- ANDRÉS STUMPF
- El BCE sube los tipos de interés por primera vez en casi tres años, hasta el 2,25%
- La subida de tipos del BCE favorece al ahorro y presiona a los hipotecados
Una resolución del cierre del estrecho de ormuz en el tercer trimestre era la base del escenario benigno contemplado en las nuevas proyecciones.
El desarrollo de los conflictos bélicos y geopolíticos que marcan desde hace años la senda de la economía global es absolutamente imposible de predecir. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán para declarar un alto al fuego y reabrir el estrecho de Ormuz es la última prueba de ello; una que, además, podría abrir un panorama completamente diferente para Europa y su política monetaria.
El pasado jueves, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, presentaba un escenario benigno en sus proyecciones macroeconómicas que pasaba por una rápida resolución de la guerra de Irán en el tercer trimestre del año. En la rueda de prensa, la banquera central reconocía que estos supuestos eran "más positivos" y que "era su trabajo tenerlos en cuenta aunque en estos momentos es poco probable que se materialicen".
Pero en este mundo tan dado a los extremos, las nubes llegan con tanta rapidez e imprevisibilidad como se van. Tras el acuerdo tejido por Donald Trump, los precios del petróleo aceleran su descenso y ya marcan los niveles que se mueven alrededor de los 80 dólares, la cota que describía el escenario benigno del BCE.
"Es probable que la trayectoria prevista refleje [en el escenario benigno] las expectativas de los inversores de que el conflicto pueda resolverse muy rápidamente, lo que conduciría a una rápida normalización de los mercados mundiales de petróleo y gas y a que los precios volvieran a sus niveles anteriores a la guerra para finales de 2026", indicaba la institución con sede en Fráncfort para este escenario que ahora puede convertirse en realidad.
Porque la normalización del shock de la energía puede llegar antes de que el BCE vea evidencias sólidas de efectos de segunda ronda en la inflación causados por un acelerón de los salarios. De ser así, la autoridad monetaria se encontraría en una buena posición para no tener que subir más los tipo de interés y evitar más daño a la economía.
Las proyecciones del BCE toman como dada la evolución de los tipos en función de las expectativas que tiene el mercado en el momento en el que se elaboran y que afectan al resto de parámetros, como el crecimiento y la inflación. En el caso de la última reunión, los inversores apuntaban a entre dos y tres alzas de 25 puntos básicos este año de las que una ya se habría llevado a cabo la pasada semana.
Tipos de interés
Bajo ese supuesto, en el escenario benigno que ahora vuelve a abrirse camino la inflación en la zona euro descendería al 1,8% en los próximos dos años, es decir, por debajo del objetivo de la estabilidad de precios. Esto implicaría que el BCE estaría desarrollando una política monetaria más restrictiva de lo deseable, lo que podría llevarle a reducir el número de las subidas de tipos previstas a tan sólo una más o, incluso, ninguna, en función de lo rápido que la economía deje atrás el shock energético.
"A medida que los precios de la energía vuelven a bajar con mayor rapidez, el impulso inflacionario se desvanece más rápidamente, la incertidumbre disminuye, las condiciones de financiación se normalizan y la demanda externa se fortalece", plantea la institución presidida por Christine Lagarde.
El escenario benigno apunta a precios del petróleo que descienden hasta una media de 64 dólares por barril para el conjunto del año que viene, lo que supone niveles incluso más bajos que los registrados a lo largo del pasado ejercicio. Cuanto más tiempo se dilataba el conflicto, más lejana parecía esta posibilidad no tanto por el hecho de las negociaciones de paz no pudieran llegar a buen puerto, sino porque la percepción del encarecimiento de los precios podía llevar a los consumidores y a las empresas a buscar compensaciones y provocar una espiral inflacionista. Además, la guerra podía causar nuevos daños en las infraestructuras energéticas clave que impidieran una rápida vuelta a la normalidad.
Lo que no parece estar sobre la mesa es un regreso rápido a los tipos del 2% de antes del conflicto. Según detalló Lagarde, incluso el escenario más benigno era consistente con la subida del precio del dinero que llevaron a cabo y, por tanto, no debería haber presión por revertir el movimiento.
Flexibilidad
Pero más allá de si el BCE acertó o no subiendo los tipos, la realidad es que la evolución de los acontecimientos, tanto en relación a la escalada de la guerra en Irán como ahora con el acuerdo de paz, reflejan la enorme volatilidad que enfrentan los grandes bancos centrales. El gran ganador del episodio es la estrategia flexible del BCE.
La autoridad monetaria ha abogado en todo momento por vigilar la evolución del conflicto mostrándose contundente, pero, al mismo tiempo, sin atarse a ejecutar ajustes en una u otra dirección que pudieran comprometer su credibilidad si la situación cambiaba. Una hoja de ruta que seguirá utilizando en el futuro.
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