Después de medio siglo, Madrid está desmontando uno de sus iconos: la nueva vida de su Teleférico
Xataka
Alberto de la Torre
25/01/2026 11:31
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Esta semana, el 20 de enero de 2026, se iniciaron las obras para desarmar uno de los símbolos de Madrid. Son, eso sí, el primer paso para modernizarlo y adecuarlo a los estándares de seguridad actuales. Con más de 50 años a sus espaldas, el Teleférico de Madrid está siendo descolgado.
El motivo es una renovación integral de la infraestructura. De hecho, el teleférico se mantendrá vivo pero ya no volverá la icónica imagen de las cabinas azules sostenidas por unos cables que parecían flexarse en demasía. Porque esos cables con más de medio siglo a sus espaldas están siendo desmontados.
El proyecto contempla un teleférico completamente renovado. Menos cabinas, trayectos más rápidos y, cómo no, el obligatorio anuncio de que tendremos a la IA vigilando las posibles incidencias. Es un punto y seguido en una historia que nació a finales de los años 60.
Un teleférico a ninguna parte
Año 1969.
Por la banda del Real Madrid seguía corriendo Gento y Gregorio "Hacha braba" Benito ponía orden en el centro de la defensa. Pero los mejores años del equipo en Europa habían pasado. Gárate, Ufarte, Adelardo y Luis Aragonés llevarían al año siguiente al Atlético de Madrid a ser campeón de Liga y pocos años más tarde a rozar la gloria en Heysel antes de aquel zapatazo estampado en la red por uno de esos alemanes de nombre impronunciables.
Los 60 daban paso a una nueva década y Madrid empezaba a respirar cierto aire de cambio sin desprenderse todavía de sus señas de identidad más castizas. Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de la ciudad, ponía la ciudad patas arriba para llegar en coche a cualquier lado. Autopistas urbanas como el scalextric de Atocha y la proliferación de los aparcamientos honraban la rica tradición madrileña de agujerear el suelo y mantener activa siempre alguna que otra obra.
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Pero, al contrario que con los vehículos motorizados, en 1969 Madrid inauguraba un amasijo de hierros que permitían volar por encima de lo que luego sería la M-30 y unir el barrio de Argüelles con la Casa de Campo, entonces abierta al tráfico y clásico escenario de picnics domingueros. El plan parecía perfecto para pasar un día en familia comiendo tortilla alejado del mundanal ruido. Una colina completamente aislada que, realmente, no tiene ningún servicio a mano.
¿Qué llevó entonces a construir un teleférico a ninguna parte en una ciudad que estaba en plena efervescencia y cuyos vecinos parecían estar ansiosos de nuevos planes?
Cuentan en elDiario.es que, realmente, la estación actual de Casa de Campo no era más que una parada intermedia para llegar hasta el Parque de Atracciones y el Zoo. Aquel 1969, de hecho, se intentó inaugurar la primera de estas atracciones de manera conjunta con el Teleférico aprovechando la festividad de San Isidro, patrón de la ciudad, pero las cabinas voladoras tuvieron que esperar porque algunos vecinos intentaron parar el proyecto alegando que el paso de estos vehículos no respetaba su intimidad ya que desde los mismos se veía el interior de sus casas.
La estación del Teleférico de Casa de Campo está unida con el Lago, el Parque de Atracciones y el Zoo por carreteras que discurren por el interior del parque urbano. Pero entonces había que caminar entre pinos para llegar hasta el reciente Parque de Atracciones que se encuentra algo más de un kilómetro del final del teleférico. Para llegar hasta el Zoo es necesario doblar la distancia.
Y es que el proyecto contemplaba unir ambos espacios con el teleférico en un monorrail que nunca llegó a salir adelante. De haber salido, uno de los barrios adinerados de la ciudad quedaba unido por el aire a dos de las grandes atracciones de ocio del municipio en aquel cambio de década.
El proyecto, sin embargo, se detuvo. Desde 1969 ha estado en funcionamiento con la misma infraestructura, sus cables se han mantenido durante más de 50 años activos y se calcula que ha trasladado a más de ocho millones de personas. En 2022, una revisión paralizó temporalmente la instalación al considerar que no era del todo segura y en 2023 de la temporalidad se pasó al cierre indefinido.
En Xataka
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Ahora, el Teleférico de Madrid busca escribir una nueva página de su historia. Esta semana han comenzado las obras para su desmantelamiento pero ya hay en marcha un proyecto de renovación, para que las cabinas vuelvan a volar durante casi tres kilómetros por encima del Parque del Oeste y la Casa de Campo.
Lo harán con cabinas nuevas y cables renovados llegados desde Suiza. Con inteligencia artificial, por supuesto, que según el Ayuntamiento de Madrid ayudarán a controlar las incidencias. Espacios que pesarán una tonelada con asientos para trasladar a un total de 10 personas por viaje. El reto, aseguran desde el Ayuntamiento, ha sido meter material nuevo en un espacio que fue diseñado hace 60 años, recogen en El Mundo.
Si todo sigue adelante según lo planeado, las cabinas voladoras volverán al cielo madrileño el año que viene. Lo harán después de un lustro de parón y casi 60 años después de que los primeros viajeros cubrieran ese paseo que, algún día, debería haber unido el barrio de Argüelles con el Zoo de Madrid.
