Sven Beckert | Historiador
«El capitalismo se presenta como una especie de orden divino, pero fue creado por nosotros y podemos cambiarlo»El profesor de Harvard investiga en su último libro 'Capitalismo. Una historia global' cómo el sistema que determina nuestra forma de trabajar, vivir y hasta pensar ha sido capaz de adaptarse a todo tipo de crisis en sus más de mil años de historia
Regala esta noticia Añádenos en Google Sven Beckert, fotografiado en la Fundación Rafael del Pino. (Virginia Carrasco)Madrid
26/09/2026 a las 12:19h.Si los historiadores de un futuro lejano llegan a estudiar nuestra civilización, les resultará difícil entender «por qué hicimos sacrificios a un dios creado por ... el ser humano, que amenazaba la propia existencia de nuestra especie» y se preguntarán, quizás, «cómo pudimos permitir la privación en medio de una abundancia sin precedentes».
Beckert ha escarbado durante ocho años en archivos de todo el mundo para comprender cómo la lógica del capital y de la acumulación de riqueza pasó de unos pocos espacios a determinarlo casi todo, una explosión que supone uno de los «mayores enigmas de la historia de la humanidad». El monumental resultado, 'Capitalismo. Una historia global', cuya traducción acaba de publicar Crítica, rescata a lo largo de sus más de 1.300 páginas las historias que han construido «esta fuerza casi geológica que da forma a nuestras vidas», con protagonistas que van desde los comerciantes yemeníes del siglo XI a magnates como Elon Musk.
-¿Está el capitalismo tan arraigado en la sociedad que lo vemos como algo tan natural como, por ejemplo, la familia?
-El libro intenta mostrar que el capitalismo es histórico, podemos ver cómo empezó a surgir y cómo fue cobrando importancia después, se extendió por el mundo y se introdujo en nuestras vidas.
Pero el capitalismo solo puede entenderse si observamos el mundo en su conjunto y no solo una región, digamos, Europa. Y cuando lo haces, ves que el capitalismo no es natural, lo han creado las personas.
Empezó con pequeñas comunidades de comerciantes de larga distancia las que organizaban sus vidas en torno a esta lógica capitalista y fue extendiéndose a un ritmo mucho más rápido a partir del siglo XVI hasta abarcar hoy casi todo el mundo y casi todos los aspectos de nuestras vidas.
Sin embargo, a menudo se presenta como una especie de orden divino que simplemente cae del cielo y tenemos que comportarnos en consecuencia, de acuerdo con sus leyes, pero creo que esto es un error fundamental. Nosotros creamos este orden, podemos cambiarlo, reformarlo de manera que favorezca el bienestar de todos, y no solo las leyes del mercado o un grupo reducido de personas que se han beneficiado enormemente de ello a título privado y han creado niveles de desigualdad que son completamente absurdos y totalmente insostenibles.
-Si tuvo un principio, ¿podría tener un final?
-Es imposible predecir el futuro. El capitalismo es muy dinámico, muy creativo y se caracteriza fundamentalmente por ser bastante poco dogmático. Puede ser muy diferente en distintos momentos y en distintos lugares. Y creo que esto explica en parte, o de manera fundamental, por qué lleva tanto tiempo entre nosotros, ya que es capaz de adaptarse, por ejemplo, a crisis profundas como la Gran Depresión de los años 20 y 30. Y, por eso, creo que al capitalismo aún le queda mucha vida, sin duda. Y no predeciría su fin inminente.
¿Cambio sistémico o evolución?
-¿Será capaz también de adaptarse a la nueva revolución que estamos viviendo, la de la inteligencia artificial? ¿Cree que nos traerá un cambio sistémico o se trata solo de otra fase del capitalismo?
-Creo que se trata de otra fase del capitalismo, probablemente, pero tampoco lo sabemos con certeza, porque estamos en pleno proceso, aunque la innovación técnica siempre ha sido una constante en el capitalismo, como la máquina de vapor, que también cambió mucho el mundo, o en la llegada del ordenador.
Si las expectativas que se están generando fuera ciertas, quizá conduciría a un aumento significativo de la productividad humana, de modo que pudiéramos producir más con menos mano de obra, trabajar menos. Y eso, en cierto modo, podría suponer un posible beneficio para la sociedad. El problema, sin embargo, es que ahora mismo parece que las ganancias de productividad que se derivan de la IA van a parar a una minúscula parte de la población humana, básicamente a unas pocas decenas de familias. Y creo que eso tiene posiblemente implicaciones sociales muy graves, sí. Pero no tiene por qué ser así.
«El gran debate sobre la IA debería ser cómo distribuir los beneficios que ahora van a parar a una parte minúscula de la población»
Sven Beckert
Historiador
-Aunque producir más con menos mano de obra significa también menos salarios...
-Sí, eso podría suponer un reto para el capitalismo, porque, claro, todo modelo económico presupone que hay un consumidor; no tiene sentido producir todas esas cosas si la gente no puede permitírselas.
Pero hay formas de responder a eso. Por ejemplo, trabajando menos. O proporcionando a la gente una renta garantizada. Pero no tenemos este debate, solo se habla del miedo o el entusiasmo por esa tecnología, y no planteamos la cuestión de la distribución de los beneficios. Y creo que esa es la cuestión que tenemos que debatir.
-Capitalismo y Estado parecen fuerzas opuestas, pero usted argumenta en el libro que no lo son.
-El capitalismo es una civilización económica muy centrada en el Estado. Desde su primer momento, fue constituido conjuntamente por los propietarios del capital, los empresarios y el Estado. Y si se analizan los últimos 500 años, se ve que el Estado se vuelve cada vez más importante en la vida económica y proporciona, por ejemplo, la infraestructura, los sistemas jurídicos, el sistema educativo, y así sucesivamente. Y yo no tengo ningún motivo para esperar que esto cambie de forma significativa.
E incluso el último cambio en el capitalismo, la inteligencia artificial, se basa en gran medida también en la financiación estatal de la investigación. El propio microprocesador es un producto del Estado, de la Guerra Fría, como internet.
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