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Diez años sin Bowie, el seductor extraterrestre que nunca se repitió

Diez años sin Bowie, el seductor extraterrestre que nunca se repitió
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El artista de las mil vidas y disfraces falleció hace una década a los 69 años, dos días después de lanzar su último álbum

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David Bowie durante una rueda de prensa en Cannes en 1983. AFP Diez años sin Bowie, el seductor extraterrestre que nunca se repitió

El artista de las mil vidas y disfraces falleció hace una década a los 69 años, dos días después de lanzar su último álbum

Miguel Aizpuru

Viernes, 9 de enero 2026, 08:20

... único e irrepetible artista. Hablamos, sí, de David Bowie, de cuya partida del planeta tierra a cualquier otra galaxia se cumplen diez años. El extraterrestre del pop se reinventó todo lo que quiso y más a lo largo de cinco décadas y logró algo de los que pocos nombres de la música moderna pueden presumir: no haberse repetido jamás.

La eclosión del glam rock un poco más tarde, a finales de la década, le permitió jugar por primera vez al disfraz y dar así inicio a su faceta camaleónica. Y al estrellato con 'Space Oddity' (1969), que ya contenía muchos elementos de su particular estilo artístico y sentó las bases de su carrera. «Era camaleónico y caleidoscópico, único en su especie», expone Amaia Santana, periodista musical y directora de la editorial musical Liburuak, convencida de que cuando el londinense adoptaba la apariencia alienígena «se estaba interpretando a sí mismo», a alguien que no encajaba con el común de los mortales.

«Fue siempre un extraño», continúa, «un extraño con muchas vidas y épocas: ha sido glam, andrógino, oscuro… pero es que además era un currela». Incide en esa idea: «Siempre tenemos la imagen de Bowie de rockstar desfasada, que también lo fue, pero detrás de eso había una persona que trabajaba incansablemente para explotar su talento».

Capacidad de trabajo, pero también inteligencia, perspicacia y seducción. «Era muy listo y dominaba el marketing y la comunicación. Hay una anécdota que lo demuestra: cuando hacía ronda de entrevistas, su mánager decía a los periodistas que tenían solo media hora, pero en el horario agendaba 15 minutos extra. Cuando había pasado la media hora, el mánager hacía el paripé e irrumpía para decir que se había agotado el tiempo y Bowie le replicaba: 'no, no, que estoy aquí a gusto hablando con mi amigo'. Claro, para el ego del periodista era la leche. Les hacía creer a todos que eran especiales para ganarse su favor. Era un seductor», recuerda Santana.

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Bowie, en el año 2002 en directo en París. AFP

Una de las personas que mejor conoce la discografía y el repertorio de David Bowie es Martín Guevara, guitarrista de Cápsula, la banda argentina afincada en Bilbao desde hace un cuarto de siglo. El trío ha estado homenajeando durante años al Duque Blanco sobre los escenarios con su relectura del álbum completo de 'The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars', que comenzaron todavía en vida de Bowie. «Nuestro fanatismo por Bowie ya estaba en los comienzos de nuestra banda, de hecho, el nombre Cápsula viene de las cápsulas espaciales que él nombraba en sus canciones. Su universo, su cosmos y su forma de entender el arte nos han marcado profundamente, y por eso nos lanzamos a hacer una revisión desde nuestro sonido de su 'Ziggy Stardust' en una serie de conciertos», rememora.

No solo eso, sino que se animaron a regrabarlo entero para hacer sus propias aportaciones. «Registramos en estudio lo que hacíamos en esos conciertos y el resultado fue 'Dreaming of Ziggy Stardust' (2012), un disco en el que aportamos nuestro sonido a las canciones de Bowie e intentamos enriquecerlas con elementos propios», explica Guevara, que también ha versionado con su grupo otras canciones selectas de la discografía del genio británico: «En nuestros shows siempre hubo sitio para temas de su discografía, porque son canciones inmortales que se mantienen verdes para siempre».

Pero la vida de Bowie no fue siempre de color esperanza, pasando por etapas muy oscuras, contradictorias o simplemente demenciales por sus adicciones. La más extrema, seguramente la de mediados de la década de los 70, cuando en una breve etapa llegó a mostrar simpatías por el nazismo, con declaraciones profascistas e incluso el saludo brazo en alto. Lo recuerda Amaia Santana: «Era la época de 'Station to Station', la más cocainómana. El tío no dormía nada, se alimentaba de leche, pimientos y cocaína, y eso derivó en una fascinación paranoica por la parafernalia nazi. Decía que su mánager, Tony Defries, era Hitler, y que Lou Reed era el diablo, ja, ja, ja».

Afortunadamente, le duró poco. Pronto encauzó de nuevo su carrera afincándose en Berlín junto a su amigo Iggy Pop para escapar de sus fantasmas e impregnarse de nuevos sonidos, todavía con el Muro en pie. «Supo adaptarse a cada momento. Tenía un talento innegable pero además sabía rodearse de la gente adecuada, desde Andy Warhol a Brian Eno», disecciona la directora de Liburuak.

Reinvención eterna

El raro talento de no haberse repetido jamás es lo que destaca Martín Guevara por encima de todo. «Si solo tuviera que elegir una de sus cualidades, sería su capacidad de reinventarse a través de los tiempos. Es su legado más grande, mantener una carrera tan larga, fructífera y creativa siendo capaz de crear para cada disco un universo nuevo, una forma nueva, un sonido nuevo. Nunca quiso quedarse inmóvil y siempre miró al futuro, dejando una colección irrepetible de canciones que siempre nos acompañan», resume el guitarrista porteño.

Unas canciones que tienen además la capacidad de unir a las personas, según muestra la anécdota con la que termina Amaia Santana. «Cuando murió Bowie, yo vivía en Mánchester y aquella semana hubo unas cuantas fiestas en su honor. Fuimos a casi todas. En una de ellas, el típico matón de discoteca se enzarzó con uno de mis amigos. Ni recuerdo por qué. Cuando ya se iban a pegar, se miraron a la cara y mi amigo le dijo: '¿cómo nos vamos a pegar en el homenaje a Bowie?'». Y ahí se acabó el mal rollo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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