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Cuba no quiere ser la reserva moral de nadie

Cuba no quiere ser la reserva moral de nadie
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OPINIÓNCuba no quiere ser la reserva moral de nadie
  • IÑAKI GARAY
21 MAR. 2026 - 00:13Una persona vende flores en una calle el pasado 17 de marzo durante el apagón en La Habana.Ernesto MastrascusaEFE

Dice Irene Montero que Cuba es "la reserva moral de la humanidad". Que duro resulta que se utilicen términos poéticos para endulzar la miseria y hacerla pasar por otra cosa. Para pervertir el sentido de las palabras. Mi amigo Ángel decía lo mismo del curry. Le echas curry a un trozo de tierra (no usaba exactamente este término, pero prefiero omitir el original por si está usted almorzando) y sabe a curry.

Que conste que lo decía en confianza, con la autoridad que le daba ser un hombre honesto y sincero, pero con las precauciones que tomaba para no ofender culturalmente a nadie. Pero utilizar el término "reserva moral" o "proceso político" para redefinir lo que es un estado total de necesidad, en el que solo tiene derecho a vivir y pensar esa casta que dice defender la dignidad humana, produce cálculos en el alma.

Esa casta son los popes o privilegiados del partido a los que en el Palacio de la Música les guardan las mesas delanteras para observar el espectáculo de variedades, mientras en el fondo de la sala se agolpan decenas de chicas jóvenes que esperan que un turista se enamore, o lo que sea, de ellas. A esto es a lo que la Irene Montero que aspira a que la canonicen civilmente como musa del feminismo universal llama "reserva moral de la humanidad".

Puedes tener la ideología que quieras e incluso salivar como el perro de Paulov cada vez que alguien pronuncia el término plusvalía, pero a nada que tengas un mínimo de decencia intelectual te chirría tanta hipocresía. Te enerva oír esta misma semana al diputado de Izquierda Unida, Enrique Santiago, el tipo que confunde intencionadamente al pueblo cubano con el régimen que ha convertido La Habana en una escombrera por la que caminan niños harapientos, pontificar sobre derechos humanos y democracia.

Todos estos y otros iguales, que hablan desde el confort que les brinda el capitalismo de lo maravillosa que es la vida en Cuba, van a enviar la flotilla Nuestra América a la isla para intentar dar un poco de aire al régimen opresor, con la excusa de llevar ayuda humanitaria. Van a darse también aire a sí mismos, porque a nada que se descubra por la vía de los hechos la vacuidad de sus discursos, los pocos votantes, que les mantienen en el mundo desarrollado esas poltronas que les suministran casa con piscina en Galapagar, se van a dar de baja. Y se acabaron los crowdfunding para ampliar la taberna.

En algún sitio Nostradamus debió escribir la profecía que dice que los cubanos empezarían a recuperar su libertad el día que un grupo de espabilados se reuniera en un Starbucks para organizar una flotilla repleta de bocadillos de dignidad para ir a la isla, y darle en los párpados a un Targaryan llamado Donald Trump. Está ocurriendo.

Vistos los antecedentes caben muchas posibilidades de que los tripulantes de la Flotilla hagan escalas en algunas playas del Caribe para evitar salir pálidos en las fotos, y que por la noche se tumben sobre la cubierta, no para reflexionar sobre Marx sino para fumar yerba, mientras contemplan el Cinturón de Orión, que más que de Orión parece de Hermès. Eso sí. Más vale que se ayuden de los escuadrones del régimen para controlar el evento cuando lleguen a puerto porque, de no ser así, millones de cubanos les estarán esperando. Pero no para lanzarse a por los enseres sino para subirse a los barcos con la intención de huir rumbo a cualquier parte.

Que no teman por el bloqueo. Es más que imaginario, aunque ellos lo necesitan para mantener vivo el reality show. De hecho es posible que por el camino se encuentren con un petrolero ruso cargado de gasoil que les escoltará hasta el destino. Y si no dan crédito, que piensen un poco y se hagan una simple pregunta. Si los cubanos que viven en Miami pueden ahora invertir en Cuba porque el sobrino nieto de Fidel Castro, y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva, ya lo permite, ¿quién estaba entonces bloqueando?

Hace unas horas un tipo que se hace llamar en redes El Necio cargaba contra Rocío Monasterio, porque sus antepasados en Cuba tenían una compañía azucarera llamada Manuelita, en la que según la versión del bot del castrismo se explotaba a miles de trabajadores. El Necio decía que, tras el triunfo de la Revolución en 1959, Fidel entregó la explotación a los trabajadores. Y ahí acababa interesadamente la versión dulce de esta triste historia. Cualquiera que haya estado en Cuba y haya salido del resort lo sabe. Cualquiera que haya hablado con un cubano allí lo sabe.

La realidad es que en Cuba antes de la Revolución había 161 empresas que producían más de cinco millones de toneladas de azúcar, y que ese pico se superó algunos años después cuando la Unión Soviética, para mantener vivo el engaño, le cambiaba al castrismo petróleo por azúcar. Cuando la URSS cayó todo se vino abajo. En la actualidad Cuba produce unas 150.000 toneladas -la octava parte de lo que producía en 1895, cuando todavía era una provincia de España- , que no le dan ni para cubrir la demanda interior.

Ni Silvio Rodríguez va a empuñar un AKM para defender a nadie ni Trump va a tomar la isla. Cuba no va a ser libre porque tenga apagones. Va a ser libre porque desde hace mucho tiempo solo tiene encendidos y no puede aguantar mucho más siendo el símbolo de algo que se derrumbó y ya no existe. Va a ser libre porque los cubanos no quieren ser ninguna "reserva moral de la humanidad". Ni Cuba es un zoo, ni ellos son animales.

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Fuente original: Leer en Expansión
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