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Instante de la detención del supuesto estafador sentimental en la bautizada como operación 'Cucaracho'. SUR Operación Cucaracho El estafador de Málaga que seducía a mujeres y simulaba su propio secuestro para cobrar el rescateLa denuncia de una víctima ayudó a la Policía Nacional a localizar a otra segunda, quien encadenó préstamos en su intento de salvar al detenido, ya que creía que llevaba meses retenido por un grupo criminal
Domingo, 15 de febrero 2026, 00:41
... Intercambian varios mensajes y descubre que es una persona sensible y atenta. Él se deshace en halagos y le asegura que está muy interesado en conocerla. Ella, que está lidiando con problemas de salud muy serios, empieza a pensar que ha encontrado a alguien especial y acaba por dejarle entrar en su vida. Pero este no es el principio de una historia de amor, sino de una estafa que ha dejado a dos mujeres en la ruina. Y la Policía sospecha que podrían no ser las únicas.Se le bautizó como operación 'Cucaracho', y se inició después de que el caso llegase a la Comisaría de Distrito Norte de Málaga el pasado julio, a donde acudió Laura para interponer una denuncia. La mujer, que había vivido muchísimos episodios de ansiedad, no sabía ni por dónde empezar su relato.
Según contó, hacía meses que había conocido a un hombre en una aplicación de citas, con el que inició una relación. Recordó que la primera vez que se vieron, casi ni lo reconoció. Había ganado peso y su físico ya no tenía nada que ver con el que exhibía en las imágenes, tomadas en realidad hacía años, cuando pasó por prisión. Ella no le dio demasiada importancia.
Él le dijo que trabajaba como 'trader' (en la compraventa de activos financieros) y solía presumir de lo bien que le iba en el ámbito profesional. Lo cierto, según la investigación, es que sus gestiones en bolsa, oro o petróleo acababan en la mayoría de las ocasiones en un agujero de pérdidas económicas.
También dijo a Laura que la suya era una historia de superación, porque tuvo un pasado complicado en el que acabó en prisión por tráfico de sustancias, pero que había aprendido y ahora era un hombre nuevo. Le aseguraba que quería cuidarla, ya que ella se encontraba de baja médica y en uno de los momentos más complicados de su vida a causa de su enfermedad.
Al principio, la hizo sentir única y querida. También le aseguraba que jamás sería capaz de maltratar a una mujer. Las pesquisas policiales, no obstante, apuntan a que Laura -y más tarde descubrieron que también Marina- fue víctima de una violencia psíquica marcada por la manipulación emocional y la crueldad, hasta el punto de mofarse -presuntamente- de que no podría tener hijos a causa de su enfermedad.
Situación precaria
Como explica a SUR la jefa del Grupo I de Investigación de la Comisaría de Distrito Norte, la inspectora Rocío Morales, casi todo lo que este hombre contó era mentira (o verdades a medias, como que estuvo en prisión y eso le había hecho ser mejor persona; o que tenía una carrera de éxito). Laura lo descubrió cuando ya era demasiado tarde.
El presunto estafador sentimental, que solía mostrarle capturas de pantalla con las sumas ganadas con su profesión, le explicó que necesitaba dinero para hacer una inversión, la cual tenía todas las garantías de salir bien. Estando ella de pruebas médicas, él supuestamente insistía y desviaba la conversación para convencerla de que le hiciera una donación por valor de 30.000 euros. Al final, accedió.
A partir de ahí se hizo más evidente el calvario de Laura, que quedó en una situación económica muy precaria tras entregarle los ahorros de toda su vida. De acuerdo con los investigadores, la tenía completamente controlada económicamente, lo que también supondría una forma de maltrato. Al principio recibía excusas por parte de su supuesta pareja, en las que incluso participaba la verdadera novia del hombre, que se hacía pasar por su familiar.
Luego, el sospechoso continuó presuntamente con las vejaciones y las humillaciones. Cuando Laura se presentó en comisaría, ya había tenido que pedir dinero prestado porque se había quedado en la ruina. Solo recuperó 3.000 euros, y fue después de anunciarle que interpondría una denuncia. Pero lo que más le dolió fue el supuesto machaque emocional al que su supuesta pareja, a quien ya ni reconocía, la había sometido durante meses.
Los investigadores detuvieron al hombre tras aquella denuncia, aunque quedó en libertad provisional tras su puesta a disposición judicial. Además del arresto, los agentes intervinieron varios dispositivos para el volcado de los mismos. Cuando accedieron a su contenido, comprobaron que había otra segunda víctima.
