Pedro Porro, Fabián Ruiz, Mikel Merino y Álex Baena; los nombres inesperados que han catapultado a España
Regala esta noticia Añádenos en Google Porro, Baena, Merino y Fabián han sido los héroes inesperados de la selección. (Agencias) 15/07/2026 Actualizado a las 14:37h.El libro de las selecciones finalistas de un Mundial suele reservar sus páginas más doradas para aquellos que fueron escritos con una tinta invisible en ... los guiones previos. En la épica andadura de esta selección española, culminada con la colosal actuación ante Francia en semifinales, han emergido figuras que desafiaron las etiquetas del destino. No hablamos de las certezas absolutas, de los Rodri, Lamine Yamal, Marc Cucurella o Pau Cubarsí, cuya excelencia era un horizonte esperado. Hablamos de los actores de reparto, aquellos destinados inicialmente a un papel secundario, a la gestión del grupo o a minutos de la basura, y que, por méritos propios, han acabado sosteniendo el peso de la gloria sobre sus hombros. Pedro Porro, Fabián Ruiz, Mikel Merino y Álex Baena son los nombres que han cambiado el paso de este equipo, convirtiéndose en el motor inesperado de un sueño.
En una orquesta tan afinada, la figura de Fabián Ruiz se ha erigido como el metrónomo del músculo y la contención. Tras años siendo una pieza clave en el PSG, llegaba a la convocatoria con el respeto que otorga la élite, pero con el desafío de encajar en un centro del campo donde los focos apuntaban a otros nombres. Ante el desgaste físico de Pedri, cuya luz se fue apagando conforme el Mundial avanzaba, De la Fuente tomó la decisión más valiente y polémica del torneo: sentar a la estrella para dar entrada a Fabián frente a Bélgica. El resultado no pudo ser más elocuente. Fabián no solo equilibra el juego, sino que se complementa con Rodri como si hubieran compartido el patio de recreo desde la infancia. Mientras Rodri distribuye con la pausa de los elegidos, el sevillano aporta ese despliegue físico necesario para sostener el equipo.
No se puede relatar esta odisea sin mencionar al hombre de los momentos críticos: Mikel Merino. Cuando su pie se fracturó en enero, la narrativa era unánime: adiós al Mundial. Muchos cuestionaron su inclusión en la lista, tachándola de un gesto de gratitud excesiva por parte del seleccionador. Craso error. Merino no necesita cien minutos para alterar el curso de la historia; le bastan cinco. Tras demostrarlo en la pasada Eurocopa ante Alemania, ha vuelto a erigirse como el verdugo de las defensas cansadas en este Mundial. Su gol salvador ante Portugal y su irrupción decisiva contra Bélgica lo han convertido en el faro al que mirar cuando el cronómetro aprieta y el destino parece esquivo.
Dos caras de la moneda
Finalmente, Álex Baena. Nadie, absolutamente nadie, apostaba por verlo en el once titular. Con las lesiones de Nico Williams y Víctor Muñoz, se abrió una rendija en el muro que el extremo aprovechó con una voracidad insaciable. Tras una temporada atípica en el Atlético de Madrid, Baena ha sido el hombre que no ha dejado de trabajar desde que De la Fuente le otorgó la oportunidad ante Arabia Saudí. Gol contra Uruguay, asistencia clave frente a Austria y, sobre todo, una labor invisible ante Francia que otorgó la vida a Cucurella en defensa. Baena no es solo ataque; es el sacrificio táctico que De la Fuente ha sabido leer, convirtiéndolo en un titular inamovible en su esquema.
La otra cara de esta moneda la representa Pedri. El fútbol tiene estas paradojas: quien fuera el eje sobre el que giraba el barcelonismo y la selección, ha llegado al Mundial con el depósito de gasolina vacío. Tras un curso extenuante, su falta de frescura derivó en una pérdida de balones inhabitual y en una cascada de críticas. El banquillo ante Bélgica y Francia ha sido el espejo de su realidad actual. España ha mutado: ha dejado de depender del brillo individual de sus estrellas consagradas para nutrirse del sacrificio de sus nuevos protagonistas. Porque, al final, la gloria mundialista no se construye solo con los nombres que ya sabíamos, sino con los que, desde la sombra, han aprendido a hacer de la oportunidad un legado.
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