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Después de más de 2.000 km con esta berlina híbrida enchufable lo tengo claro: la practicidad no siempre va ligada a los SUV

Después de más de 2.000 km con esta berlina híbrida enchufable lo tengo claro: la practicidad no siempre va ligada a los SUV
Artículo Completo 2,692 palabras
Me pongo tras los mandos del Škoda Superb PHEV de 272 CV para contarte cuánto mola este coche. El Škoda Superb estrena un sistema híbrido enchufable completamente renovado, con más de 130 km de autonomía eléctrica. Lo he podido poner a prueba con el acabado Sportline para comprobar si sigue siendo una de las grandes referencias para viajar. Las cosas como son, no corren los mejores tiempos para las berlinas. Los SUV continúan acaparando el mercado y son muchos los fabricantes que han reducido su oferta hasta el punto de hacer desaparecer este tipo de carrocerías. Škoda, sin embargo, sigue convencida de que todavía existen clientes dispuestos a priorizar el confort, el espacio y la eficiencia por encima de una posición de conducción elevada. Y, después de convivir durante varios días con el nuevo Superb híbrido enchufable, lo cierto es que razones no le faltan. Esta cuarta generación no supone un cambio radical respecto a la anterior, cosa que tampoco era necesaria. La receta ya funcionaba realmente bien. En esta ocasión, los ingenieros y diseñadores se han centrado en pulir aquellos aspectos donde todavía existía margen de mejora. De hecho, aquí estrena una batería de mayor capacidad, una autonomía eléctrica que supera ampliamente la barrera de los 130 kilómetros y un funcionamiento mucho más refinado. Todo ello sin renunciar a esa filosofía de «gran rutero» que siempre ha acompañado al buque insignia de la firma checa. Cargando contenidos desde Instagram... Un diseño digno de un coche con mucha clase Con respecto al Superb saliente, las proporciones apenas cambian y sigue siendo una berlina elegante y sobria. Sin embargo, basta detenerse unos minutos para apreciar que prácticamente todos los paneles de la carrocería son nuevos y que el conjunto transmite una imagen bastante más moderna. No obstante, no estamos ante un coche pequeño, ya que sus medidas son: 4.912 mm de longitud, 1.849 mm de anchura y 1.481 mm de altura. En el caso de nuestra unidad de pruebas, además, con el acabado «Sportline», cambia por completo la percepción del coche. Los detalles acabados en negro brillante sustituyen a los cromados habituales, el discreto spoiler integrado sobre la tapa del maletero aporta un toque más deportivo y las molduras específicas consiguen rebajar visualmente una carrocería que roza los cinco metros de longitud. El color «Ice Tea Amarillo Metalizado» de nuestra unidad no pasa precisamente desapercibido y cambia por completo la personalidad del coche. Es un tono poco habitual dentro del segmento y, aunque probablemente no sea la elección más conservadora, consigue resaltar mucho mejor las líneas de la carrocería que colores más tradicionales como el gris o el negro. Os confirmo que durante las dos semanas que lo he tenido fueron varias las personas que se acercaron a preguntar por él, algo poco habitual en una berlina de este tipo. Estéticamente es un coche que se ve realmente elegante.Las llantas que montaba era unas «Torcular» de 19 pulgadas terminadas en negro brillante, las cuales también juegan un papel importante. Llenan perfectamente los pasos de rueda sin romper el equilibrio del conjunto y terminan de reforzar esa imagen deportiva que busca el acabado «Sportline». Aun así, Škoda ha sabido encontrar un buen equilibrio y el coche nunca transmite esa sensación de querer aparentar más de lo que realmente es. Si hay un detalle que especialmente me gusta del nuevo Superb es que sigue sin caer en algunos excesos de diseño que vemos cada vez con más frecuencia. No hay falsas salidas de escape, superficies innecesariamente recargadas ni elementos puramente decorativos. Todo parece responder a una lógica y eso hace que probablemente siga envejeciendo igual de bien dentro de unos años. Un interior diseñado por y para la lógica Si el exterior apenas cambia la filosofía del nuevo Superb, basta abrir la puerta para comprobar que Škoda tampoco ha querido reinventar el habitáculo. Sinceramente, tampoco hacía falta. Después de unos pocos minutos sentado aquí, todo transmite una agradable sensación de familiaridad. No porque el diseño sea continuista, sino porque resulta muy fácil acostumbrarse a él. El interior está bien rematado y cuenta con elementos tecnológicos a la altura.El acabado «Sportline» cambia ligeramente el ambiente respecto a otras versiones de la gama. Los asientos deportivos