Foto | FDV en Wikimedia y Ayuntamiento de Madrid
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Después de medio siglo, Madrid está desmontando uno de sus iconos: la nueva vida de su Teleférico
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Alberto de la Torre
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Después de medio siglo, Madrid está desmontando uno de sus iconos: la nueva vida de su Teleférico
El cableado del Teleférico de Madrid ya se está retirando
La ciudad tendrá un nuevo servicio llegado desde Suiza
Esta semana, el 20 de enero de 2026, se iniciaron las obras para desarmar uno de los símbolos de Madrid. Son, eso sí, el primer paso para modernizarlo y adecuarlo a los estándares de seguridad actuales. Con más de 50 años a sus espaldas, el Teleférico de Madrid está siendo descolgado.
El motivo es una renovación integral de la infraestructura. De hecho, el teleférico se mantendrá vivo pero ya no volverá la icónica imagen de las cabinas azules sostenidas por unos cables que parecían flexarse en demasía. Porque esos cables con más de medio siglo a sus espaldas están siendo desmontados.
El proyecto contempla un teleférico completamente renovado. Menos cabinas, trayectos más rápidos y, cómo no, el obligatorio anuncio de que tendremos a la IA vigilando las posibles incidencias. Es un punto y seguido en una historia que nació a finales de los años 60.
Un teleférico a ninguna parte
Año 1969.
Por la banda del Real Madrid seguía corriendo Gento y Gregorio "Hacha braba" Benito ponía orden en el centro de la defensa. Pero los mejores años del equipo en Europa habían pasado. Gárate, Ufarte, Adelardo y Luis Aragonés llevarían al año siguiente al Atlético de Madrid a ser campeón de Liga y pocos años más tarde a rozar la gloria en Heysel antes de aquel zapatazo estampado en la red por uno de esos alemanes de nombre impronunciables.
Los 60 daban paso a una nueva década y Madrid empezaba a respirar cierto aire de cambio sin desprenderse todavía de sus señas de identidad más castizas. Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de la ciudad, ponía la ciudad patas arriba para llegar en coche a cualquier lado. Autopistas urbanas como el scalextric de Atocha y la proliferación de los aparcamientos honraban la rica tradición madrileña de agujerear el suelo y mantener activa siempre alguna que otra obra.
Pero, al contrario que con los vehículos motorizados, en 1969 Madrid inauguraba un amasijo de hierros que permitían volar por encima de lo que luego sería la M-30 y unir el barrio de Argüelles con la Casa de Campo, entonces abierta al tráfico y clásico escenario de picnics domingueros. El plan parecía perfecto para pasar un día en familia comiendo tortilla alejado del mundanal ruido. Una colina completamente aislada que, realmente, no tiene ningún servicio a mano.
¿Qué llevó entonces a construir un teleférico a ninguna parte en una ciudad que estaba en plena efervescencia y cuyos vecinos parecían estar ansiosos de nuevos planes?
Cuentan en elDiario.es que, realmente, la estación actual de Casa de Campo no era más que una parada intermedia para llegar hasta el Parque de Atracciones y el Zoo. Aquel 1969, de hecho, se intentó inaugurar la primera de estas atracciones de manera conjunta con el Teleférico aprovechando la festividad de San Isidro, patrón de la ciudad, pero las cabinas voladoras tuvieron que esperar porque algunos vecinos intentaron parar el proyecto alegando que el paso de estos vehículos no respetaba su intimidad ya que desde los mismos se veía el interior de sus casas.
La estación del Teleférico de Casa de Campo está unida con el Lago, el Parque de Atracciones y el Zoo por carreteras que discurren por el interior del parque urbano. Pero entonces había que caminar entre pinos para llegar hasta el reciente Parque de Atracciones que se encuentra algo más de un kilómetro del final del teleférico. Para llegar hasta el Zoo es necesario doblar la distancia.
Y es que el proyecto contemplaba unir ambos espacios con el teleférico en un monorrail que nunca llegó a salir adelante. De haber salido, uno de los barrios adinerados de la ciudad quedaba unido por el aire a dos de las grandes atracciones de ocio del municipio en aquel cambio de década.
El proyecto, sin embargo, se detuvo. Desde 1969 ha estado en funcionamiento con la misma infraestructura, sus cables se han mantenido durante más de 50 años activos y se calcula que ha trasladado a más de ocho millones de personas. En 2022, una revisión paralizó temporalmente la instalación al considerar que no era del todo segura y en 2023 de la temporalidad se pasó al cierre indefinido.
Ahora, el Teleférico de Madrid busca escribir una nueva página de su historia. Esta semana han comenzado las obras para su desmantelamiento pero ya hay en marcha un proyecto de renovación, para que las cabinas vuelvan a volar durante casi tres kilómetros por encima del Parque del Oeste y la Casa de Campo.
Lo harán con cabinas nuevas y cables renovados llegados desde Suiza. Con inteligencia artificial, por supuesto, que según el Ayuntamiento de Madrid ayudarán a controlar las incidencias. Espacios que pesarán una tonelada con asientos para trasladar a un total de 10 personas por viaje. El reto, aseguran desde el Ayuntamiento, ha sido meter material nuevo en un espacio que fue diseñado hace 60 años, recogen en El Mundo.
Si todo sigue adelante según lo planeado, las cabinas voladoras volverán al cielo madrileño el año que viene. Lo harán después de un lustro de parón y casi 60 años después de que los primeros viajeros cubrieran ese paseo que, algún día, debería haber unido el barrio de Argüelles con el Zoo de Madrid.