Durante años, Chancay fue un puerto secundario en la costa central del Perú, uno ligado a la exportación regional y con un peso limitado en el comercio internacional. Todo cambió cuando, a comienzos de la década de 2010, el proyecto empezó a transformarse en megaconstrucción pensada para recibir los mayores buques del mundo, un salto que culminó con la entrada de capital chino y la inauguración de una obra llamada a redefinir el papel del país en el comercio del Pacífico.
Una puerta gigante al Pacífico. Perú se ha convertido ahora en escenario central de la rivalidad entre China y Estados Unidos por una razón muy concreta: el megapuerto de Chancay, una infraestructura de aguas profundas al norte de Lima que actúa como una puerta directa entre Sudamérica y Asia y que ha elevado al país andino de socio comercial a pieza estratégica.
Como decíamos, con capacidad para recibir los mayores buques de carga del mundo y acelerar el flujo de materias primas hacia China, el puerto simboliza cómo una obra logística puede alterar equilibrios regionales y situar a un país en medio de una disputa entre potencias.
En Xataka
La gran esperanza de los chips no está en una mina, sino en el "barro rojo": el plan de EEUU para resucitar su industria
El aviso directo. Desde el Departamento de Estado de Washington, la administración de Donald Trump calificó el caso como un ejemplo de cómo el “dinero chino barato” puede erosionar el control nacional sobre infraestructuras críticas, una advertencia inusualmente dura al señalar que Perú podría estar perdiendo soberanía sobre una de sus infraestructuras críticas, tras un fallo judicial que limita la capacidad del regulador nacional para supervisar Chancay.
Para Estados Unidos el mensaje es claro: el dinero chino, presentado como barato y rápido, tiene un coste político a largo plazo. Un caso que se ha convertido en ejemplo de la estrategia estadounidense para frenar la expansión de la influencia china en el hemisferio occidental y recuperar terreno en una región que considera vital para su seguridad y su liderazgo global.
China y la Ruta de Seda en América Latina. Lo contamos hace un tiempo. Para Pekín, Chancay es una pieza clave de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, el gran proyecto con el que ha financiado puertos, carreteras y aeropuertos en todo el mundo mediante créditos y garantías estatales.
China es desde hace más de una década el principal socio comercial de Perú y ha invertido de forma masiva en sectores estratégicos como la minería, la electricidad y el transporte, consolidando una relación económica profunda que va mucho más allá de un solo puerto y que refuerza su presencia en el Pacífico latinoamericano.
El fallo judicial. La chispa del conflicto ha sido la resolución de un tribunal peruano que ordena a las autoridades abstenerse de regular, supervisar o sancionar la actividad del puerto de Chancay, al considerarlo una instalación privada.
El regulador Ositran, que controla el resto de grandes puertos del país, ha denunciado que esta excepción deja desprotegidos a los usuarios y crea un precedente peligroso, al convertir a la empresa operadora en la única que presta un servicio público sin supervisión directa del Estado. El organismo ya ha anunciado que recurrirá la decisión.
Cosco, soberanía y líneas rojas. La empresa china Cosco Shipping, accionista mayoritaria y operadora del puerto, ha rechazado cualquier insinuación de pérdida de soberanía y sostiene que Chancay sigue plenamente bajo jurisdicción peruana y sujeto a sus leyes, con presencia de policía, aduanas y autoridades ambientales.
Para China, las acusaciones estadounidenses son una maniobra política y una campaña de descrédito, mientras que para Washington el problema no es solo legal, sino estratégico: quién controla, de facto, la gran puerta de entrada de Sudamérica al comercio transpacífico.
En Xataka Móvil
Las sanciones de EEUU han llenado tanto las fábricas de China que el gigante local de los chips debe elegir: o la IA o los móviles
Perú atrapado entre dos potencias. El país se encuentra así en una posición incómoda, con China como su principal socio comercial y Estados Unidos como aliado estratégico y socio militar, designado incluso como aliado principal no perteneciente a la OTAN. Mientras Washington negocia la construcción de una base naval a pocos kilómetros de Chancay, Pekín consolida su influencia económica alrededor del mismo enclave.
El resultado es una nación situada en medio de una batalla geopolítica mayor, una donde una infraestructura portuaria se ha convertido en el símbolo de una elección difícil: aprovechar una oportunidad económica sin que esa puerta gigante al Pacífico termine condicionando su soberanía y su margen de maniobra internacional.