sujetan mejor el cuerpo sin llegar a resultar incómodos, mientras que las molduras específicas, el volante de diseño deportivo y los detalles acabados en negro crean un entorno más dinámico sin perder la elegancia que siempre ha caracterizado al Superb. Es un interior que transmite calidad, pero sin caer en excesos. Škoda también ha sabido mantener el equilibrio entre digitalización y facilidad de uso. La pantalla central de 13 pulgadas concentra la mayoría de funciones del vehículo, aunque los llamados «Smart Dials» terminan siendo mucho más útiles de lo que parecen en un primer momento. Después de unos días utilizándolos, regular la climatización o acceder a determinadas funciones resulta mucho más rápido que hacerlo exclusivamente desde la pantalla táctil. La calidad percibida vuelve a situarse entre las referencias del segmento. Los materiales acolchados predominan en las zonas superiores del salpicadero y de las puertas, los ajustes transmiten una gran sensación de solidez y durante toda la prueba no apareció el más mínimo ruido parásito. Son detalles que quizá pasen desapercibidos durante una toma de contacto, pero que terminan marcando diferencias cuando convives varios días con el coche. Su maletero no sólo es grande, sino también es realmente aprovechable.Las plazas traseras siguen siendo uno de los argumentos más sólidos del Superb. El espacio para las piernas es enorme, incluso con los asientos delanteros retrasados, mientras que la altura disponible permite viajar con total comodidad a pasajeros de elevada estatura. Es uno de esos coches donde los ocupantes de la segunda fila nunca tienen la sensación de ir «en el sitio menos bueno». Mirando el maletero, más allá de la cifra oficial de 486 litros (en esta versión híbrida enchufable), lo realmente interesante es lo fácil que resulta aprovecharlo. Durante la prueba no hubo que hacer ningún tipo de encaje para transportar el suficiente equipaje de viaje para dos personas, así como elementos extras. El enorme portón, la boca de carga baja y las formas completamente regulares hacen que utilizarlo resulte tan sencillo como cabría esperar en una berlina de este tamaño. Una mecánica híbrida enchufable, y alguna que otra más Bajo el capó, Škoda mantiene la fórmula híbrida enchufable, pero prácticamente todo el sistema ha evolucionado. El protagonista sigue siendo el conocido motor 1.5 TSI asociado a un propulsor eléctrico y a la caja de cambios DSG de seis velocidades, aunque el conjunto desarrolla ahora 272 CV y, sobre todo, incorpora una batería de mucha mayor capacidad. La unidad que tenemos para nuestra prueba es la versión híbrida enchufable de 272 CV.Este importante salto le permite homologar una autonomía eléctrica de 130 kilómetros, una cifra que cambia por completo la forma de utilizar el coche. Si se dispone de un punto de carga en casa o en el trabajo, resulta perfectamente posible afrontar buena parte de los desplazamientos diarios sin arrancar el motor de gasolina. Más que un híbrido enchufable, en muchas situaciones da la sensación de estar conduciendo un coche eléctrico. A la hora de recargarlo, el Škoda Superb admite una potencia en corriente continua de hasta 40 kW, lo que hará posible pasar del 10 al 80% en sólo 26 minutos. A corriente alterna, la potencia será de hasta 11 kW. Con ello, su consumo homologado será de apenas 1,4 litros a los 100 km y será capaz de ejecutar el 0 a 100 km/h en 7,1 segundos o firmar una velocidad punta de 225 km/h. Alternativamente, el catálogo del Škoda Superb ofrece también una versión híbrida enchufable de 204 CV y 133 km de autonomía eléctrica. Saliendo de las opciones enchufables encontramos un 1.5 TSI mild-hybrid de 150 CV, un 2.0 TSI de 204 CV o un 2.0 TDI de 193 CV. Como ya hemos mencionado anteriormente, un repertorio mecánico de lo más completo. El cuadro de instrumentos tiene información personalizable. De los mejores compañeros para devorar kilómetros Reconozco que tenía bastantes ganas de comprobar hasta qué punto había cambiado el Superb híbrido enchufable. Sobre el papel, el aumento de la capacidad de la batería promete transformar la experiencia de uso, pero una cosa son los datos homologados y otra muy distinta lo que ocurre cuando empiezas a utilizar el coche con total normalidad. La postura de conducción se encuentra prácticamente al instante. El asiento ofrece un amplio margen de regulación, el volante cae de forma natural entre las manos y todos los mandos quedan donde esperas encontrarlos. Puede parecer una obviedad, pero no todos los coches actuales consiguen esa sensación de control desde el primer minuto. Aquí apenas hace falta pensar dónde está cada función. Los primeros kilómetros transcurren siempre en completo silencio. Si la batería está cargada, el Superb arranca en modo eléctrico y transmite una sensación muy parecida a la de un coche plenamente eléctrico. La respuesta al acelerador es inmediata, no hay vibraciones y el aislamiento del habitáculo hace que apenas llegue ruido del exterior. Moviéndose entre el tráfico urbano resulta sorprendentemente agradable. Sus casi 5 metros sí se dejan notar en entornos reducidos, como en calles o garajes estrechos.Esa primera impresión se mantiene durante buena parte del recorrido diario. En ciudad cuesta muy poco completar los desplazamientos habituales utilizando únicamente energía eléctrica y, precisamente ahí, es donde este sistema híbrido enchufable empieza a tener todo el sentido. No obliga a modificar la forma de conducir ni a estar pendiente constantemente de la gestión de la batería. Simplemente, funciona tal y como esperas que funcione. Cuando el motor de gasolina lo hace sin apenas dejarse notar. En la mayoría de ocasiones sólo el cuadro de instrumentos delata que ambos motores están trabajando conjuntamente. Es un funcionamiento mucho más refinado que el de la generación anterior y transmite esa sensación de producto muy bien desarrollado que termina apreciándose con el paso de los kilómetros. La dirección tiene el peso justo, resulta precisa y mueve con bastante naturalidad una berlina que, por dimensiones, podría parecer más aparatosa de lo que realmente es. De hecho, uno de los aspectos que más me ha sorprendido durante la prueba ha sido lo fácil que resulta conducir el Superb en ciudad. Evidentemente hay que tener presentes sus casi cinco metros de longitud, pero la buena visibilidad y las cámaras facilitan mucho las maniobras. No obstante, debo decir que me esperaba un radio de giro más atractivo para estos supuestos. Sus asientos, pese a ser los deportivos, cuentan con una comodidad excelente.Pero donde realmente sigue sintiéndose como en casa es en autopista. Basta incorporarse a una vía rápida para recordar por qué el Superb lleva tantos años siendo una referencia entre quienes recorren muchos kilómetros al año. La suspensión filtra con enorme eficacia las irregularidades del asfalto, el aislamiento acústico está a un gran nivel y el coche transmite una sensación de aplomo que invita a viajar sin prisa. Después de varias horas seguidas al volante uno se baja prácticamente igual de descansado que al empezar el viaje. Y eso no siempre es fácil de conseguir. El confort de los asientos, la insonorización del habitáculo y una postura de conducción muy natural hacen que los kilómetros pasen casi sin darte cuenta. Es uno de esos coches que parece pedirte que el destino esté un poco más lejos. Los 272 CV permiten adelantar con una enorme facilidad. Basta pisar con decisión el acelerador para que ambos motores trabajen conjuntamente y lancen el coche con bastante contundencia. Las recuperaciones son rápidas y siempre queda la sensación de disponer de potencia de sobra, incluso viajando con el coche cargado y varios ocupantes a bordo. Aunque conserva algunos botones, casi todas las acciones se hacen a través de la pantalla táctil.Quizá el aspecto menos convincente llegue al afrontar una conducción especialmente dinámica. El peso del conjunto termina haciéndose notar cuando aparecen curvas muy enlazadas y cambios rápidos de apoyo. No llega a resultar torpe, ni mucho menos, pero tampoco transmite la agilidad de otras berlinas con un planteamiento más deportivo. Sinceramente, tampoco creo que sea un problema. Quien compra un Superb difícilmente buscará ese tipo de sensaciones. Durante la semana de pruebas también pude comprobar cómo cambia el coche cuando la batería se agota. Y esa era una de las dudas que más tenía antes de recogerlo. La buena noticia es que el sistema híbrido sigue trabajando con bastante inteligencia, recuperando energía constantemente y manteniendo consumos contenidos sin que el conductor tenga que intervenir. Evidentemente ya no se disfruta del silencio de funcionamiento propio del modo eléctrico, pero el coche continúa siendo eficiente y muy agradable de conducir. El Škoda Superb PHEV me ha demostrado ser uno de los mejores coches de su categoría.En mi recorrido con él, tras más de 2.000 kilómetros a bordo haciendo rutas por todo tipo de carreteras, el consumo final quedó ubicado en apenas 4,6 litros a los 100 km. Teniendo en cuenta que sólo he cargado la batería un par de veces, es una cifra significativamente buena. Teniendo un cargador en casa, el consumo cotidiano se irá fácilmente a cero.
Después de más de 2.000 km con esta berlina híbrida enchufable lo tengo claro: la practicidad no siempre va ligada a los SUV

