Para la mayoría de la gente, la IA se ha convertido en un juguete
Regala esta noticia Añádenos en Google El logo de OpenAI. (Reuters) 19/09/2026 a las 00:02h.La primera vez que oí hablar de la Inteligencia Artificial, sin saber apenas en qué consistía ni cuál sería su alcance, me malicié que podría ... tratarse de una nueva herramienta que el género humano se apresuraría a utilizar para lo que mejor sabe: hacer el tonto. Visto lo visto, solo me equivoqué en aplicarle la condición de 'herramienta', ya que, según explica Yuval Noah Harari, no se trata de eso, sino de un «agente» con autonomía para pensar, para tomar decisiones y para actuar por su cuenta. Una herramienta es un cuchillo, por ejemplo, y la decisión de usarlo para trinchar un pollo o para asesinar al vendedor de pollos es nuestra, no del cuchillo. La IA, en cambio, sería el cuchillo y a la vez la intención de la mano que lo empuña.
Bien… Desde los albores de la Humanidad, hemos tenido el empeño de crear dioses y de creer en dioses. Una especie de folclore teológico que varía según en qué zonas del mundo se desarrolle ese anhelo de trascendencia. Históricamente, y sin salir de nuestra civilización occidental, hay quienes se han empeñado en hacer de Dios una presencia viva y hay quienes se han afanado en matarlo. En ambos casos se trata de una pugna metafísica que no puede basarse en ningún fundamento científico, sino puramente retórico. Pero he aquí que de repente aparece la IA y, más allá de la ciencia y de la retórica, se convierte en una deidad tecnológica incuestionable, cuya inexistencia, al contrario que la de cualquier otra deidad, no es debatible, al ser innegable su existencia.
Después de muchos siglos de controversias y guerras religiosas, de proliferación de sectas y visionarios, de herejías y dogmas, de santos pecadores, de mesías y profetas, aparece la IA, en fin, y resulta que es el Dios verdadero y único, el Dios que nunca había pasado de ser una entelequia y se convierte en un abrir y cerrar de ojos en una deidad reverenciada a nivel ecuménico. Un Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente -este sí- que conoce todo de nosotros. De rebote, cobra sentido la imagen de un Dios vengativo que, según avisan quienes dicen saber de estas cosas, podría acabar con la Humanidad mediante el mítico Armagedón.
Pero, mientras tanto, sigamos divirtiéndonos con el juguete.
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