Sábado, 21 de febrero 2026, 01:00
... escándalo vinculado, directa o indirectamente, a áreas dependientes del Gobierno central, la respuesta parece calcada: «No teníamos constancia», «lo hemos sabido por la prensa», «se actuará si se confirma». El desconocimiento como escudo. El desconocimiento como estrategia. Resulta llamativo que, en estructuras administrativas complejas, jerarquizadas y dotadas de gabinetes, asesores y canales de información permanentes, los máximos responsables aleguen ignorancia con tanta frecuencia. Porque si algo define a un ministro es precisamente la responsabilidad política, que no siempre coincide con la responsabilidad penal, pero que exige asumir el control -y también las consecuencias- de lo que sucede bajo su competencia.Gobernar no es únicamente inaugurar infraestructuras o comparecer en actos oficiales. Gobernar es anticipar riesgos, supervisar equipos, reaccionar con firmeza y transparencia. Y, sobre todo, asumir que la responsabilidad política implica algo más que lamentar lo sucedido. El abuso del «no lo sabía» termina por vaciar de contenido la propia función pública. Porque si quienes deben saber no saben, ¿quién sabe? Y si nadie sabía, ¿quién responde?
El desconocimiento puede explicar un error puntual. Pero cuando se convierte en patrón, deja de ser excusa para transformarse en problema estructural. Y ese, ya no puede alegarse que se desconoce.
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