El Škoda Superb estrena un sistema híbrido enchufable completamente renovado, con más de 130 km de autonomía eléctrica. Lo he podido poner a prueba con el acabado Sportline para comprobar si sigue siendo una de las grandes referencias para viajar.

Ver todas las fotos (26)Me pongo tras los mandos del Škoda Superb PHEV de 272 CV para contarte cuánto mola este coche.Alberto Pérez[email protected]

Publicado: 06/09/2026 12:00

18 min. lectura

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Las cosas como son, no corren los mejores tiempos para las berlinas. Los SUV continúan acaparando el mercado y son muchos los fabricantes que han reducido su oferta hasta el punto de hacer desaparecer este tipo de carrocerías. Škoda, sin embargo, sigue convencida de que todavía existen clientes dispuestos a priorizar el confort, el espacio y la eficiencia por encima de una posición de conducción elevada. Y, después de convivir durante varios días con el nuevo Superb híbrido enchufable, lo cierto es que razones no le faltan.

Esta cuarta generación no supone un cambio radical respecto a la anterior, cosa que tampoco era necesaria. La receta ya funcionaba realmente bien. En esta ocasión, los ingenieros y diseñadores se han centrado en pulir aquellos aspectos donde todavía existía margen de mejora. De hecho, aquí estrena una batería de mayor capacidad, una autonomía eléctrica que supera ampliamente la barrera de los 130 kilómetros y un funcionamiento mucho más refinado. Todo ello sin renunciar a esa filosofía de «gran rutero» que siempre ha acompañado al buque insignia de la firma checa.

Un diseño digno de un coche con mucha clase

Con respecto al Superb saliente, las proporciones apenas cambian y sigue siendo una berlina elegante y sobria. Sin embargo, basta detenerse unos minutos para apreciar que prácticamente todos los paneles de la carrocería son nuevos y que el conjunto transmite una imagen bastante más moderna. No obstante, no estamos ante un coche pequeño, ya que sus medidas son: 4.912 mm de longitud, 1.849 mm de anchura y 1.481 mm de altura.

En el caso de nuestra unidad de pruebas, además, con el acabado «Sportline», cambia por completo la percepción del coche. Los detalles acabados en negro brillante sustituyen a los cromados habituales, el discreto spoiler integrado sobre la tapa del maletero aporta un toque más deportivo y las molduras específicas consiguen rebajar visualmente una carrocería que roza los cinco metros de longitud.

El color «Ice Tea Amarillo Metalizado» de nuestra unidad no pasa precisamente desapercibido y cambia por completo la personalidad del coche. Es un tono poco habitual dentro del segmento y, aunque probablemente no sea la elección más conservadora, consigue resaltar mucho mejor las líneas de la carrocería que colores más tradicionales como el gris o el negro. Os confirmo que durante las dos semanas que lo he tenido fueron varias las personas que se acercaron a preguntar por él, algo poco habitual en una berlina de este tipo.

