- SERGIO SAIZ Nueva York
La presencia del ICE se ha intensificado en barrios neoyorquinos, como Astoria o Jackson Heights; mientras, la gobernadora del estado quiere limitar por ley el poder de los agentes federales en Nueva York
La sombra de las redadas federales antiinmigración se cierne sobre Nueva York. Tras recorrer el país y dejar ciudades literalmente incendiadas, como ha ocurrido en Los Ángeles o, recientemente en Minneapolis, el ejército de Trump se acerca a la última ciudad santuario de EEUU que resiste en pie. Aunque el Servicio de Control de Inmigración está presente en Nueva York desde hace tiempo, sus operaciones se han limitado a casos muy concretos y sin grandes altercados. Hasta ahora. Desde hace unos días, empieza a ser habitual ver agentes del ICE paseando por las aceras de Queens, tanto en Astoria como en Jackson Heights, vecindarios con una clara mayoría de residentes latinos y asiáticos. Aquí vivía hasta hace solo unos meses el actual alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, el primer regidor musulmán de Nueva York que ganó las elecciones precisamente posicionándose como el último bastión demócrata contra Trump. ¿Resistirá?
Aunque Nueva York siempre ha sido un foco secundario de la vigilancia migratoria federal en comparación con ciudades fronterizas, la intensificación de sus acciones tanto en el área metropolitana como en las ciudades de alrededor han disparado todas las alarmas. El pasado fin de semana fue el turno de Hoboken (New Jersey), frente a Manhattan, justo al otro lado del río Hudson. Salir de casa sin un silbato ya no es opcional para muchos vecinos. A golpe de pitidos es como se alerta de redadas inminentes en cuanto alguien detecta la presencia del ICE. También se grita 'hielo' en español, ya que el término traducido al inglés coincide con las siglas de la temida agencia federal. Hace tan solo unas semanas nació Alma, una nueva red social para enviar alertas inmediatas a contactos de urgencia en caso de ser detenido. Comparte la ubicación del usuario con sus allegados en tiempo real para que puedan intentar localizarlo antes de desaparecer durante días en el opaco laberinto burocrático de los procesos de deportación exprés.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, en el centro de la polémica por su gestión de la crisis de Minneapolis, está decidida a poner fin como sea a lo que ha llamado "refugios de criminales", en referencia a las ciudades santuario gestionadas por los demócratas. Ahora, es el turno de Nueva York. Durante una rueda de prensa en el One World Trade Center, el rascacielos más grande de Occidente y considerado un faro de libertad tras los ataques del 11-S, dejó claro que no consentirá que Mamdani se oponga a su plan para "garantizar la seguridad pública" desplegando su ejército antiinmigración.
¿Y qué puede hacer el alcalde de la ciudad más grande de EEUU? Visto lo ocurrido en Minneapolis o Los Ángeles, poco margen de maniobra tienen las autoridades locales frente a las federales. En su ayuda ha salido la gobernadora del estado, Kathy Hochul, que prepara una batería de medidas legislativas para limitar aún más la colaboración entre las fuerzas locales y los agentes del ICE. En coordinación con otros estados, los legisladores regionales trabajan contrarreloj para cambiar las leyes y que los agentes federales tengan que responder ante la Justicia si "abusan de los derechos civiles de los ciudadanos". Mientras, Mamdani se ha unido al resto de regidores de otras ciudades afectadas para hacer un llamamiento para "abolir el ICE", gesto tan simbólico como inútil y al que evidentemente la Casa Blanca ni se ha molestado en responder.
Mientras tanto, la tensión en Nueva York crece. Y no solo en Queens. También dentro de Manhattan, a tan solo unos pasos de Wall Street -que, por cierto, guarda un silencio ensordecedor-, con el epicentro en el edificio 26 Federal Plaza, donde se encuentran, entre otros servicios federales, la Oficina de Asuntos de Inmigración. Es allí donde tienen que acercarse cada día cientos de personas para tramitar cualquier gestión con la Administración. Y es allí, en las colas de las ventanillas, donde cada vez son más habituales las imágenes de detenciones durante chequeos rutinarios.
Frente a la "militarización" que denuncian las organizaciones de derechos civiles, que no descartan hacer llamadas a la movilización ciudadana si la tensión sigue escalando, desde el Ayuntamiento llaman a la calma e intentan no alimentar el clima de miedo y animadversión contra el ICE para que Nueva York no se convierta en el próximo escenario de las batallas urbanas que se han vivido por todo el país en los últimos meses, desde las más recientes en Minneapolis, hasta las protagonizadas en Los Ángeles, Chicago, Portland...
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