La explicación técnica: placas, daños y resonancia
"La mesa del comedor comenzó a moverse [...]. Pensábamos que era un temblor; luego empezó a moverse mucho más fuerte. Las paredes se estaban resquebrajando y el techo botaba partes. Pensábamos que se nos iba a caer encima", dice Verónica Cañas en entrevista.
Ella y su familia lograron llegar hasta una cancha deportiva frente al edificio, donde comenzaron a reunirse otros vecinos. Ahí los alcanzó una nueva sacudida. “Todos nos abrazamos con mucho miedo porque no estamos acostumbrados a esto. En México y en Chile hay una cultura antisísmica y la gente ya está preparada ante una alarma, ante ciertos movimientos, pero nosotros no", comenta.
La experiencia de Verónica resume una de las principales diferencias entre Venezuela y otros países con mayor actividad sísmica: aunque el territorio se encuentra sobre el contacto entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, terremotos de esta magnitud son poco frecuentes para gran parte de la población.
Alan Damián Sánchez Pulido, ingeniero civil por la Universidad Iberoamericana y especialista en identificación de daño estructural, explica que el origen del fenómeno se encuentra precisamente en la interacción entre ambas placas tectónicas.
"En Venezuela, la interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana es un movimiento paralelo; eso es lo que pudo haber ocasionado que se generaran dos sismos de una magnitud considerable de manera tan seguida", señala.
A diferencia de México, donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa Norteamericana, en Venezuela el desplazamiento lateral favorece escenarios distintos. "Es un fenómeno muy raro, pero la probabilidad no es cero. Puede ocurrir en cualquier lugar del mundo donde exista interacción entre placas tectónicas", explica.
Venezuela cuenta con distintos tipos de terreno, desde zonas rocosas hasta suelos arcillosos y blandos. Cada uno modifica la forma en que las ondas sísmicas llegan a la superficie y, por lo tanto, la respuesta de las edificaciones.Project HOPE, entre las necesidades más urgentes están vendajes, material de sutura, medicamentos y herramientas especializadas para liberar personas atrapadas entre los escombros.La respuesta ante a la emergencia
Frente a esa realidad, comenzó a surgir otra respuesta: la de la ciudadanía. Mientras las autoridades trataban de atender la emergencia, iglesias, universidades, organizaciones civiles y vecinos empezaron a instaurar centros de acopio para enviar alimentos, ropa y medicamentos a las zonas más afectadas.
"Los ciudadanos nos estamos organizando [...] La iglesia está recogiendo ropa y alimentos; vecinos con sus motos están llevando ayuda y también están ayudando a remover escombros”, cuenta Verónica.
Carolina describe una dinámica similar: "En Caracas ya hay centros de acopio organizándose para bajar ayuda a La Guaira, aunque parece que hay problemas para acceder al estado".
Burger destaca que la diáspora comenzó a articular plataformas digitales para localizar personas desaparecidas, coordinar donaciones, ofrecer apoyo psicológico y compartir información en tiempo real.
La organización también se extendió fuera del país. Estados Unidos anunció que comprometió 150 millones de dólares para atender la emergencia: 50 millones serán distribuidos a través de organizaciones como World Vision y Samaritan's Purse, y otros 100 millones se incorporarán a un fondo de las Naciones Unidas para Venezuela.
Por su parte, México envió 250 elementos de la Secretaría de Defensa Nacional, cinco perros especializados, cuatro aeronaves y un dron de búsqueda y rescate, mientras que España desplegó equipos de la Unidad Militar de Emergencias y personal de cooperación para fortalecer las labores de búsqueda, rescate y atención humanitaria.
Venezuela hoy enfrenta las consecuencias del doblete sísmico, pero este fenómeno también deja lecciones para otros países expuestos a terremotos, entre ellos México. Para Alan Sánchez Pulido, más allá de las diferencias entre reglamentos de construcción o tecnologías de diseño, el aprendizaje más importante está en la cultura de la prevención.
"Muchas veces solo nos preocupamos por un sismo cuando ya ocurrió y si pasa mucho tiempo sin uno importante, dejamos de hacer simulacros, dejamos de atender las indicaciones de Protección Civil y olvidamos que puede suceder en cualquier momento", advierte.
Sánchez Pulido insiste en que no existe una temporada de terremotos ni un intervalo predecible entre un evento y otro. “Puede ser en un minuto, en dos días o en 100 años. Lo importante es saber cómo reaccionar”, dice.
Mientras ingenieros evalúan estructuras, rescatistas buscan sobrevivientes y especialistas analizan las causas del fenómeno, la población venezolana sigue haciendo lo que está a su alcance: organizarse, compartir recursos y sostenerse unos a otros.