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Calcula tu precio onlineEstéticamente es un coche que se ve realmente elegante.

Las llantas que montaba era unas «Torcular» de 19 pulgadas terminadas en negro brillante, las cuales también juegan un papel importante. Llenan perfectamente los pasos de rueda sin romper el equilibrio del conjunto y terminan de reforzar esa imagen deportiva que busca el acabado «Sportline». Aun así, Škoda ha sabido encontrar un buen equilibrio y el coche nunca transmite esa sensación de querer aparentar más de lo que realmente es.

Si hay un detalle que especialmente me gusta del nuevo Superb es que sigue sin caer en algunos excesos de diseño que vemos cada vez con más frecuencia. No hay falsas salidas de escape, superficies innecesariamente recargadas ni elementos puramente decorativos. Todo parece responder a una lógica y eso hace que probablemente siga envejeciendo igual de bien dentro de unos años.

Un interior diseñado por y para la lógica

Si el exterior apenas cambia la filosofía del nuevo Superb, basta abrir la puerta para comprobar que Škoda tampoco ha querido reinventar el habitáculo. Sinceramente, tampoco hacía falta. Después de unos pocos minutos sentado aquí, todo transmite una agradable sensación de familiaridad. No porque el diseño sea continuista, sino porque resulta muy fácil acostumbrarse a él.

El interior está bien rematado y cuenta con elementos tecnológicos a la altura.

El acabado «Sportline» cambia ligeramente el ambiente respecto a otras versiones de la gama. Los asientos deportivos sujetan mejor el cuerpo sin llegar a resultar incómodos, mientras que las molduras específicas, el volante de diseño deportivo y los detalles acabados en negro crean un entorno más dinámico sin perder la elegancia que siempre ha caracterizado al Superb. Es un interior que transmite calidad, pero sin caer en excesos.

Škoda también ha sabido mantener el equilibrio entre digitalización y facilidad de uso. La pantalla central de 13 pulgadas concentra la mayoría de funciones del vehículo, aunque los llamados «Smart Dials» terminan siendo mucho más útiles de lo que parecen en un primer momento. Después de unos días utilizándolos, regular la climatización o acceder a determinadas funciones resulta mucho más rápido que hacerlo exclusivamente desde la pantalla táctil.

La calidad percibida vuelve a situarse entre las referencias del segmento. Los materiales acolchados predominan en las zonas superiores del salpicadero y de las puertas, los ajustes transmiten una gran sensación de solidez y durante toda la prueba no apareció el más mínimo ruido parásito. Son detalles que quizá pasen desapercibidos durante una toma de contacto, pero que terminan marcando diferencias cuando convives varios días con el coche.

Su maletero no sólo es grande, sino también es realmente aprovechable.

Las plazas traseras siguen siendo uno de los argumentos más sólidos del Superb. El espacio para las piernas es enorme, incluso con los asientos delanteros retrasados, mientras que la altura disponible permite viajar con total comodidad a pasajeros de elevada estatura. Es uno de esos coches donde los ocupantes de la segunda fila nunca tienen la sensación de ir «en el sitio menos bueno».

Mirando el maletero, más allá de la cifra oficial de 486 litros (en esta versión híbrida enchufable), lo realmente interesante es lo fácil que resulta aprovecharlo. Durante la prueba no hubo que hacer ningún tipo de encaje para transportar el suficiente equipaje de viaje para dos personas, así como elementos extras. El enorme portón, la boca de carga baja y las formas completamente regulares hacen que utilizarlo resulte tan sencillo como cabría esperar en una berlina de este tamaño.

Una mecánica híbrida enchufable, y alguna que otra más

Bajo el capó, Škoda mantiene la fórmula híbrida enchufable, pero prácticamente todo el sistema ha evolucionado. El protagonista sigue siendo el conocido motor 1.5 TSI asociado a un propulsor eléctrico y a la caja de cambios DSG de seis velocidades, aunque el conjunto desarrolla ahora 272 CV y, sobre todo, incorpora una batería de mucha mayor capacidad.

