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El presidente Adolfo Suárez y y el entonces vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado forcejean con los guardias civiles durante el 23-F. Archivo El 23-F, a la luz: el Gobierno desclasifica las 153 «unidades documentales» bajo secreto 45 añosPublica en la web de Moncloa «toda» la información disponible en las entrañas del Estado sobre el golpe fracasado
Miércoles, 25 de febrero 2026, 14:30
desclasificación de «todos» los papeles ... , así lo ha reiterado esta misma mañana el ministro Félix Bolaños, que permanecían bajo el candado del secreto oficial llamados a terminar de arrojar luz sobre el golpe de Estado perpetrado contra aquella aún balbuceante y frágil democracia. Son 153 archivos documentales que contienen una «voluminosa» información que, a diferencia de lo que se ha ido desvelando a lo largo de este tiempo, no solo parte directamente de las entrañas del Estado, sino que se vale de las nuevas tecnologías para que toda la ciudadanía pueda tener accesos a la misma a través de la página web de La Moncloa. papeles con transcripciones, pero no grabaciones sonoras de las comunicaciones que pudieron recogerse aquella tarde-noche en que el teniente coronel Antonio Tejero y un puñado más de guardias civiles entraron en el Congreso, pistola en mano y al grito ya para la memoria colectiva de «¡Quietos todo el mundo!», para interrumpir la investidura del presidente que iba a sustituir a Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo, e intentar subvertir los derechos y libertades constitucionales.El presidente Sánchez justificó este lunes, coincidiendo con el aniversario del 'tejerazo', el golpe de efecto de destapar esa documentación sensible con el argumento de que «la memoria no puede estar bajo llave». Una proclama que no ha evitado la crítica del PP, que ha atribuido el gesto a una nueva «cortina de humo» con la que el líder socialista trataría de solapar las explicaciones exigidas sobre los asuntos que lo cercan. Y que tampoco ha satisfecho a los socios. Unos aliados que le exigen tanto que amplíe el foco de las desclasificaciones, toda vez que ha quedado evidenciado que el levantamiento del 'top secret' depende de que así lo decida el Gobierno -el PNV, especialmente pertinaz en esta materia, y Bildu inciden en los crímenes represivos del 3 de marzo en Vitoria y en la 'guerra sucia' contra ETA-, como avances en la reforma de la ley franquista de secretos oficiales de 1968. Esta modificación legislativa, que el Ejecutivo aprobó por primera vez en 2022 y volvió a hacerlo el pasado julio, continúa varada en el Congreso.
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Aunque en principio Moncloa cifró en algo más de un centenar los papeles que iba a destapar este miércoles, finalmente se trata de 153 archivos con distintos documentos. Historiadores, políticos y otros profesionales que han estudiado este episodio de la historia española como el escritor Javier Cercas -quien centró su 'Anatomía de un instante' en las reacciones bajo la amenaza de Tejero de Suárez; su vicepresidente, el militar Manuel Gutiérrez Mellado; y el líder del Partido Comunista, Santiago Carrillo- cuestionan que este volumen de información vaya a alterar el relato que se ha ido reconstruyendo en estos 45 años sobre la fracasada asonada del 23-F. Pero la expectación está cifrada en que acaben de clarificar los movimientos de los distintos protagonistas de aquella jornada crítica; y, singularmente, en los del rey y jefe del Estado, Juan Carlos I.
La versión oficial consagró al hoy rey emérito apartado en Abu Dabi como el artífice de que el golpe no prosperara, pero hay historiadores que consideran que persisten las dudas sobre si no esperó a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos antes de posicionarse. Esas sospechas parten del tiempo que tardó en lanzar su mensaje televisado, pasada la una de la madrugada, casi siete horas después de la toma del Congreso; del hecho de que los mandos golpistas llamaban a Zarzuela buscando su respaldo, y de su relación con Alfonso Armada, el cerebro del golpe, que había sido su preceptor. En sus recientes memorias, 'Reconciliación', Juan Carlos de Borbón hace suya la narración por la cual una respuesta desde Zarzuela -«Ni está, ni se le espera»- cortocircuitó las intenciones golpistas de Armada, uno de los condenado por el 23-F y se ratifica en que su determinación aquel día fue la de preservar la democracia recién alumbrada tras cuatro décadas de dictadura.
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