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El desalentador legado del 'chavismo' obstaculiza la respuesta de Venezuela a los terremotos

El desalentador legado del 'chavismo' obstaculiza la respuesta de Venezuela a los terremotos
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La líder del régimen socialista, apoyada por Estados Unidos, se enfrenta a una crisis a medida que crece la indignación por las deficientes labores de rescate. Leer
Financial TimesEl desalentador legado del 'chavismo' obstaculiza la respuesta de Venezuela a los terremotos
  • ANA RODRÍGUEZ BRAZÓN Y JOE DANIELS
Actualizado 29 JUN. 2026 - 15:02Voluntarios realizan labores de búsqueda en edificios afectados por terremotos en Catia La Mar, Venezuela.Ronald Peña REFE

La líder del régimen socialista, apoyada por Estados Unidos, se enfrenta a una crisis a medida que crece la indignación por las deficientes labores de rescate.

El Gobierno socialista revolucionario de Venezuela ha resistido levantamientos, el aislamiento internacional y la captura de su líder Nicolás Maduro por las fuerzas estadounidenses. Pero ahora enfrenta su mayor desafío, a medida que crece la indignación por su respuesta insuficiente al doble terremoto del miércoles.

Delcy Rodríguez, la veterana socialista a la que la Administración Trump apoyó para dirigir Venezuela tras el derrocamiento de Maduro, fue increpada por supervivientes en Caracas, la capital, mientras supervisaba las labores de rescate en una torre de 22 plantas el viernes.

"¡Lárgate!", le gritaron.

En el devastado estado de La Guaira, al norte de la capital, los residentes desplazados se vieron obligados a remover escombros a mano con la esperanza de rescatar a quienes aún permanecen atrapados, cuatro días después de que la tierra fuera sacudida por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5.

"Tendremos que mudarnos con familiares porque si este Gobierno se sale con la suya, ni siquiera tendremos dónde refugiarnos", explica Víctor Arroyo, cuyo hijo permanece atrapado en su casa después de que ésta se derrumbase parcialmente el miércoles por la noche.

Desde que se produjeron los terremotos, Arroyo duerme en la calle frente al edificio con sus vecinos, quienes han colocado fotografías de sus familiares desaparecidos en la entrada del edificio con la esperanza de que ocurra "un milagro" y sean encontrados con vida.

Aún no se conoce la magnitud de la devastación humana y económica. El número de muertos ascendió a 1.450 el domingo, según funcionarios venezolanos, y se espera que aumente.

Los informes iniciales de las agencias de la ONU estiman que el terremoto causó daños por valor de unos 6.700 millones de dólares (5.870 millones de euros) y afectó a hasta 6,76 millones de personas, incluyendo 2 millones en Caracas. El Gobierno venezolano informó de que 189 edificios se derrumbaron, 585 sufrieron daños parciales y 38 hospitales necesitan reparaciones.

Los analistas señalan que la respuesta ha expuesto las deficiencias de un régimen que, durante 27 años, debilitó considerablemente la capacidad de respuesta del Estado venezolano.

"El Gobierno interino liderado por Delcy Rodríguez ha demostrado que, más de 72 horas después del desastre, fue incapaz de responder como debía", afirma Edward Rodríguez, analista político venezolano afín a la oposición.

"La respuesta se ha caracterizado por la falta de planificación y liderazgo en el manejo de emergencias, la improvisación total y unas fuerzas armadas que pasaron años preparándose para reprimir a la población en lugar de ayudarla en tiempos de crisis".

Cuando Hugo Chávez lanzó su llamada "Revolución Bolivariana" tras ganar la presidencia en 1999, supervisó una profunda reorganización de Venezuela. Financiado por los elevados ingresos petroleros, invirtió fuertemente en vivienda social y programas de salud, al tiempo que debilitaba las instituciones del país.

La corrupción se disparó, y Chávez —antiguo golpista y paracaidista del ejército— elevó el papel de las fuerzas armadas en la política, sustituyendo los ministerios por sus "misiones bolivarianas".

Tras la muerte de Chávez de cáncer en 2013, le sucedió Maduro, quien expandió el aparato represivo de su mentor en medio de un colapso económico que provocó una contracción del PIB del 75% entre 2013 y 2021 y la emigración de una cuarta parte de la población.

Venezuela ha reanudado sus relaciones con el FMI en su intento de reestructurar su deuda pública, que se disparó durante los gobiernos de Maduro y Chávez. El país está a punto de revelar una deuda de 240.000 millones de dólares, lo que la convierte en la mayor reestructuración soberana de la historia, según informó Financial Times.

Orlando Pérez, profesor de ciencias políticas en la Universidad del Norte de Texas en Dallas, señala que el legado del chavismo quedó patente en la respuesta a los terremotos de la semana pasada.

"El desastre ha revelado las consecuencias de más de dos décadas de degradación institucional: bomberos sin el equipo adecuado, hospitales desbordados de pacientes tendidos en el suelo y edificios que se derrumbaron porque nunca se aplicaron o se ignoraron los códigos de construcción", denuncia Pérez.

