La lectura del auto hace dudar a los socialistas y a sus socios de que exista animadversión por parte del juez, aunque en el PSOE se aferran a que «no hay pruebas directas» contra el expresidente
Regala esta noticia Añádenos en Google Sánchez, sus ministros y dirigentes del PSOE este miércoles en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. (EFE)Madrid
20/05/2026 Actualizado a las 14:15h.La lectura detallada del auto en el que el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama detalla las razones que le han llevado a ... llamar a declarar a José Luis Rodríguez Zapatero como imputado por liderar «una estructura organizada y estable orientada al ejercicio ilícito de influencias» no ha sido inocua. Pedro Sánchez dejó claro este miércoles durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso que la consigna de defender el buen nombre del expresidente sigue intacta, pero en Moncloa admiten que el trabajo judicial es «sólido» y los socios del Ejecutivo advierten de que apuntar alegremente al 'lawfare', como en la víspera hicieron tanto el PSOE como algunos de ellos, quizá fuera precipitado.
resolución de 88 páginas que, tras analizar las comunicaciones intervenidas y la documentación recabada, «concurren los requisitos» exigidos para entender la «existencia de una influencia ejercida o simulada», una «orientación» del exjefe del Ejecutivo destinada a «la obtención de una resolución administrativa concreta»; y una «vinculación funcional entre la influencia y el beneficio económico». «El esfuerzo del juez por detallar y amarrar los indicios es indiscutible», reconoce un ministro con peso en el Gobierno. Y, sin embargo, matiza: «Pero no hay pruebas concluyentes».Ese es el mantra al que ahora, 24 horas después de encajar el golpe, se intentan aferrar en el PSOE. Nadie repite ya eso de que estamos ante 'el que pueda hacer que haga' de José María Aznar «en su máxima expresión», como dijo la secretaria de Organización, Rebeca Torró, el martes; ni se lamenta con un «no pararán» como el de la portavoz de la Ejecutiva, Montse Mínguez, ni vincula las pesquisas con «la inquina de la derecha» o con una demanda de Manos Limpias, como hizo la ministra Elma Saiz. Pero en el Ejecutivo sí esgrimen que con lo que hay no se puede dar nada por sentado, piden prudencia hasta el 2 de junio, el día de la declaración, y, sobre todo, remarcan: «Esto no es lo de Santos Cerdán».
El 12 de junio del pasado año, a Sánchez le bastó leer el informe de la UCO contra el exsecretario de Organización del PSOE -al que, pese a los rumores, había defendido a capa y espada y revalidado en el congreso federal del partido, siete meses antes- para llamarlo a la Moncloa y exigirle la dimisión. Con su antecesor, el exministro de Transportes, José Luis Ábalos -solo diputado cuando la Guardia Civil detuvo a su mano derecha, Koldo García- fue también tajante. No había imputación y ya le exigió el acta. Pero los socialistas sostienen que aquí las cosas no están tan claras.
«Son terceros»
En el Gobierno recuerdan que en el auto contra Cerdán había conversaciones intervenidas del propio exsecretario de Organización hablando de dinero. En el de Zapatero, no. Remarcan que «son terceros» los que mencionan al expresidente y dicen haber recabado sus gestiones, y alegan que en el mundo de los comisionistas presumir de contacto directo con un político es moneda corriente para justificar las comisiones que se cobran. El reproche a Calama -«que no es Peinado», admiten no obstante, en el Ejecutivo- es que no aterriza qué gestión concreta hizo Zapatero, ante qué institución y a cambio de qué dinero.
En el ánimo del partido pesa el hecho de que Zapatero ha sido durante muchos años para buena parte del partido un referente ético. Muchas veces en el último año, el PSOE ha presumido de que el suyo fue el único Gobierno en el que no hubo casos de corrupción y siempre se le ha atribuido un cierto espíritu quijotesco e idealista, aunque algunos admitan ahora que no saben lo que ha podido dedicar sus esfuerzos en los últimos años y el hecho de que admitiera en el Senado tanto él como la empresa de sus hijas cobraban importantes cantidades de un empresario amigo en concepto de asesorías e informes ha chirriado a muchos. «El golpe con Santos tuvo carácter operativo; este es más moral», apunta un dirigente.
La intervención de Sánchez en la sesión de control -en la que no solo tuvo que enfrentarse a las estocadas del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, sino también a la inquietud de socios que, como Gabriel Rufián, habían dejado claro su deseo de creer al expresidente- marca por ahora el tono: «Toda la colaboración con la justicia, todo el respeto a la presunción de inocencia y todo mi apoyo al presidente Zapatero». Pero hay una ventana abierta a la rectificación. «Si llegan las pruebas, el que la haya hecho que la pague, pero paso a paso», dicen en el núcleo duro. El portavoz parlamentario del grupo socialista, el 'exlehendakari' Patxi López, lo resumió con claridad. «Que la Justicia investigue, que vaya hasta el final y que ponga las pruebas encima de la mesa. Y mientras tanto - remarcó- presunción de inocencia y por la vivencia personal mía con Zapatero, yo le voy a seguir defendiendo hasta que se demuestre lo contrario».
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