La Castilla y León de ahora ya no es aquella de los versos de Machado. «Castilla miserable, ayer dominadora, envuelta en sus andrajos, desprecia cuánto ignora». La Castilla y León de ahora se parece más a la espiritual del gran escritor José Jiménez Lozano, que buscó el alma de esas tierras en su Guía espiritual de Castilla. Hablaba Jiménez Lozano de «la tranquilidad, la paz y el apartamiento» de las gentes castellanas y de estos españoles que han encontrado la belleza en la ausencia, en ir alejándose del mundo. El mundo está revuelto. Las comunidades autónomas que han celebrado elecciones alteraron su mapa político y alteraron sobre todo los ánimos en el ámbito nacional. Castilla y León ha votado según el alma que buscó Jiménez Lozano. Su propia forma de ser. En un ambiente altamente inflamado, el resultado del PP y del PSOE indica que Castilla y León es un reservorio del bipartidismo. Con sus problemas y con sus peros. Pero pisando el suelo del territorio sin permitir que los de fuera vinieran a decir cómo tienen que gobernar su casa. Castilla y León no era el lugar para experimentos de la política nacional, envenenada como nunca. Y el electorado de esta comunidad lo ha hecho saber en las urnas.
El presidente que busca la reelección ha tenido un resultado que puede calificarse de muy bueno. No porque esos dos escaños más sean muchos -él llegó a aspirar a muchos más y a gobernar con los pequeños partidos provinciales- pero saben a gloria bendita en el PP. Alfonso Fernández Mañueco puede celebrar este 15-M como un éxito personal. Ha hecho una buena campaña, se ha volcado como nunca en su carrera política. Seria, respetuosa, moderada, centrista, si se puede utilizar esa palabra. Mañueco salva al PP del miedo cerval a Vox. Y quién lo iba a decir. El presidente del PP castellanoleonés ha sobrevivido a varios intentos internos de removerle del puesto y también a las aceradas críticas de la oposición por su gestión de los dramáticos incendios que asolaron varias comarcas de Zamora y León el pasado verano.
Elecciones Castilla y León 2026
Los socialistas acariciaron el sueño de que la hegemonía del PP en esta comunidad cambiara de signo. No lo han logrado. Y eso es gloria bendita para el propio Alberto Núñez Feijóo. Los resultados de Aragón y Extremadura no respondieron a las expectativas y en el PP cundió el desánimo. Castilla y León ha salvado ese honor que Abascal está amenazando. Sabemos que el PP ha acertado en la estrategia de campaña en la que por cierto ha insistido en pedir a Vox responsabilidad para traducir a un Gobierno viable los resultados electorales de PP y Vox en las tres comunidades que han celebrado elecciones. Y aquí está la duda. Vox ha ganado un escaño y, sin embargo, es como si lo hubiera perdido. Es lo que tiene concurrir a unas elecciones y organizar una campaña en función de un paseo triunfal de Santiago Abascal por el malestar del campo de Castilla y León. La escalada de Vox ya no es lo que era. No sabemos, habrá que esperar, qué conclusiones sacará la dirección de Vox de la noche electoral en la comunidad castellanoleonesa. ¿Favorecerá el resultado de las urnas la voluntad de Vox de llegar a acuerdos para que Extremadura, Aragón y Castilla y León tengan gobiernos? ¿O endurecerá sus posiciones para dificultar esos acuerdos? ¿Habrán pesado en la realidad de no alcanzar las expectativas los líos internos y el bloqueo de pactos en las comunidades cuyo gobierno depende de ellos? Muchas decisiones para la dirección nacional de Vox. Carlos Pollán, candidato de esta formación en Castilla y León, y presidente de las Cortes la pasada legislatura ha tenido una actitud siempre mucho mas serena y moderada que otros compañeros de partido. A su manera, Vox también ha querido presentar un candidato que se parezca más al carácter sereno y templado que gusta en esta tierra más que otras ocurrencias. Mañueco es consciente de que no lo va a tener fácil a partir de hoy para llegar a un acuerdo con Vox.
Elecciones Castilla y León 2026
BuscarEl alcalde de Soria, Carlos Martínez, liderará la oposición, y lo hará muy satisfecho. Una alegría le ha dado el candidato a su partido, el PSOE. En Castilla y León y en Moncloa. No se sabe por qué arriesgó tanto el partido en esa comunidad despertando expectativas de quedar por delante del PP. Hasta última hora. El propio candidato había interiorizado su propio entusiasmo ganador, a juzgar por su intervención la noche electoral. Parecía que seguía en campaña. Y además anticipó que igual la comunidad volverá a las urnas no tardando y que allí se volverá a medir con Mañueco. No se le notó muy alegre, a pesar de que el PSOE se ha comido a la izquierda de la izquierda, y su candidato se ha comido dos diputados de Soria ¡Ya! Sánchez podrá decir que su «No a la guerra» ha beneficiado al alcalde de Soria y hasta el ex presidente Zapatero se ha llevado una alegría. Participó en la campaña de Castilla y León en un momento delicado para su imagen con el asunto de Plus Ultra. El alma de Castilla y León ha mandado a las catacumbas a la izquierda del PSOE. No está claro que se vayan a dar cuenta de su realidad.