"Los recursos estaban disponibles, pero se destinaron a otros fines: algunos a la corrupción y otros a proteger al régimen de un golpe de Estado".

No es la primera vez que el chavismo y La Guaira se enfrentan a un desastre natural.

En 1999, apenas once meses después de que Chávez asumiera el poder, La Guaira fue azotada por deslizamientos de tierra que causaron la muerte de hasta 30.000 personas, sepultando viviendas y arrasando infraestructura en el mar Caribe.

En medio de fuertes críticas por su respuesta tardía, Chávez rechazó la ayuda estadounidense, según sus biógrafos por consejo de su aliado comunista en La Habana, Fidel Castro.

Hoy, los observadores ven paralelismos con aquella tragedia, aunque esta vez el Gobierno ha recibido con agrado 150 millones de dólares en ayuda estadounidense.

Ricardo Hausmann, exministro venezolano en la década de 1990 y ahora profesor en Harvard, afirma que existe "indignación" con "el régimen y las fuerzas armadas desaparecidas en combate", que, según él, "intentan reprimir a los voluntarios en lugar de orientarlos".

"Delcy no ha intentado unir ni movilizar al país", asegura Hausmann. "En su lugar, ha priorizado la estabilidad del régimen sobre las operaciones de rescate".

Ángel Rángel Sánchez, quien dirigió la agencia de respuesta a emergencias de Venezuela durante la tragedia de 1999, también critica duramente la respuesta de los militares a la crisis actual tras años de centrarse en sofocar la disidencia.

"En los últimos 15 años, sus prioridades operativas se desplazaron hacia la seguridad interna, partiendo de la premisa de quela mayor amenaza para el Estado eran las protestas públicas", sostiene Rángel Sánchez, agregando que en las adquisiciones se priorizó la compra de cañones de agua para dispersar a los manifestantes por encima del equipamiento de los bomberos.

En La Guaira, varios proyectos emblemáticos de vivienda social del chavismo, junto con torres de hoteles, quedaron arrasados por los terremotos. Rángel Sánchez explica que, cuando se construyeron esos proyectos hace más de dos décadas, el Gobierno de Chávez impidió que los ingenieros inspeccionaran sus estándares de construcción.

"Si intentábamos tomar fotografías, nos amenazaban con la cárcel", afirma.

En distritos y ciudades de La Guaira, muchas calles presentan grietas y fisuras, y los restos de los edificios derrumbados bloquean las carreteras, paralizando el tráfico hacia la provincia.

Los supervivientes ahora sin hogar hacen largas colas para recibir alimentos, agua y medicinas, mientras voluntarios distribuyen los suministros. El hedor a cuerpos en descomposición impregna el aire.

Sólo en unos pocos puntos se ven equipos de rescate estatales, mientras que organizaciones civiles trabajan para suplir la falta de personal. El viernes, el Gobierno declaró a La Guaira zona de desastre, restringiendo el acceso al estado.

"Aquí todos empezaron a cavar con las manos desnudas", explica un rescatista voluntario. "Si no hubiera sido por nosotros y por el propio pueblo, la situación sería aún peor".

La respuesta al desastre se produce en medio de la agitación política en Venezuela tras el derrocamiento de Maduro.

La Administración Trump ha respaldado a Rodríguez para abrir los sectores de hidrocarburos y minería del país a la inversión privada a cambio de una relajación parcial de las sanciones económicas de "máxima presión" impuestas durante la primera Administración Trump.

Washington también ha asumido la gestión de las ventas de petróleo venezolano, que, si bien han aumentado, se han caracterizado por la falta de transparencia, según los analistas.

A pesar de las recientes afirmaciones de Trump de que los venezolanos están "bailando en las calles" en señal de apoyo a sus acciones en el país, muchos están cada vez más desencantados con la intervención de Washington y frustrados por la lentitud de una transición política.

La Administración Trump declaró antes del terremoto que las elecciones se celebrarían una vez que Venezuela y su economía se estabilizasen.

Maduro se declaró vencedor en las elecciones de 2024, en las que la principal líder de la oposición, María Corina Machado, fue inhabilitada para presentarse. Un recuento de votos verificado de forma independiente por la oposición determinó que el candidato sustituto de Machado, Edmundo González, fue el verdadero ganador. Tanto Machado como González se encuentran en el exilio.

Según informaciones, Machado, quien reside en Washington y ganó el Premio Nobel de la Paz el año pasado, está considerando regresar a Venezuela tras el desastre.

"Nadie está bailando en las calles. Están excavando entre los escombros, enterrando a sus muertos y buscando a los desaparecidos", escribe Pedro Burelli, una figura de la oposición cercana a Machado, en X. "Millones de personas en Venezuela han visto pocos cambios desde la brillante operación militar que derrocó a Maduro".

En las calles de La Guaira, muchos residentes participaron en las labores de rescate, mientras equipos internacionales de la UE y países como El Salvador y México comenzaban a llegar a Venezuela.

"Ha sido muy difícil, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados", asegura Liuska Escobar, cuya familia permanece atrapada bajo los escombros, mientras se limpiaba el polvo de la frente. "No nos quedaremos aquí de brazos cruzados."

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Fuente original: Leer en Expansión
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