En este tiempo, la población urbana casi se duplicó, pero el crecimiento se concentró cada vez más lejos de las zonas centrales. En conjunto, los centros perdieron 2.5 millones de habitantes y disminuyó la proporción de población que vivía ahí, pues pasó de más del 40% en 1990 a 22% en 2020.
El equipo desarrolló un modelo para comparar esa distribución con un escenario en el que las ciudades hubieran crecido conservando la densidad de 1990 y encontró que las distancias respecto del centro son, en promedio, 28% mayores. El estudio relaciona las mayores distancias con trayectos más largos, menor disponibilidad de transporte público, más emisiones vehiculares y dificultades para acceder a servicios esenciales.
“Yo no diría que es un problema de largo plazo. Hoy mismo ya es insostenible en prácticamente todas las ciudades que analizamos”, dice Alberto Meouchi, líder de la sede Ciudad de México del Centro para el Futuro de las Ciudades del Tecnológico de Monterrey, en entrevista con WIRED en Español.
El estudio señala que parte del crecimiento de vivienda en las periferias ocurrió sin suficiente transporte, agua, drenaje y escuelas. En Monterrey, por ejemplo, los investigadores encontraron una distribución desigual de la infraestructura educativa: mientras en algunas zonas centrales hay escuelas con capacidad disponible, en las periferias hacen falta más espacios.
investigación identifica varios cambios que facilitaron la construcción en las periferias. Uno de ellos fue la reforma de 1992 al régimen ejidal, que abrió mecanismos para que parte de esas tierras pudiera pasar a dominio privado y venderse, ampliando el suelo disponible para construir en las afueras de las ciudades.A eso se le sumó el hecho de que a partir de los años 2000, creció el acceso al crédito para comprar vivienda, mientras desarrolladores privados construían grandes conjuntos en las afueras de las ciudades, donde el suelo era más barato.
La combinación de más crédito y suelo disponible impulsó una producción acelerada de vivienda. Según los autores, el número de viviendas construidas cada año pasó de alrededor de 50,000 en 2001 a más de 1.4 millones en 2013. Al mismo tiempo, encontrar vivienda asequible en las zonas centrales se volvió más difícil. Los precios elevados y la mayor oferta de opciones más baratas fuera de esas zonas contribuyeron a que parte de la población terminara viviendo cada vez más lejos. Sin embargo, ese ahorro inicial puede trasladar el costo a otros aspectos.
Centrar el Futuro, un sitio interactivo que permite revisar cómo cambiaron la población y la expansión urbana en distintas ciudades del país.