Sábado, 21 de febrero de 2026 Sáb 21/02/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

El barrio de Rufián

El barrio de Rufián
Artículo Completo 868 palabras
Dicen que alguien ha visto a Ione Belarra con un boli y una libreta apuntando el precio de los huevos en Mercadona. Leer
SIN DOGMASEl barrio de Rufián 21 FEB. 2026 - 00:03El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante un acto sobre el futuro de la izquierda alternativa, esta semana en Madrid.César Vallejo RodríguezEuropa Press

Dicen que alguien ha visto a Ione Belarra con un boli y una libreta apuntando el precio de los huevos en Mercadona.

Ella dice que estaban a tres euros la docena, pero, haciendo gala de su falta de rigor, no especifica ni el tamaño, ni si son de gallinas sueltas, camperos, ecológicos o de dinosaurio.

Ese Mercadona debe estar en el mismo barrio en el que a Yolanda Díaz le rodean los empresarios, como si fuera Rosalía, para felicitarle por la subida del salario mínimo, mientras se preguntan cómo tan brillante idea no se les ocurrió a ellos, que en definitiva son quienes tienen que pagarlo. Luego se dan cuenta de que no se presentan a las elecciones y se les pasa la tontería.

Sin duda, es el mismo barrio en el que desembocaba el metro en el que viajaba la exministra Pilar Llop. Aquel en el que la gente ignoraba el precio de la vivienda y la inflación y por eso solo hablaba de la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

Las grandes pesadillas que le produce a los rufianes, las yolandas y los pedros la llegada de la derecha a ese barrio no versan sobre persecuciones masivas a inmigrantes ni mujeres encerradas. No sueñan que se vaya a privatizar la educación o la sanidad.

Cualquiera que tenga un poco de sentido común sabe que eso no va a ocurrir. Entre otras muchas cosas porque es la derecha quien más necesita a esa inmigración y porque cualquier ser humano con algo de dinero, sea del género que sea, tiende a empoderarse sin necesidad de que se lo recuerden, por aquello de que quien paga manda.

Lo que realmente les perturba el sueño a todos estos dirigentes de la izquierda que viven en ese barrio tan alejado de la realidad es perder todos los privilegios que les otorga un discurso inoperante por absurdo.

La izquierda ha ocupado tanto tiempo en convertir el poder en un fin en sí mismo que ha acabado por vulnerar todos los principios para no perderlo. Esta es la razón por la que el intento de Rufián de reagrupar lo que queda está condenado a fracasar.

Ya se sabía que Pedro Sánchez era capaz de hacer cualquier cosa para mantenerse en La Moncloa, pero ahora ha quedado claro que Yolanda Díaz, Gabriel Rufián o Ione Belarra no le andan a la zaga.

La de Sumar ha dicho ya tantas veces que se le ha acabado la paciencia que la gente tiene serias dudas de que no sea disléxica y confunda paciencia con vergüenza. Y Rufián, que llegó a decir alguna vez que sus días en Madrid estaban contados, acabará formando un trío con el oso y el madroño.

Todo en esta izquierda tiene aspecto de pose. Parafraseando a mi buen amigo Ángel, a todos ellos les gustaría vivir como viven, pero pudiendo. Es decir, siendo ricos de cuna para no tener que mendigar el voto con promesas en las que nunca creyeron.

Esta izquierda es incapaz de hacer que se construya la vivienda que se necesita porque ahuyenta a quienes deben construirla. Es incapaz de subir los salarios porque jamás contrataron a nadie.

El voto de la izquierda que se ha perdido no lo van a poder recuperar ni Rufián, ni Yolanda, ni Ione ni Pedro, porque los electores saben de su capacidad y ya no generan ilusión.

Lo cierto es que la izquierda en este país no tiene ninguna posibilidad mientras permanezca Sánchez porque la mayor parte de los españoles tardarán en olvidar el centenar de veces que les engañó con saña. Y eso puede llevar como mínimo dos legislaturas. Mientras sigan los mismos, no hay nada que regenerar.

Sánchez logró en las elecciones de 2023 el segundo puesto con más de 7,8 millones de votos. Pero eso fue antes de los indultos, las amnistías, todas las corrupciones posibles, los abusos de poder, la desvergüenza de televisión o del CIS, la quema de instituciones o las cesiones agraviantes al nacionalismo.

No es que el voto de la izquierda se haya desmovilizado. Es que buena parte de ese voto considera ya que hasta la peor derecha es menos nociva. Y Rufián se lo confirma cuando dice que, de las tres cosas básicas en las que tiene que ponerse de acuerdo con todos sus potenciales socios, una es el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Cosas del barrio.

Las manos de Pedro SánchezEl falso progresismo de generalizar el salario mínimoEl Gobierno, al choque con el salario mínimo Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir