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Durante siglos el precio ha sido una señal de calidad. La IA generativa está rompiendo esa regla en decenas de sectores

Durante siglos el precio ha sido una señal de calidad. La IA generativa está rompiendo esa regla en decenas de sectores
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Durante siglos, el precio ha servido como un atajo cognitivo. Si algo cuesta mucho es porque, por un motivo u otro, debe valer mucho. Un traje de Armani, unos auriculares Bang & Olufsen, un informe de McKinsey. El número siempre ha servido para transmitirnos cierta información antes de ver el producto. Era reputación comprimida. Con la llegada de la IA generativa, eso se está terminando en muchos sectores. Hoy un logo puede costar 15 euros o 15.000. Y ser el mismo logo. Un análisis de mercado puede salir de una consultora con oficinas en tres continentes o de un tipo en pijama que sabe usar Deep Research. El informe puede ser indistinguible. De hecho veces el segundo será mejor, porque el tipo en pijama entiende el sector y la consultora asignó al junior que tenía libre. En Xataka Hay una generación trabajando gratis como documentalista de su propia vida: no son influencers pero actúan como si lo fueran La IA está rompiendo el vínculo entre coste de producción y resultado final. Algo muy similar a lo que planteó Antonio Ortiz, divulgador de IA y antiguo final boss de esta casa, en "Inteligencia Artificial y desvincular esfuerzo y resultado". Si cualquiera puede generar en minutos lo que antes requería equipos, semanas y facturas de muchos ceros, el precio ya no comunica gran cosa sobre la calidad. Empieza a ser ruido. Y esto va a forzar una migración de señales. Del 'cuánto' al 'quién', al 'cómo' o al 'por qué'. Las preguntas que importarán van a ser "¿quién ha firmado esto?", "¿qué proceso siguió?", "¿qué decisiones humanas hubo detrás?". Es decir, el proceso se convertirá en el producto. Ya se empieza a ver con estudios de diseño que documentan de forma obsesiva cualquier iteración, o consultoras que no solamente te venden el entregable sino también el acceso al razonamiento de sus socios. Cada vez más somos artesanos digitales que cobramos por mostrar cómo trabajamos y no solo por lo que entregamos. La IA ha hecho de la producción algo casi gratuito, así que nos estamos inundando de contenido digital de todo tipo, así que la escasez se desplaza al criterio. A saber qué pedir, qué descartar, qué tiene sentido y qué no. Al buen gusto. La IA puede hacer casi cualquier cosa, y la que no, la aprenderá el año que viene. Decidir bien qué hacer y qué no hacer sigue siendo caro. Ahí, de momento y por suerte, no hay atajo. Imagen destacada | Xataka En Xataka | La IA de 2026 trae una verdad incómoda: la más útil será la que más nos vigile - La noticia Durante siglos el precio ha sido una señal de calidad. La IA generativa está rompiendo esa regla en decenas de sectores fue publicada originalmente en Xataka por Javier Lacort .
Durante siglos el precio ha sido una señal de calidad. La IA generativa está rompiendo esa regla en decenas de sectores

La IA generativa ha roto el vínculo entre precio y calidad. Ahora importa quién firma la obra y cómo fue su proceso, no cuánto costó producirlo

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Javier Lacort

Editor Senior - Tech

Javier Lacort

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Durante siglos, el precio ha servido como un atajo cognitivo. Si algo cuesta mucho es porque, por un motivo u otro, debe valer mucho. Un traje de Armani, unos auriculares Bang & Olufsen, un informe de McKinsey. El número siempre ha servido para transmitirnos cierta información antes de ver el producto. Era reputación comprimida.

Con la llegada de la IA generativa, eso se está terminando en muchos sectores.

Hoy un logo puede costar 15 euros o 15.000. Y ser el mismo logo. Un análisis de mercado puede salir de una consultora con oficinas en tres continentes o de un tipo en pijama que sabe usar Deep Research. El informe puede ser indistinguible. De hecho veces el segundo será mejor, porque el tipo en pijama entiende el sector y la consultora asignó al junior que tenía libre.

En XatakaHay una generación trabajando gratis como documentalista de su propia vida: no son influencers pero actúan como si lo fueran

La IA está rompiendo el vínculo entre coste de producción y resultado final. Algo muy similar a lo que planteó Antonio Ortiz, divulgador de IA y antiguo final boss de esta casa, en "Inteligencia Artificial y desvincular esfuerzo y resultado".

Si cualquiera puede generar en minutos lo que antes requería equipos, semanas y facturas de muchos ceros, el precio ya no comunica gran cosa sobre la calidad. Empieza a ser ruido.

Y esto va a forzar una migración de señales. Del 'cuánto' al 'quién', al 'cómo' o al 'por qué'. Las preguntas que importarán van a ser "¿quién ha firmado esto?", "¿qué proceso siguió?", "¿qué decisiones humanas hubo detrás?". Es decir, el proceso se convertirá en el producto.

Ya se empieza a ver con estudios de diseño que documentan de forma obsesiva cualquier iteración, o consultoras que no solamente te venden el entregable sino también el acceso al razonamiento de sus socios. Cada vez más somos artesanos digitales que cobramos por mostrar cómo trabajamos y no solo por lo que entregamos.

La IA ha hecho de la producción algo casi gratuito, así que nos estamos inundando de contenido digital de todo tipo, así que la escasez se desplaza al criterio.

A saber qué pedir, qué descartar, qué tiene sentido y qué no. Al buen gusto. La IA puede hacer casi cualquier cosa, y la que no, la aprenderá el año que viene. Decidir bien qué hacer y qué no hacer sigue siendo caro.

Ahí, de momento y por suerte, no hay atajo.

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En Xataka | La IA de 2026 trae una verdad incómoda: la más útil será la que más nos vigile

Fuente original: Leer en Xataka
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