- KIERAN SMITH
Tim Höttges debe obtener el apoyo del Gobierno alemán para asegurar el histórico acuerdo de 267.000 millones de dólares por T-Mobile US.
Mientras las figuras más importantes del sector de las telecomunicaciones se reunían en Bruselas el pasado septiembre para la conferencia anual de la industria, la ausencia del consejero delegado del mayor operador europeo se hizo notar.
Según algunos allegados, la decisión del responsable de Deutsche Telekom, Tim Höttges, de no asistir al evento probablemente se debió a su aversión a la estricta regulación que rige en la capital belga.
"Odia Bruselas", comentó un asesor. "Es muy difícil conseguir que venga".
Höttges, quien ha dirigido el operador nacional alemán durante los últimos 12 años, se ha exasperado ante la forma en que, en su opinión, la empresa se ve frenada por la incapacidad del bloque para adoptar un marco regulatorio más flexible, al estilo del estadounidense.
Ahora, a sus 63 años, busca tomar las riendas de la situación.
Según fuentes cercanas al asunto, Deutsche Telekom está considerando una fusión con su filial estadounidense, T-Mobile. Esta fusión supondría una de las mayores M&A de la historia, con analistas de Deutsche Bank que estiman que la capitalización de mercado de la compañía resultante alcanzaría los 267.000 millones de dólares (228.000 millones de euros).
Estas fuentes señalan que el grupo probablemente se constituiría en una jurisdicción europea con menor carga impositiva como Luxemburgo, Ámsterdam o Dublín, en lugar de en su Alemania natal. También sería lógico que cotizara tanto en Estados Unidos como en Europa, dado que el mercado estadounidense generó más de dos tercios de los 44.200 millones de euros de beneficio ajustado de Deutsche Telekom el año pasado.
Si Deutsche Telekom trasladara su domicilio social fuera de Alemania, podría erosionar aún más la confianza en la economía del país en un momento difícil. Los sectores industriales tradicionales de Alemania, como la automoción, se enfrentan a los elevados precios de la energía y a la creciente competencia de China.
La sensibilidad de la situación implica que cualquier acuerdo será objeto de un intenso escrutinio por parte del Gobierno alemán, que posee una participación del 14% en Deutsche Telekom. El banco estatal KfW controla una participación adicional del 14%.
El Gobierno, que será un actor clave en cualquier acuerdo, estaba al tanto de las conversaciones antes de que se hicieran públicas esta semana, pero su respuesta hasta el momento ha sido discreta, según fuentes cercanas al asunto.
Las conversaciones entre las empresas aún se encuentran en una fase inicial, y las fuentes advierten que un acuerdo tan delicado desde el punto de vista político podría fracasar.
Deutsche Telekom ha considerado la opción de crear una nueva sociedad holding que lanzaría una oferta en acciones por los títulos de ambos operadores.
Un acuerdo podría seguir el modelo de la megafusión de 70.000 millones de euros entre el grupo químico alemán Linde y su rival estadounidense Praxair en 2017, que dio lugar a una empresa cotizada en Fráncfort y Nueva York con domicilio en Irlanda.
La mayor empresa de telecomunicaciones de Alemania se ha vuelto cada vez más dependiente del crecimiento de T-Mobile US —en la que posee una participación del 53%— tras su fusión con su rival Sprint en 2020.
Desde el acuerdo, las acciones de T-Mobile han multiplicado por más del doble su valor, otorgando al operador estadounidense una capitalización de mercado de 208.000 millones de dólares. Según New Street Research, el año pasado la compañía contaba con 85 millones de clientes de telefonía móvil de pospago en Estados Unidos, cifra que la situaba en segundo lugar sólo por detrás de Verizon.
Höttges declaró en marzo que los beneficios que genera el grupo en Estados Unidos le permiten invertir más que sus rivales y ganar cuota en sus mercados, entre los que figuran Austria y Polonia.
