- JAVIER AYUSO
Lo han intentado todo, pero ya no valen los conejos que salen de la chistera ni las liebres que sueltan desde La Moncloa para hacer olvidar la corrupción rampante que asola al PSOE y al Gobierno.
Más de 120 socialistas están imputados, procesados o condenados y la lista puede aumentar, incluso llegar hasta su propio líder. Pedro Sánchez se empeña en seguir en el poder y ha dado órdenes de que nadie dimita o sea cesado pese a que la podredumbre ha llegado al partido, a la SEPI, a la cúpula de la Guardia Civil, a un expresidente y a su propia familia. Ni ellos mismos se creen que exista una conspiración contra el proyecto de izquierdas que representan. Son muchos juzgados, muchos magistrados y algunos fiscales valientes los que están dispuestos a limpiar de corrupción al país.
La factoría de contenidos de La Moncloa sigue lanzando liebres para intentar que los galgos o los cazadores desvíen la atención sobre los problemas reales de España. El último intento lo realizó el propio presidente anunciando que iban a retirar la condecoración que impuso la dictadura al polémico psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera, el "médico loco" del franquismo. Por supuesto que sus teorías y sus actuaciones eran deleznables, pero ¿de qué sirve ahora retirarle una condecoración a una persona que murió hace 66 años? Es un movimiento más para desenterrar la memoria histórica que quisimos olvidar los españoles durante la transición y que nos llevó a una reconciliación nacional necesaria tras una cruenta guerra civil y una terrible dictadura.
Pero Sánchez está dispuesto a distraer la atención frente a sus 120 camaradas presuntamente corruptos utilizando los medios que sean necesarios y cruzando las líneas rojas que requiera la situación. Llega incluso al ridículo de dar consejos a los españoles a través de su cuenta de TikTok, sobre los libros que tienen que leer o cómo ponerse unas gafas para mirar el eclipse de sol en agosto. Antes, por lo menos, distraía los problemas del país con actuaciones arriesgadas en política internacional o eslóganes con los que intentaba, en muchos casos con éxito, llegar a sus posibles electores. Pero ahora ha optado por enfrentarse a la cámara de su teléfono móvil para dar consejos inanes a los ciudadanos. Es como cuando Nerón tocaba la lira mientras Roma ardía.
La situación de España no está para tocar la lira. Y mucho menos para atacar a la Justicia cada vez que se descubre un nuevo caso de corrupción. En los últimos ocho años, Sánchez y sus más fieles colaboradores han puesto la mano en el fuego para defender a sus camaradas y cuando se la han quemado ni han hecho autocrítica ni han asumido ninguna responsabilidad política. Pero ya no se trata de casos aislados.
Los 25 imputados en el caso de la SEPI, el conglomerado empresarial público adscrito al Ministerio de Hacienda con casi 20.000 millones de euros en activos y 87.000 empleados, debería haber provocado una cascada de dimisiones al más alto nivel. No vale con que la que fuera su máxima responsable política, la exvicepresidenta primera y vicesecretaria general del PSOE, María Jesús Montero, diga que se "arrepiente de haber confiado en Vicente Fernández". Debería asumir la responsabilidad política y abandonar su cargo en el partido. Ya había puesto su mano en el fuego por media docena de imputados.
Lo de la Guardia Civil también clama al cielo. El magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha imputado a su directora general, Mercedes González, a su director adjunto, el teniente general Manuel Llamas, por el caso Leire referido a las presuntas cloacas del Estado organizadas de forma criminal para combatir los procedimientos judiciales que afectan al presidente, su partido, su gobierno y su familia. Pero en el PSOE aseguran que siguen creyendo en su inocencia. "La han imputado por dos cafés", decía sin que se le cayera la cara de vergüenza la portavoz de Ferraz.
El mes de julio va a ser especialmente complicado para el Ejecutivo. La lista de camaradas citados a declarar es muy extensa y no se descarta que más de uno "haga un Aldama" y tire de la manta en los casos más peliagudos que se están instruyendo. José Luis Rodríguez Zapatero no debería estar muy tranquilo ante la declaración de su amigo y presunto testaferro Julio Martínez, Julito, ni los hombres de confianza del presidente podrían dormir plácidamente los días previos a las declaraciones de Santos Cerdán y Leire Díez.
En medio de todos los escándalos, llama especialmente la atención que no se haya producido un movimiento interno solvente dentro del partido para hacer frente a la deriva sanchista. Los que ya han bautizado en La Moncloa como los "socialistas del viejo testamento", se limitan a alzar la voz de vez en cuando, pero no se han puesto al frente de la manifestación en contra del liderazgo de Sánchez, que está haciendo un daño enorme al PSOE, pero sobre todo al país.
El empeño de permanecer en el poder a cualquier precio pone en peligro los propios pilares de la democracia, empezando por la división de poderes. Pedro Sánchez demuestra a diario su desprecio por la Justicia y el Parlamento y mantiene una huida hacia adelante que empieza a hacer dudar a los españoles sobre lo que será capaz de hacer para seguir en La Moncloa. Son los socialistas los que tienen que actuar. Cuanto antes, mejor.
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