Imagen | Cosco
En Xataka | China lleva ocho años construyendo un megapuerto en Perú. Se acaba de estrenar para revolucionar América del Sur
En Xataka | 10€ de pedido, 30€ de aranceles: la UE acaba aprobar la madre de los aranceles para Aliexpress, Shein y Temu
-
La noticia
"El dinero chino sale caro": Perú le dio las llaves de una puerta gigante a China que EEUU ahora quiere dinamitar
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
"El dinero chino sale caro": Perú le dio las llaves de una puerta gigante a China que EEUU ahora quiere dinamitar
Perú tiene ante sí una infraestructura portuaria que se ha convertido en el símbolo de una elección difícil
Durante años, Chancay fue un puerto secundario en la costa central del Perú, uno ligado a la exportación regional y con un peso limitado en el comercio internacional. Todo cambió cuando, a comienzos de la década de 2010, el proyecto empezó a transformarse en megaconstrucción pensada para recibir los mayores buques del mundo, un salto que culminó con la entrada de capital chino y la inauguración de una obra llamada a redefinir el papel del país en el comercio del Pacífico.
Una puerta gigante al Pacífico. Perú se ha convertido ahora en escenario central de la rivalidad entre China y Estados Unidos por una razón muy concreta: el megapuerto de Chancay, una infraestructura de aguas profundas al norte de Lima que actúa como una puerta directa entre Sudamérica y Asia y que ha elevado al país andino de socio comercial a pieza estratégica.
Como decíamos, con capacidad para recibir los mayores buques de carga del mundo y acelerar el flujo de materias primas hacia China, el puerto simboliza cómo una obra logística puede alterar equilibrios regionales y situar a un país en medio de una disputa entre potencias.
El aviso directo. Desde el Departamento de Estado de Washington, la administración de Donald Trump calificó el caso como un ejemplo de cómo el “dinero chino barato” puede erosionar el control nacional sobre infraestructuras críticas, una advertencia inusualmente dura al señalar que Perú podría estar perdiendo soberanía sobre una de sus infraestructuras críticas, tras un fallo judicial que limita la capacidad del regulador nacional para supervisar Chancay.
Para Estados Unidos el mensaje es claro: el dinero chino, presentado como barato y rápido, tiene un coste político a largo plazo. Un caso que se ha convertido en ejemplo de la estrategia estadounidense para frenar la expansión de la influencia china en el hemisferio occidental y recuperar terreno en una región que considera vital para su seguridad y su liderazgo global.
China y la Ruta de Seda en América Latina. Lo contamos hace un tiempo. Para Pekín, Chancay es una pieza clave de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, el gran proyecto con el que ha financiado puertos, carreteras y aeropuertos en todo el mundo mediante créditos y garantías estatales.
China es desde hace más de una década el principal socio comercial de Perú y ha invertido de forma masiva en sectores estratégicos como la minería, la electricidad y el transporte, consolidando una relación económica profunda que va mucho más allá de un solo puerto y que refuerza su presencia en el Pacífico latinoamericano.
El fallo judicial. La chispa del conflicto ha sido la resolución de un tribunal peruano que ordena a las autoridades abstenerse de regular, supervisar o sancionar la actividad del puerto de Chancay, al considerarlo una instalación privada.
El regulador Ositran, que controla el resto de grandes puertos del país, ha denunciado que esta excepción deja desprotegidos a los usuarios y crea un precedente peligroso, al convertir a la empresa operadora en la única que presta un servicio público sin supervisión directa del Estado. El organismo ya ha anunciado que recurrirá la decisión.
Cosco, soberanía y líneas rojas. La empresa china Cosco Shipping, accionista mayoritaria y operadora del puerto, ha rechazado cualquier insinuación de pérdida de soberanía y sostiene que Chancay sigue plenamente bajo jurisdicción peruana y sujeto a sus leyes, con presencia de policía, aduanas y autoridades ambientales.
Para China, las acusaciones estadounidenses son una maniobra política y una campaña de descrédito, mientras que para Washington el problema no es solo legal, sino estratégico: quién controla, de facto, la gran puerta de entrada de Sudamérica al comercio transpacífico.
Perú atrapado entre dos potencias. El país se encuentra así en una posición incómoda, con China como su principal socio comercial y Estados Unidos como aliado estratégico y socio militar, designado incluso como aliado principal no perteneciente a la OTAN. Mientras Washington negocia la construcción de una base naval a pocos kilómetros de Chancay, Pekín consolida su influencia económica alrededor del mismo enclave.
El resultado es una nación situada en medio de una batalla geopolítica mayor, una donde una infraestructura portuaria se ha convertido en el símbolo de una elección difícil: aprovechar una oportunidad económica sin que esa puerta gigante al Pacífico termine condicionando su soberanía y su margen de maniobra internacional.