Antes de labrar su alianza con Donald Trump (EEUU) o Marine Le Pen (Francia), e incluso con Javier Milei (Argentina), Vox tejió lazos con la oposición venezolana, y en concreto con su líder, María Corina Machado. El partido, «desde su nacimiento, ha apoyado al pueblo de Venezuela en su lucha por la libertad», ponen en valor en la sede de la calle Bambú. Santiago Abascal acostumbra a cargar contra el régimen chavista en sus discursos aun cuando este no es un asunto de máxima actualidad, y la formación ha insistido siempre en instar al reconocimiento de Edmundo González como presidente electo.
Por eso en Vox recibieron con «júbilo» la noticia de la detención de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero. «Hoy el mundo es un poco más libre», escribió Abascal en sus redes, y reclamó: «Debemos alegrarnos por ello y apoyar la restauración de la democracia en Venezuela». Y, así, en el partido más a la derecha del abanico político español legitimaron la intervención de Washington: «Para nosotros es una respuesta aceptable que la justicia estadounidense haya capturado a un tipo que ha hecho tanto daño a la causa de la hermandad, [...] de la hispanidad», dijo ese día el portavoz de Vox, José Antonio Fúster.
Aquella mañana, cuando aún no se había confirmado la detención de Maduro -solo el bombardeo estadounidense sobre Venezuela-, Abascal instó al régimen chavista a «rendirse inmediatamente». Por la noche, insistió en pedir que «todos -todos- los cómplices del régimen sean llevados a los tribunales», con una referencia expresa a la vicepresidenta Delcy Rodríguez: «Parece dispuesta a traer todavía más dolor al pueblo venezolano», escribió sobre ella, y al día siguiente pidió «acabar con la resistencia de Delcy». Horas después se confirmaría que Trump había confiado la transición de Venezuela a la que fue número dos de Maduro, y a partir de entonces los pronunciamientos de dirigentes de Vox fueron contados.
Los planes del estadounidense han vuelto a colocar a los de Abascal en una posición incómoda: quien definen como aliado ha puesto en marcha algunas acciones que, a priori, no encajan con las tesis que defiende Vox. O, al menos, no en su totalidad. Y, así, ponen en el foco al partido, que atraviesa hoy uno de sus mejores momentos, según los sondeos. «Delcy Rodríguez tiene que decidir si va a continuar con el sufrimiento del pueblo venezolano o, por el contrario, va a ayudar a esa restauración de la democracia», se limitó a valorar Jorge Buxadé, evitando criticar que Trump le haya confiado la transición. Fuentes de Vox remarcan que la ex dos de Maduro «ha transmitido a Washington mensajes reiterados de disposición a cooperar de manera total con EEUU en ese plan en tres fases que culminará, cuando se den las condiciones, con elecciones libres», y a eso se remiten, señalando que «26 años de narcochavismo no lo desmonta nadie en dos tardes».
Abascal y Buxadé también han insistido en reclamar «elecciones libres» en Venezuela, pero no han pedido expresamente que sean Corina Machado y González quienes asuman ahora el control del país -sí lo hizo Fúster el día de la detención de Maduro-, opción que Trump desechó.
En Vox se emplazan a ver cómo avanzan los acontecimientos -«vamos a estar muy pendientes», dijo Buxadé- y evitan chocar con el estadounidense en público. Tampoco en lo relativo a sus planes para Groenlandia, asunto sobre el que los dirigentes de Abascal no se han pronunciado. «No nos fijamos tanto en lo que dice Trump, sino en lo que hace. Y de momento, no hay nada», argumentan fuentes del partido, que enmarcan estos movimientos del republicano en «su forma de negociar», aplazando fijar su postura hasta ver qué sucede al final.
Pero el futuro inmediato, con Trump protagonizando la actualidad, aventura una posición algo incómoda para Vox, que mañana concederá su primera rueda de prensa. Habiendo arrancado 2026 en uno de sus mejores momentos, según los sondeos, tendrá que hacer equilibrios si quiere esquivar el choque con Trump y, a la vez, defender sus proclamas históricas sobre la soberanía de las naciones y contra el régimen de Maduro. Por ahora, sostiene el respaldo: «Deje de insultar a Trump», dirigió Abascal al PP.
El inicio de este año parece así un déjà vu. En los primeros meses de 2025, la amenaza arancelaria de Trump y sus movimientos respecto a la invasión rusa de Ucrania también cuestionaron a Vox por su alianza con el estadounidense. Y aquello supuso el único bache en la tendencia al alza del partido: en marzo y abril, cuando más polémica hubo por este asunto, su auge se frenó y Vox perdió medio punto en intención de voto. Ahora, la reconfiguración del orden mundial que pretende Trump puede ser también determinante en la política española, en particular por el efecto que tenga sobre los electores la postura que fije Vox, un partido que parece hoy inmune ante las polémicas.
Santiago Abascal y Donald Trump en febrero de 2024 en EEUU.VoxCasi dos años del único encuentro
2024. Abascal se vio con Trump por primera y única vez en febrero de 2024, en Washington (EEUU), en el marco de la conferencia conservadora que allí se celebraba. Mantuvieron una reunión de 15 minutos y se fotografiaron juntos.
2025. En enero del pasado año, Abascal asistió a la toma de posesión de Trump como presidente de EEUU. Y, un mes después, el líder de Vox repitió como ponente en la cumbre conservadora en Washington, aunque en esta ocasión no hubo encuentro con Trump.