Las deliberaciones de Deutsche Telekom se producen mientras la UE prepara la mayor relajación de sus normas sobre fusiones corporativas en décadas, como parte de los esfuerzos para ayudar a las empresas europeas a competir con mayor eficacia en la escena global.
Sin embargo, la comisaria europea de Competencia, Teresa Ribera, ha dejado claro que las fusiones transfronterizas, especialmente en el sector de las telecomunicaciones, seguirán siendo una prioridad. Esto contrasta con la consolidación nacional permitida en Estados Unidos y Reino Unido, y que prefieren operadores como Deutsche Telekom.
Höttges afirmó el mes pasado que Europa no había logrado hasta el momento su objetivo de incentivar la inversión y que se estaba "quedando atrás con respecto a Estados Unidos y China".
Pero, más allá del deseo de eludir la regulación europea, los méritos estratégicos y la lógica de la fusión propuesta han dividido a los analistas.
Algunos cuestionan por qué Deutsche Telekom necesita invertir tanto para adquirir la totalidad de un negocio que ya controla, mientras que otros expresan su preocupación de que el acuerdo exponga a los accionistas de T-Mobile al mercado europeo, donde las empresas de telecomunicaciones cotizan a valoraciones más bajas. Las acciones de T-Mobile cayeron un 3,3% el miércoles en la primera sesión bursátil tras conocerse las negociaciones.
Robert Grindle, analista de Deutsche Bank, señala que la nueva entidad podría "acceder al capital de forma más eficiente y emitir acciones con mayor facilidad" para financiar M&A transfronterizas en Europa, así como adquisiciones en Estados Unidos.
Esta opinión es compartida por el analista de New Street Research James Ratzer, quien señala que el acuerdo "se centra" en las M&A en Estados Unidos y en garantizar que Deutsche Telekom no corra el riesgo de perder el control mayoritario de T-Mobile si desea utilizar acciones para financiar futuras operaciones.
Es probable que exista un mayor margen para cerrar acuerdos en el fragmentado mercado de banda ancha estadounidense —donde T-Mobile se encuentra muy por detrás de sus rivales Verizon y AT&T— que en su consolidado mercado de telefonía móvil. Según fuentes cercanas a la empresa, Deutsche Telekom está considerando expandir la red de fibra óptica de T-Mobile en Estados Unidos.
Pero antes de que estos planes puedan desarrollarse, Höttges deberá convencer a los políticos en Berlín.
Deutsche Telekom es una de las decenas de empresas alemanas que el año pasado se adhirieron a la iniciativa "Made for Germany", cuyo objetivo es atraer más inversión al país en un momento de débil crecimiento. Los firmantes de la iniciativa, impulsada por el canciller Friedrich Merz, se comprometieron colectivamente a invertir 735.000 millones de euros en Alemania para 2028.
Una persona familiarizada con la situación declaró el miércoles que aún no se habían producido conversaciones detalladas sobre el posible acuerdo entre el consejo de administración de Deutsche Telekom y el Gobierno. Deutsche Telekom y el Ministerio de Finanzas alemán declinaron hacer comentarios. T-Mobile afirmó que no se pronunciaba sobre "especulaciones".
Un acuerdo también podría generar preocupación entre los poderosos sindicatos alemanes ante un posible traslado de puestos de trabajo fuera de la sede de Deutsche Telekom en Bonn.
El sindicato Ver.di declara que no participa en "especulaciones infundadas", pero advierte que no puede concebir un Deutsche Telekom que opere "sin una sólida participación en la toma de decisiones, una cobertura fiable de la negociación colectiva, y la cultura de relaciones laborales propia de Alemania y Europa".
El sindicato añade que cualquier escenario de fusión deberá evaluarse teniendo en cuenta la "soberanía de las infraestructuras críticas en Alemania y Europa".
Thomas Nienaber, director general de la consultora MKI Global Partners, afirma que las dificultades para conseguir el apoyo de políticos, sindicatos e inversores para la operación representan "un verdadero problema para Höttges".
"No está nada claro cómo va a resolver este nudo gordiano", concluye.
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