- ED AUGUSTIN Y JOHN PAUL RATHBONE
Washington confía en que la captura de Nicolás Maduro acelere la caída del anquilosado régimen comunista en La Habana.
Poco después de que los comandos del ejército de EEUU capturaran a Nicolás Maduro en Caracas, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel declaró que su pueblo estaba dispuesto a "dar su sangre, incluso su vida" para defender a Venezuela y la revolución cubana.
En el bar Bleco, en el centro de La Habana —donde los camareros lucen atuendos atrevidos y el consumo ostentoso es la norma para los pocos cubanos que pueden permitirse gastar el salario de un mes en una pizza—, ese tipo de sacrificio revolucionario parece poco probable.
"Se avecinan tiempos difíciles", vaticina Roberto Hernández, un cubano de 34 años afincado en España y que se encuentra visitando a su familia. "Pero miren lo que ya hay aquí: es una completa negación del socialismo, todos disfrutan, mientras que afuera la gente se gana la vida buceando entre montones de basura".
Más allá de las burbujas hedonistas del centro de La Habana, la economía cubana está al borde del colapso. Desde 2021, más de un millón de cubanos —una décima parte de la población— han huido del país, según cifras oficiales, y es difícil encontrar a alguien menor de 40 años que quiera quedarse. Los salarios reales se han desplomado. El hambre, antes poco frecuente, ha aumentado y la mortalidad infantil se ha duplicado, según datos oficiales.
Sin embargo, ahora que Maduro se enfrenta a la justicia en Estados Unidos, Cuba afronta un futuro aún menos halagüeño, tras el fin del apoyo de su aliado más cercano, Venezuela, que hundirá aún más a la economía del país. Y Washington, que durante seis décadas ha intentado derrocar al régimen comunista cubano, ha señalado que el fin está cerca.
"Cuba parece estar a punto de caer. Ahora ya no tendrá ingresos porque los obtenía de Venezuela", sentenció Donald Trump el domingo desde el Air Force One. "Cuba tiene los días contados... Espero que en 2026", añadió el senador Lindsey Graham, que estaba junto al presidente estadounidense.
Durante más de dos décadas, Venezuela ha proporcionado a Cuba combustible y financiación a cambio de personal sanitario, profesores y cuerpos de seguridad, 32 de los cuales murieron durante la incursión estadounidense en Caracas el sábado, según el gobierno cubano, que declaró dos días de luto nacional.
Sin estas ayudas—que el expresidente venezolano Hugo Chávez describió una vez como parte del "océano de felicidad" de Cuba—, su escasez de energía y de productos básicos se agravará. Fuera de La Habana, los cortes de electricidad diarios de 18 horas ya son habituales.
Los intentos de EEUU por derrocar al régimen cubano han ido desde un complot para asesinar al ex presidente Fidel Castro con un puro que contenía material explosivo hasta la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, que fracasó después de que Washington negara apoyo aéreo a la fuerza de invasión en el exilio. Mientras algunos presidentes como Barack Obama intentaron fomentar el cambio relajando el embargo de Estados Unidos, la administración Trump, en connivencia con el secretario de Estado Marco Rubio, de ascendencia cubana, ha aumentado la presión. A mediados de diciembre, el ejército de EEUU incautó un petrolero que se dirigía a Cuba desde Venezuela con casi 2 millones de barriles de petróleo.
"Si viviera en La Habana y formara parte del Gobierno, me preocuparía" declaró Rubio el domingo a la NBC.
Sin embargo, sigue sin estar claro cómo la presión sobre La Habana conducirá a un cambio político, dado que su Gobierno ya ha sobrevivido a décadas de aislamiento.
"La Administración Trump está convencida de que derrocar a Maduro es la mejor manera de derrocar al Gobierno cubano", afirmó Fulton Armstrong, ex oficial de inteligencia nacional de EEUU para América Latina. "Pero nunca han explicado cómo pasarían del presente a su futuro imaginario. Las piezas del rompecabezas para completar ese futuro simplemente no están sobre la mesa", añadió.
Según analistas y antiguos funcionarios del Gobierno, la estrategia actual podría consistir en obligar a Venezuela a interrumpir su suministro energético a Cuba, al tiempo que se disuade a otros países, como México —que el año pasado superó a Venezuela como principal proveedor de petróleo de la isla—, de llenar ese vacío.
En su momento álgido, hace aproximadamente una década, Venezuela llegó a suministrar 100.000 barriles diarios de petróleo a Cuba. Esta cifra ha descendido a menos de 30.000 barriles diarios. Las necesidades diarias estimadas de Cuba ascienden a 70.000 barriles diarios. Otros 25.000 barriles diarios proceden de la producción nacional.
"La administración Trump seguramente exigirá a Venezuela que abandone a Cuba tras la salida de Maduro", afirmó un funcionario europeo que ha tratado habitualmente con La Habana.
En La Habana, la captura de Maduro generó un sentimiento de indignación generalizado, especialmente entre los cubanos más pobres. "Vamos a salir de esto. Los cubanos somos gente dura", declaró Mercedes Carbonero, de 65 años.
Pero es poco probable que ese descontento se traduzca en protestas masivas, que la seguridad cubana puede sofocar fácilmente, como en julio de 2021, cuando el confinamiento llevó a miles de ciudadanos a salir a las calles y manifestarse.
Una segunda posibilidad, según los analistas, es una solución al estilo venezolano, en la que Estados Unidos ejecute una decapitación por la fuerza del gobierno y luego busque la colaboración de los elementos más pragmáticos del régimen. Pero esto es menos probable, dado el alto grado de cohesión interna en la cúpula del gobierno cubano y las purgas de ministros que se muestran críticos con el régimen.
En diciembre, el exministro de Economía Alejandro Gil Fernández fue condenado a cadena perpetua después de ser acusado de espionaje. Otra señal de que el liderazgo se está atrincherando, según los analistas, fue el aplazamiento del noveno congreso del Partido Comunista, programado para abril y que suele celebrarse cada cinco años.
"No veo a nadie en Cuba como [la presidenta interina de Venezuela] Delcy Rodríguez. Para que haya un cambio, se necesitarían divisiones en el régimen, y no veo eso en Cuba, a diferencia de Venezuela, donde siempre ha habido tensiones entre las distintas facciones", declaró Frank Mora, ex subsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos para el hemisferio occidental durante la presidencia de Obama.
En los días posteriores a la captura de Maduro, las calles de La Habana y ciudades más pequeñas como Cienfuegos permanecieron tranquilas, con escasa actividad, a excepción de los numerosos cubanos que seguían con avidez las noticias en sus teléfonos a través de puntos de acceso wifi públicos. Esa sensación de decadencia y estancamiento, según un intelectual cubano, apunta a un futuro para la isla similar al del país más pobre del hemisferio occidental: Haití.
"Va a haber un colapso total", auguró Hernández, cliente del bar Bleco de La Habana. Mientras hablaba, hubo otro apagón, el bar se quedó a oscuras y los aires acondicionados dejaron de sonar. "Ahí tienen", añadió Hernández, dando a entender que llevaba razón.
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