"Profesionales de altos vuelos", un proyecto de EL ESPAÑOL e
Uno de los mayores placeres que tiene viajar en avión es el de contemplar algunos de los paisajes más espectaculares del planeta desde el aire: montañas, ríos, islas, mares, ciudades o incluso, de manera más recurrente, infinitas praderas de nubes. Son algunas de las estampas que pueblan redes sociales y que, sobre todo, alimentan el recuerdo de viajes a otros países o culturas. Sin embargo, sobrevolar estos escenarios requiere de un trabajo por parte de la aerolínea tan exigente como poco conocido.
Asumimos —de forma acertada— que para ir del punto A al punto B hay que tramitar algún tipo de permiso, atender a las normas y regulaciones locales, etc. Pero lo que seguramente no tengamos tan presente como pasajeros es lo que ocurre durante el propio trayecto al sobrevolar terceros países. Porque incluso a 35.000 pies de altura también es imprescindible solicitar las autorizaciones pertinentes a las autoridades locales.
La idea es sencilla. Sin embargo, la complejidad de esta labor requiere de atención a la actualidad, de previsión y de una buena dosis de paciencia y de tesón. En Iberia, la aerolínea española que llega prácticamente a todos los continentes, la máxima responsable de que todas sus rutas tengan luz verde allá por donde vuelen sus aviones es Alicia Abascal, Mánager de Derechos de Tráfico y Acuerdos Comerciales de la compañía.
Oírla definir su día a día deja claro que hay mucho método en su trabajo. Años de experiencia y de ‘vérselas’ con interlocutores de todo el planeta le confieren a sus explicaciones la mesura de quien confía siempre en hallar una solución a este tipo de negociaciones. Incluso cuando la tarea puede ser de todo menos rutinaria. Y es que basta un vistazo a un periódico para hacerse una idea de la cantidad de factores que pueden afectar a las rutas aéreas.
En un ámbito donde poco o nada se improvisa en aras de maximizar la seguridad, cualquier trayecto está expuesto a los vaivenes de la meteorología, de los conflictos políticos o bélicos, o de cualquier otra causa sobrevenida que pueda imponer restricciones o incluso el cierre del espacio aéreo en zonas o países concretos. Alicia es la persona que ‘traduce’ ese mapa dinámico a la realidad operativa del día a día. Una labor “invisible” pero imprescindible para seguir “conectando personas por el aire”.
Así que empezamos precisamente por lo básico: los derechos de tráfico a los que alude su cargo. ¿Qué son y por qué son tan necesarios? “Lo que te dicen es cómo, a dónde y cuánto puedes volar”, resume Alicia. “No solo son derechos operativos, sino también comerciales: te dicen dónde puedes operar y dónde y cómo puedes vender. Digamos que son acuerdos que se establecen entre aviaciones civiles en los que se define esta operativa”.
Parte de su trabajo consiste, pues, en gestionar y formalizar estos acuerdos. Es la culminación de un proceso que puede durar meses y en el que participan diferentes equipos de Iberia, especialmente si se trata de una ruta nueva: “Al final unas áreas dependemos de otras, es una cadena, y si falla algo se retrasa todo”. Por una parte, está la vertiente que toca con lo comercial: volar a un sitio tiene que ser rentable; pero al mismo tiempo hay aspectos legales que definen completamente la forma en la que se alcanza —o no— un destino.
“En ocasiones la gente se pregunta por qué Iberia no vuela más a un sitio o a otro”, explica Abascal. “A veces hay razones comerciales, pero a veces hay razones regulatorias. A lo mejor el convenio limita la operación a ciertas frecuencias o a ciertos puntos en el país; o incluso el sobrevuelo en ese momento se hace tan complicado que no compensa la ruta. Aunque esos son los menos casos”, aclara, “porque al final siempre encuentras una manera eficiente de llegar”.
En la Unión Europea existe un espacio único donde hay libertad de movimiento, por lo que moverse por cada FIR comunitario —o ‘Flight Information Region’, denominación técnica de las ‘parcelas’ de espacio aéreo que atraviesa un vuelo— resulta más sencillo. Pero, para “todo lo que exceda de la UE, tienes que contactar con la aviación civil de cada país para que lo autorice”. Y ahí es donde comienzan los desafíos.
Sirva como ejemplo el vuelo que conecta Madrid con Tokio, el más largo que hace Iberia “y el más complejo desde este punto de vista”. Un reto mayúsculo para el departamento que dirige Alicia Abascal, que lo califica con humor como un “festival del sobrevuelo” ya que, “con el cierre del espacio aéreo ruso, nos obliga a dar una vuelta muy grande”. En resumen, “entre ruta principal y alternativas, por si sucede algo, son unos 18 países a la ida y otros nueve en el viaje de regreso [entre ambos trayectos se da la vuelta al mundo]. Algunos de ellos regulatoriamente muy exigentes o con limitaciones en los puntos de entrada, como China”.
