ayer Sánchez que "tratan de crear una sensación de corrupción generalizada que no existe". Parece que no es consciente aún de que se ha convertido en el primer presidente en ejercicio de la democracia al que le condenan a un ministro por este grave delito.
Habla de "crear una sensación de corrupción generalizada" el mismo hombre que ha nombrado a Tezanos, responsable de convertir el CIS en un erial en el que se cocinan las encuestas sin pudor al servicio del jefe; el mismo hombre que nombró al fiscal general del Estado, responsable de maniatar la institución al servicio del jefe; el líder que nombro al director de RTVE, responsable de convertir la televisión pública en el instrumento más sectario nunca visto también al servicio del jefe; el que nombró a Cerdán, ese mismo número dos que luego se alió con Leire para presuntamente presionar a todos aquellos que investigaban a su jefe, fueran jueces, policías o periodistas.
¿Es posible creer que todo el desempeño que han gastado todos estos colaboradores de confianza de Sánchez para allanarle el camino, algunos cometiendo presuntos delitos, se hacía a sus espaldas? Con todos estos indicios la teoría de Feijóo que señala a Sánchez como "nexo político corruptor" tiene todo el sentido. Y de alguna manera la corroboró ayer Gabriel Rufián cuando le recordó al presidente que había negociado con Ábalos y "su palabra era palabra de Dios y Dios era Pedro Sánchez, no me ponga caritas, no me cuente milongas".
La corrupción no es solo llevárselo crudo; es echar sal a manos llenas en el mecanismo de una democracia con el único objetivo de afianzarse en el poder. Puede que el presidente no mienta cuando dice que la corrupción no es generalizada en un país de 50 millones de habitantes, pero también es verdad que nunca estuvo tan presente en un Gobierno y lo que le rodea y eso que se han visto cosas gordas en este país.
En su ejercicio de escapismo permanente, Sánchez dio ayer un nuevo paso al lado para eludir posibles responsabilidades. Hasta hace poco el presidente afirmaba con rotundidad que en el PSOE no había financiación irregular, pero ayer matizó que "si algo de eso ha ocurrido, han sido otros los que se han aprovechado de esos recursos". 'Excusatio non petita, accusatio manifesta'. Sánchez pidió ayer a la Justicia "que sea justa". Lo pidió mientras sus huestes presionan a los jueces con todo.
Cargando contra el Supremo por haber rebajado la pena de Aldama por colaborar, acusando de 'lawfare' a ese alto tribunal mientras se ocultan detalles tan importantes como que la sentencia ha sido por unanimidad o que cinco de los siete jueces que han condenado a Ábalos a 24 años por un reguero de delitos sentenciaron también a la Gürtel del PP con penas igual de aparentes. Parece demasiado evidente que cuando Sánchez pide a la Justica que sea justa, lo único que espera es que le dé la razón.
En las antiguas civilizaciones el humo tenía valor. A los egipcios les servía para honrar a los dioses, en Mesoamérica actuaba como elemento purificador y para muchos pueblos era una herramienta de sanación. Para otros era un puente simbólico, pero ¿hacia dónde? Decía ayer Sánchez que en las actuales circunstancias "cómo no vamos a continuar". Dice que le queda mucho por hacer, pero hay quien mantiene que la única razón que le ata al poder es eludir su destino. Cuando lo deje los expertos pronostican que será imputado.
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