Ni fotos permanentes ni exposición pública. Las generaciones Z y Alfa imponen el 'silencio digital' para proteger su futuro laboral y evitar a los ciberdelincuentes
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock) 28/05/2026 a las 00:05h.Las nuevas generaciones están dejando de compartir su vida en las redes sociales. Se habla mucho de que son superdependientes del móvil, que se tiran ... horas frente a la pantalla, que están absorbidos por los vídeos de TikTok... pero luego ellos no suben nada o casi nada. No hay más que echar un vistazo a las diferentes plataformas para darse cuenta. Atrás quedaron los días en que publicábamos fotos y vídeos sin pensárnoslo dos veces y etiquetábamos a nuestros familiares o amigos, incluso en las situaciones más delicadas.
Como no dejan de repetir los expertos en ciberseguridad, lo que se cuelga en internet permanece sin excepción. Nada puede garantizar que una foto en plena fiesta no termine llegando, años después, a nuestro entorno laboral o académico. De hecho, son habituales los perfiles descartados en ofertas de trabajo a raíz de sus huellas digitales: declaraciones controvertidas hechas públicas en pleno arrebato adolescente, vídeos subidos de tono...
Ante esto, las generaciones Z (los nacidos entre 1997 y 2012) y Alfa (a partir de 2013) optan por un silencio digital que busca, asimismo, evitar el uso de sus publicaciones con fines comerciales o publicitarios. También sortean de este modo a los ciberdelincuentes: saben que revisan las publicaciones para intuir los sitios que frecuentan, sus amistades, sus costumbres... y así ganarse su confianza y someterles a extorsión o acoso. Si apenas encuentran imágenes, no tienen de donde tirar. Aunque el silencio de los 'centennials' no es total: también comparten cosas, pero de diferente manera. Lo más habitual es que usen las 'stories' o publicaciones efímeras que desaparecen al cabo de 24 horas. Con esto, se reducen las posibilidades de que se viralicen o se saquen de contexto.
Un consumo pasivo
La irrupción de aplicaciones como TikTok también han marcado un punto de inflexión respecto al uso que los nativos digitales hacen de las redes. Al priorizarse el 'scrolling' (deslizar el dedo de forma continuada por la pantalla del móvil para reproducir un bucle infinito de vídeos breves), los consumos sociales resultan mucho más pasivos. Lo que en un principio estaba diseñado para atrapar, a los zetas y alfas les da pereza. Sienten desidia por dedicar tiempo a crear contenidos que cada vez tienen menos alcance. De momento, lo que sí continúan haciendo es consultar lo que hacen otros.
Otro fenómeno que apuntala su desapego por compartir cosas en redes está en sus servicios de mensajería instantánea, que ha desviado el tráfico hacia ellos: los jóvenes entran para comunicarse en privado con su red de contactos, sin reparar en las publicaciones más públicas. La necesidad de oxigenación digital entre los nuevos usuarios no es ningún invento, es real. Hasta un 38% de los adolescentes españoles está dispuesto a desinstalar sus redes sociales, según un reciente informe de la firma SPC.
Menos redes para sentirse mejor
No hay que compararse. Este es el mantra que repiten siempre los especialistas de salud mental cuando hablan de las redes sociales. Sobre todo ante personas que se sienten mal por no tener una vida extraordinaria como esos influencers que ven. Y es que lo que en principio se convirtió en un polo de atracción –cotillear cómo viven y qué hacen–, ha terminado como una gran fuente de frustración. Un estudio de las universidad de Cambridge y Oxford y el Donders Institute for Brain, Cognition and Behaviour constató cómo «un mayor uso de redes sociales suele aparejar una menor satisfacción personal, baja autoestima y problemas de bienestar emocional». Y esto no se escapa a las nuevas generaciones, que reducen la exposición a contenidos que no les aportan nada... bueno.
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