Coordinar todas estas operaciones y obtener autorización para atravesar todos los FIR del recorrido es el objetivo final, pero la puesta en marcha de una nueva ruta es un proceso que arranca meses antes y casi de forma manual, con un mapa sobre una mesa. “Es un trabajo muy transversal en el que participamos muchas áreas de la compañía”, relata. “Operaciones es quien define la ruta y entonces nosotros pedimos los permisos de los países que atraviesan a las aviaciones civiles de cada Estado, con lo que la metodología varía según cada uno, puede ser muy diferente”.
Además, este diseño implica la planificación de la ruta principal, pero también la de un plan B para responder en tiempo real ante cualquier circunstancia, como los “NOTAM, avisos que se emiten en tiempo real o restricciones de todo tipo para no sobrevolar un espacio aéreo determinado”. Hay muchos motivos y “no tiene por qué ser por un conflicto armado, sino que pueden ser tranquilamente limitaciones de altitud operativa, o por condiciones meteorológicas”, por ejemplo.
Cuando Iberia recibe este tipo de alertas que obligan a modificar la ruta, “nosotros tenemos contemplada al menos una alternativa y, en el caso concreto de la de Japón, tenemos hasta tres. Es algo que se hace en tiempo real: se pasa un rato complicado, pero normalmente conseguimos encontrar una vía que nos autoricen de forma segura”.
Atendiendo a sus palabras, queda claro que la gestión de la incertidumbre es una de las capacidades que Alicia ha tenido que desarrollar durante sus años en el cargo. Porque sí, parte de su día a día comienza en la portada de un periódico: saber lo que sucede es básico para anticipar y reaccionar a circunstancias como la de Rusia, Ucrania o, más recientemente, Irán, episodios que forman parte de ese día a día en el que todo puede pasar.
Y evidentemente, ¿qué puede resultar más disruptivo para el tráfico aéreo que una pandemia? ¿Qué hacer cuando cambian de golpe las reglas del juego? “Fue un momento de intensidad sin precedentes en el área en el que trabajo”, recuerda. Además, “cuando estábamos saliendo de la pandemia y empezando a crecer en vuelos y volviendo a retomar las operaciones, justo sucedió la invasión de Ucrania y cerraron el espacio aéreo ruso. Fue un momento realmente muy estresante porque entonces teníamos bastantes vuelos chárter a China y tuvimos que revisar todo ese entramado de rutas en tiempo real”.
Lo que queda de aquello, al menos, es la mayor flexibilidad en la concesión de permisos, la resiliencia… en definitiva, “una mayor capacidad de gestión de la incertidumbre que ha llegado para quedarse”.
Prueba de ello es algo que, sin duda, favoreció otro de los episodios más tensos en su despacho… aunque esta vez por motivos más alegres: el éxito de la selección femenina de fútbol en el Mundial de Australia, en 2023. “Aparte de los vuelos regulares, también tenemos una serie de chárter y ahí tienes que estar un poco al día de la agenda deportiva. Y claro, el problema de estos vuelos es que a veces no sabes cuándo van a ganar y la aviación civil tampoco te deja gestionar un permiso previo porque, si no hay una operación real, tampoco se pueden suministrar los datos que se necesitan”.
“Bueno, pues gloriosa y maravillosamente, España ganó y todos nos alegramos mucho, pero a mí me pilló además fuera de Madrid y rápidamente cogí el ordenador y me puse a ello para gestionarlo”, recuerda. “Aparte del permiso de vuelo en Sídney en sí, también los visados de la tripulación, porque en Australia se necesita un visado aunque sea un vuelo puntual. Aparte de eso, tuvimos que gestionar los permisos de sobrevuelo en 15 países en 48 horas, cada uno con su propia idiosincrasia. Y al final todo salió muy bien, pudimos recibir al equipo en Madrid y festejarlo, pero fueron 48 horas intensas en que además, con la diferencia horaria de Australia, era complicado de manejar”.
¿Podría imaginarse Alicia Abascal que un gol incidiera en su rutina? Difícil, dado que, por su formación más ligada a lo financiero, sus primeros pasos en Iberia tuvieron más que ver con los números. Pero la vocación de desenvolverse “en el área internacional, de moverme en entornos multiculturales y de afrontar el reto de poder entender cómo hacen otras culturas las cosas” hace que, pese a esas tensiones del día a día, “esté en el trabajo ideal para mí”.
Hasta tal punto que, cuando es una pasajera más de los vuelos de Iberia en cuya puesta en marcha seguramente haya participado, le resulta inevitable “llevar el routing en la cabeza o ver en el mapa que pasamos por una zona en la que nos costó un poco más el permiso… lo pienso siempre”.
Coordinación y edición Julián Povedano