- BITA GHAFFA
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Un reportaje desde la capital iraní, donde el estado de ánimo predominante es de miedo y conmoción.
Horas después del rugido de los aviones de combate y las enormes explosiones que sacudieron el domingo a Teherán, ciudad inusualmente silenciosa, aún se notaba en el aire el olor sulfuroso de los explosivos.
Aparte de las columnas de humo gris y negro que se arremolinaban en el cielo, el horizonte de Teherán, normalmente oscurecido por el esmog y la contaminación, estaba inusualmente despejado, y el telón de fondo de las montañas que rodean la ciudad seguía siendo claramente visible.
En las zonas cercanas a la plaza Vanak, en el centro de Teherán, donde se levanta una imponente estatua de bronce que representa al héroe de la mitología persa Arash el Arquero lanzando su flecha, la gente se afanaba en barrer los cristales de las ventanas destrozadas por los ataques y amontonarlos en las aceras.
Pero otros ciudadanos abandonaban la ciudad tras una noche de insomnio. Las principales vías de comunicación de salida hacia las ciudades del norte se convirtieron en carreteras de sentido único, repletas de tráfico de salida, después de que el Gobierno instara a los residentes a evacuar Teherán si era posible. Otras familias optaron por quedarse, la gran mayoría recluidas en sus domicilios.
Maryam, que vive en el barrio de Jordania, en el centro de Teherán, se sentía devastada tras los intensos bombardeos del domingo. Como opositora al régimen, inicialmente había defendido los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, pero ahora decía entre lágrimas: "No puedo soportarlo más. Lo que más temo es por mis hijos... Siento que este régimen nos usa como rehenes".
Los ataques le han traído recuerdos traumáticos de la guerra de 12 días que Israel libró contra Irán el año pasado, a la que Estados Unidos se unió brevemente, mientras los iraníes todavía no han acabado de asimilar las consecuencias de la represión ejercida por las autoridades el pasado mes de enero contra los manifestantes contrarios al régimen, que causó miles de muertos.
En los alrededores de Teherán, agentes vestidos de civil desviaban el tráfico de las zonas bombardeadas. A lo largo de la autopista Niayesh, en el noroeste de Teherán, trabajadores municipales vestidos de naranja limpiaban los escombros de los bombardeos, mientras las fuerzas de seguridad indicaban a los conductores que circularan con precaución.
Las ambulancias y los camiones de bomberos estaban estacionados a lo largo de la autopista. Se observaba una fuerte presencia de seguridad en toda la ciudad. Las fuerzas de seguridad se desplegaron en motocicletas y vehículos blindados por todas las calles principales. En Vanak, un soldado armado estaba en lo alto de una camioneta pick-up vigilando los alrededores. Los controles de seguridad inspeccionaban los vehículos en algunas carreteras.
Apenas un pequeño número de residentes se aventuraron ayer a salir a comprar productos básicos. Todos los lugares públicos estaban cerrados, a excepción de las tiendas de comestibles y los supermercados, ya que las autoridades ahn declarado siete días de luto público para honrar al líder supremo de Irán, cuya muerte han confirmado también varios miembros de la familia del ayatolá, entre ellos su nuera, su yerno y un nieto.
Algunos opositores a Jamenei celebraron la noticia de su muerte con gritos desde sus ventanas y por internet circulaban vídeos en ciudades provinciales iraníes que parecían mostrar a gente bailando en respuesta a la noticia.
Pero también hubo luto entre los partidarios del régimen. En los alrededores de una gran mezquita en la plaza Kaj de Sa'adat Abad, en el oeste de Teherán, que estaba siendo reconstruida tras sufrir daños durante las protestas de enero contra el régimen, se colocaron grandes carteles de Jamenei.
El centro de Teherán ayer tras un bombardeo.ABEDIN TAHERKENAREHEFEEn la plaza, uno de los lugares previstos para el duelo, se instalaron puestos improvisados para distribuir comida y bebida para la comida del iftar del Ramadán. En una ciudad por lo demás tranquila, algunas las escasas actividades que hubo ayer fueron manifestaciones a favor del régimen. Miles de partidarios del régimen se reunieron en la emblemática plaza Enghelab para participar en una procesión fúnebre, ondeando banderas nacionales y sosteniendo imágenes de Jamenei. Para el domingo por la noche se habían programado más ceremonias en varias de las principales plazas de Teherán.
Las autoridades tratan de tranquilizar a la población asegurando que los productos básicos —desde alimentos hasta gasolina, medicamentos e incluso leche maternizada— seguirán estando disponibles. Aseguran que se desplegarán puntos móviles de suministro de combustible a lo largo de las carreteras interurbanas.
Ayer, apenas un puñado de compradores se movía silenciosamente entre los puestos de un mercado municipal de productos frescos del norte de Teherán. Se habían formado largas colasen las gasolineras.
Y las noticias sobre víctimas civiles han hecho aumentar el miedo de los residentes. En la ciudad sureña de Minab, en la provincia de Hormuzgan, más de 150 escolares murieron el sábado en un ataque, según informaron las autoridades. El domingo, la Media Luna Roja iraní dijo que 57 personas habían muerto al mediodía en la provincia de Teherán, sin especificar cuántas de ellas eran civiles.
Había dinero en efectivo disponible en algunos cajeros automáticos, pero muchos otros estaban cerrados. El banco central asegura que seguirá suministrando efectivo a los bancos y añadió que se había duplicado el límite diario para las transferencias bancarias online.
El domingo por la noche se produjeron nuevos ataques en el este, sureste y centro de Teherán, según informó la agencia de noticias IRNA, mientras reinaba una sensación de conmoción en toda la ciudad. Zohreh, residente en la calle Shariati de Teherán, donde se produjo un ataque el domingo, dijo que la explosión fue "enorme". "La onda expansiva de la explosión fue tan fuerte que sentimos como si nos levantaran del suelo y nos lanzaran contra el techo", relató.
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