La unidad que tenemos para nuestra prueba es la versión híbrida enchufable de 272 CV.

Este importante salto le permite homologar una autonomía eléctrica de 130 kilómetros, una cifra que cambia por completo la forma de utilizar el coche. Si se dispone de un punto de carga en casa o en el trabajo, resulta perfectamente posible afrontar buena parte de los desplazamientos diarios sin arrancar el motor de gasolina. Más que un híbrido enchufable, en muchas situaciones da la sensación de estar conduciendo un coche eléctrico.

A la hora de recargarlo, el Škoda Superb admite una potencia en corriente continua de hasta 40 kW, lo que hará posible pasar del 10 al 80% en sólo 26 minutos. A corriente alterna, la potencia será de hasta 11 kW. Con ello, su consumo homologado será de apenas 1,4 litros a los 100 km y será capaz de ejecutar el 0 a 100 km/h en 7,1 segundos o firmar una velocidad punta de 225 km/h.

Alternativamente, el catálogo del Škoda Superb ofrece también una versión híbrida enchufable de 204 CV y 133 km de autonomía eléctrica. Saliendo de las opciones enchufables encontramos un 1.5 TSI mild-hybrid de 150 CV, un 2.0 TSI de 204 CV o un 2.0 TDI de 193 CV. Como ya hemos mencionado anteriormente, un repertorio mecánico de lo más completo.

El cuadro de instrumentos tiene información personalizable.

De los mejores compañeros para devorar kilómetros

Reconozco que tenía bastantes ganas de comprobar hasta qué punto había cambiado el Superb híbrido enchufable. Sobre el papel, el aumento de la capacidad de la batería promete transformar la experiencia de uso, pero una cosa son los datos homologados y otra muy distinta lo que ocurre cuando empiezas a utilizar el coche con total normalidad.

La postura de conducción se encuentra prácticamente al instante. El asiento ofrece un amplio margen de regulación, el volante cae de forma natural entre las manos y todos los mandos quedan donde esperas encontrarlos. Puede parecer una obviedad, pero no todos los coches actuales consiguen esa sensación de control desde el primer minuto. Aquí apenas hace falta pensar dónde está cada función.

Los primeros kilómetros transcurren siempre en completo silencio. Si la batería está cargada, el Superb arranca en modo eléctrico y transmite una sensación muy parecida a la de un coche plenamente eléctrico. La respuesta al acelerador es inmediata, no hay vibraciones y el aislamiento del habitáculo hace que apenas llegue ruido del exterior. Moviéndose entre el tráfico urbano resulta sorprendentemente agradable.

Sus casi 5 metros sí se dejan notar en entornos reducidos, como en calles o garajes estrechos.

Esa primera impresión se mantiene durante buena parte del recorrido diario. En ciudad cuesta muy poco completar los desplazamientos habituales utilizando únicamente energía eléctrica y, precisamente ahí, es donde este sistema híbrido enchufable empieza a tener todo el sentido. No obliga a modificar la forma de conducir ni a estar pendiente constantemente de la gestión de la batería. Simplemente, funciona tal y como esperas que funcione.

Cuando el motor de gasolina lo hace sin apenas dejarse notar. En la mayoría de ocasiones sólo el cuadro de instrumentos delata que ambos motores están trabajando conjuntamente. Es un funcionamiento mucho más refinado que el de la generación anterior y transmite esa sensación de producto muy bien desarrollado que termina apreciándose con el paso de los kilómetros.

La dirección tiene el peso justo, resulta precisa y mueve con bastante naturalidad una berlina que, por dimensiones, podría parecer más aparatosa de lo que realmente es. De hecho, uno de los aspectos que más me ha sorprendido durante la prueba ha sido lo fácil que resulta conducir el Superb en ciudad. Evidentemente hay que tener presentes sus casi cinco metros de longitud, pero la buena visibilidad y las cámaras facilitan mucho las maniobras. No obstante, debo decir que me esperaba un radio de giro más atractivo para estos supuestos.

Sus asientos, pese a ser los deportivos, cuentan con una comodidad excelente.