Falso secuestro
Así llegaron hasta Marina, la perjudicada que reside en Mislata. La inspectora contactó con ella y esta le reconoció que era su pareja. Llevaban dos años de relación. La agente, con el máximo tacto posible, le explicó todos los indicios que habían reunido de que este hombre era un estafador sentimental.
La víctima, que no daba crédito, lloraba amargamente al otro lado del teléfono, recuerda la investigadora. Según le confesó la mujer, se había endeudado hasta límites extremos encadenando préstamos para intentar ayudar a su supuesto novio, a quien, hasta ese momento, creía secuestrado desde hacía meses. Le había entregado más de 70.000 euros.
La víctima de Valencia fue encadenando préstamos y deudas para tratar de ayudar al supuesto estafador, al que entregó más de 70.000 euros
Ella también había conocido a este sujeto a través de una aplicación de citas. Como comprobaron los investigadores, el procesado habría utilizado la misma estrategia que empleó con Laura: presumía de que era 'trader', que era una persona reformada tras su paso por la cárcel y le hizo sentir que solo tenía ojos para ella.
A partir de ahí, enlazó una mentira tras otra con el fin de sacarle todo el dinero posible. Durante un tiempo, con ayuda de su verdadera pareja -que también se hizo pasar ante Marina por familiar-, le hizo creer se encontraba incomunicado en una celda de aislamiento de prisión, por lo que ella no podría ir a visitarlo. Y, por supuesto, que necesitaba efectivo para salir.
Una vez que, en su ficción, recuperó la libertad, contaron a la mujer que él había sido secuestrado por un grupo criminal a causa de unas deudas, siempre según el relato de la perjudicada. Durante meses, Marina vivió con enorme angustia, creyendo que él estaba retenido en una chabola, que no le daban de comer y que recibía palizas a diario.
Todo ello mientras ella atravesaba un proceso médico muy complicado, ante el que el hombre no habría mostrado ni un mínimo de empatía. Al contrario, de acuerdo con la investigación, fue un contexto que aprovechó para continuar con su asfixia económica, recurriendo a técnicas de manipulación, chantaje y maltrato emocional.
Según expone la inspectora, el propio sospechoso se hacía pasar por sus falsos captores y enviaba mensajes a Marina en los que pedían dinero por su rescate, siempre bajo la amenaza de que, de lo contrario, acabarían con su vida. En otra ocasión, también le hizo creer que había sido víctima colateral de un tiroteo que se produjo en Carretera de Cádiz, para lo que incluso mandó a la mujer enlaces de la noticia sobre el suceso. Como comprobaron los efectivos, el hombre no sufrió ningún disparo en este incidente armado.
Debido a la situación de desasosiego y vulnerabilidad en la que se encontraba la perjudicada, los investigadores dedicaron un teléfono corporativo para estar en contacto exclusivo con ella. Más allá de la labor profesional, los agentes se han volcado con ambas víctimas para que pudieran empezar a recuperarse de la película de terror en la que han vivido inmersas.
Agravantes
También con Marina se han producido situaciones que los agentes enmarcan en el marco de la violencia de género continuada, con humillaciones y vejaciones muy graves. A juicio de la investigadora, sufrió un maltrato continuado «de manual». A pesar de los esfuerzos de él por eliminar los mensajes, los investigadores han localizado audios que probarían el presunto maltrato psicológico, en las que la haría pasar del cielo al infierno en función de sus necesidades.
Como apunta la inspectora, hay otra agravante detectada, y es la situación de gran precariedad en la que quedan las víctimas, una de las cuales tuvo hasta cortes de suministro al no tener dinero para pagar ni el agua ni la luz porque todo se lo había entregado al presunto estafador.
Al parecer, el hombre acudía a redes como Tinder o Pof en busca de perfiles vulnerables y llevaba a cabo -supuestamente- su timo de una manera estructurada, tomando incluso precauciones para tratar de no dejar rastro de sus mensajes. Inicialmente, tenía configuradas las aplicaciones para que las conversaciones se eliminaran de manera automática al cabo de 90 días, pero cuando solicitaba dinero, cambiaba la configuración a 24 horas.
Del mismo modo, los efectivos comprobaron que solo en el tiempo que duró la mentira con Laura había usado hasta tres líneas diferentes, mientras que con Marina fueron cinco. Con todos los indicios recabados, la Policía Nacional volvió a detenerlo, junto a su pareja, el pasado 19 de enero. Ahora se encuentran en situación de libertad provisional mientras continúa la instrucción de la causa en el juzgado.
Los investigadores sospechan que el podrían haber más víctimas del presunto estafador emocional. De ser así o haber vivido una historia similar, pueden acudir a dependencias de la Policía Nacional.
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