Pero donde realmente sigue sintiéndose como en casa es en autopista. Basta incorporarse a una vía rápida para recordar por qué el Superb lleva tantos años siendo una referencia entre quienes recorren muchos kilómetros al año. La suspensión filtra con enorme eficacia las irregularidades del asfalto, el aislamiento acústico está a un gran nivel y el coche transmite una sensación de aplomo que invita a viajar sin prisa.

Después de varias horas seguidas al volante uno se baja prácticamente igual de descansado que al empezar el viaje. Y eso no siempre es fácil de conseguir. El confort de los asientos, la insonorización del habitáculo y una postura de conducción muy natural hacen que los kilómetros pasen casi sin darte cuenta. Es uno de esos coches que parece pedirte que el destino esté un poco más lejos.

Los 272 CV permiten adelantar con una enorme facilidad. Basta pisar con decisión el acelerador para que ambos motores trabajen conjuntamente y lancen el coche con bastante contundencia. Las recuperaciones son rápidas y siempre queda la sensación de disponer de potencia de sobra, incluso viajando con el coche cargado y varios ocupantes a bordo.

Aunque conserva algunos botones, casi todas las acciones se hacen a través de la pantalla táctil.

Quizá el aspecto menos convincente llegue al afrontar una conducción especialmente dinámica. El peso del conjunto termina haciéndose notar cuando aparecen curvas muy enlazadas y cambios rápidos de apoyo. No llega a resultar torpe, ni mucho menos, pero tampoco transmite la agilidad de otras berlinas con un planteamiento más deportivo. Sinceramente, tampoco creo que sea un problema. Quien compra un Superb difícilmente buscará ese tipo de sensaciones.

Durante la semana de pruebas también pude comprobar cómo cambia el coche cuando la batería se agota. Y esa era una de las dudas que más tenía antes de recogerlo. La buena noticia es que el sistema híbrido sigue trabajando con bastante inteligencia, recuperando energía constantemente y manteniendo consumos contenidos sin que el conductor tenga que intervenir. Evidentemente ya no se disfruta del silencio de funcionamiento propio del modo eléctrico, pero el coche continúa siendo eficiente y muy agradable de conducir.

El Škoda Superb PHEV me ha demostrado ser uno de los mejores coches de su categoría.

En mi recorrido con él, tras más de 2.000 kilómetros a bordo haciendo rutas por todo tipo de carreteras, el consumo final quedó ubicado en apenas 4,6 litros a los 100 km. Teniendo en cuenta que sólo he cargado la batería un par de veces, es una cifra significativamente buena. Teniendo un cargador en casa, el consumo cotidiano se irá fácilmente a cero.

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Skoda Superb y sus rivales

Skoda Superb

P.V.P 45.641 €42.011 €

Consumo desde 4.9 l/100 kmCitroën C5 X

P.V.P 40.648 €32.187 €

Consumo desde 5.1 l/100 kmVolkswagen Passat

P.V.P 45.425 €40.169 €

Autonomía hasta 133 kmsPeugeot 508 Hybrid

50.411 €

Autonomía hasta 62 kms

La opinión de Alberto Pérez

Después de pasar varios días al volante del nuevo Škoda Superb Sportline iV, la sensación que deja es la de estar ante una de las berlinas más completas que pueden comprarse actualmente. No es el coche más emocionante de conducir, tampoco pretende serlo, pero hace prácticamente todo bien. Es cómodo, está muy bien construido, ofrece un espacio interior sobresaliente y ahora añade un sistema híbrido enchufable que, gracias a su gran autonomía eléctrica, permite afrontar buena parte de los desplazamientos diarios sin consumir combustible.

Quizá el auge de los SUV haya relegado a las berlinas a un segundo plano, pero modelos como éste demuestran que todavía tienen mucho sentido. Especialmente para quienes pasan muchas horas al volante, valoran el confort por encima de todo y buscan un coche capaz de adaptarse a cualquier situación. Si además puedes recargar la batería con frecuencia, el Superb iV se convierte en una de las propuestas más interesantes de su categoría. Puede que no sea el coche que más llame la atención cuando lo ves aparcado, pero sí uno de esos que terminas apreciando más cuanto más tiempo convives con él.

@albertoperez__

Fotografía

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Fuente original: Leer en Motor - Noticias
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