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Economía

El “internet socialista” de Salvador Allende y las lecciones que debemos aprender de este insólito experimento chileno

El “internet socialista” de Salvador Allende y las lecciones que debemos aprender de este insólito experimento chileno
Artículo Completo 1,273 palabras
Hace más de medio siglo, Chile creó Cybersyn: un sistema pionero en cibernética diseñado para gestionar la economía estatal en tiempo real. Este proyecto llegó a su fin con el golpe de Estado que destruyó el sueño socialista de Allende, pero el impulso innovador detrás de su creación aún se presta a varias reflexiones.
Javier CarbajalSoftware y Cómputo23 de agosto de 2026Agrega a WIRED como fuente preferida en Google

En 1970, Chile emprendió un experimento político que prendió todas las alarmas en Washington: la construcción de una vía democrática y pacífica hacia el socialismo. La elección de Salvador Allende como presidente inició un proceso que buscaba transformar la estructura económica del país sin abandonar las instituciones democráticas, las libertades civiles ni el Estado de derecho. El proyecto, conocido como “la vía chilena al socialismo”, resultaría en varias iniciativas de planificación central, incluyendo un experimento de lo más extravagante, al menos para su época: el proyecto Cybersyn.

Cybersyn pretendía ser un sistema que integraría computadoras, redes de comunicación y principios de cibernética para ayudar al gobierno a dirigir una economía cada vez más controlada por el Estado. Hoy en día, este experimento recibe el mote de “internet socialista” o “el internet de Allende”, pero su historia, según cuenta la periodista brasileña Laís Martins, es poco conocida, incluso en Chile. He de imaginar las miradas de asombro y escepticismo cuando las generaciones más jóvenes se enteran de que un gobierno latinoamericano en los 70 intentó emprender un proyecto socialista respaldado por una visión futurista y la tecnología disponible en su momento, que en aquel entonces y por aquellos lares, no era la más avanzada. Aun así, lo echaron a andar.

narra esta fascinante historia en su libro Cybernetic Revolutionaries: Technology and Politics in Allende’s Chile (MIT Press, 2011). Salvador Allende, por supuesto, era el rostro del gobierno de Unidad Popular, pero había otros personajes igual de instrumentales en este relato. Medina pone el foco en Fernando Flores, un joven ingeniero que ocupaba un puesto importante en la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). En julio de 1971, este funcionario le escribió una carta a un científico británico de nombre Stafford Beer, uno de los principales especialistas en cibernética aplicada a la administración de empresas. Flores quería saber cómo podían emplearse las ideas poco convencionales de Beer para gestionar no una empresa privada, sino la economía de todo un país. Beer aceptó con entusiasmo la invitación y, cuatro meses después, llegó a Chile como consultor del gobierno.

“Créanme, renunciaría a cualquiera de mis contratos actuales por la oportunidad de trabajar en esto”, escribió Beer a Flores. “Eso se debe a que creo que su país realmente lo va a lograr”.

Stafford Beer en la Universidad de St. Gallen en 1990.

By Universitätsarchiv St.Gallen | CC-BY-SA 4.0, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=141494297

El nacimiento de Cybersyn

Medina explica que la propuesta de Stafford Beer partía de su entendimiento del sistema nervioso humano: un sistema complejo podía funcionar mejor si encontraba un equilibrio entre un control centralizado y una autonomía local. En lugar de intentar que el gobierno supervisara directamente cada actividad económica, la cibernética permitiría recoger información, identificar problemas y concentrar la atención en los sectores que necesitaran intervención. Beer bautizó inicialmente su propuesta como Project Cyberstride, un sistema de información y control para la economía industrial.

El proyecto debía funcionar pese a las limitaciones tecnológicas y económicas de Chile. El país disponía apenas de cuatro computadoras centrales, todas muy solicitadas, y Beer consiguió acceso a una de estas. Para conectarla con las industrias nacionalizadas, el equipo recurrió a máquinas de télex conectadas a la red telefónica, satelital o de microondas. Entel tenía almacenadas 400 máquinas que habían sido compradas en la década anterior y nunca instaladas. Así, el proyecto podía construir una red nacional sin depender inmediatamente de nuevas importaciones, algo especialmente delicado en medio de la escasez de divisas y el bloqueo financiero impuesto por Washington.

El corazón informático era Cyberstride, un software capaz de analizar los datos de centros de producción, como fábricas. Empleaba técnicas de predicción estadística bayesiana para detectar cambios relevantes y determinar si los datos indicaban alguna tendencia, un salto repentino o una anomalía pasajera. El sistema podía actualizar sus predicciones conforme recibía nueva información. La idea era sustituir los extensos informes que llegaban mensualmente o anualmente por información que permitiera al gobierno reaccionar con mayor rapidez ante cualquier problema.

El proyecto también contemplaba CHECO, un simulador de la economía chilena concebido como una especie de laboratorio experimental. En este, un funcionario de gobierno podría probar distintas políticas y observar sus posibles consecuencias antes de aplicarlas.

Imagen generada por computadora de la sala de operaciones del Proyecto CyberSyn

By Rama, CC BY-SA 3.0 fr, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=113799161

La utilidad del sistema se puso a prueba durante el paro de camioneros de octubre de ese año. La huelga amenazaba con paralizar la economía y crear las condiciones para un golpe de Estado. El gobierno amplió la red de télex para coordinar la distribución de bienes esenciales. Según Beer, la red llegó a transmitir unos 2000 mensajes diarios y permitió conocer qué carreteras estaban bloqueadas, localizar camiones y dirigir combustible, materias primas y transporte hacia los lugares donde eran más necesarios.

La experiencia también exhibió los límites de Cybersyn. Para Fernando Flores, el sistema aún no podía resolver problemas más complejos como la inflación, la falta de crédito externo, la caída del precio del cobre, el acaparamiento en el mercado negro o la amenaza de violencia. Beer, en cambio, comenzó a imaginar una aplicación más amplia de la cibernética, en la que los trabajadores tuvieran un papel directo en el funcionamiento del sistema y pudieran participar en el diseño de los modelos de las fábricas. Sus críticos, sin embargo, veían en Cybersyn una posible herramienta de vigilancia y de concentración del poder estatal.

de qué lado están.
  • Nuestros datos. Los datos valen su peso en oro, y Allende y su equipo lo entendieron con el Cybersyn. Hoy, información crucial sobre nuestros países, sus ciudadanos y sus recursos se aloja en servidores de empresas estadounidenses, como es el caso de Argentina, donde el Ministerio de Defensa tiene un acuerdo de colaboración con Microsoft.
  • Capacidad de imaginación. Quizá lo más valioso que Cybersyn puede ofrecer es la demostración de cómo imaginar distintas formas de trabajar con la tecnología. […]. Me parece que ahora, incluso el mero ejercicio de imaginar resulta difícil, ya que nuestra creatividad, entre muchas otras cosas, ha sido capturada por esa industria tecnológica monopolista.
  • a PEGASO, la supercomputadora de Brasil con la capacidad de operar a 21 PFLOPS, o próximamente a Coatlicue, la supercomputadora de México que promete figurar entre las 20 más potentes del mundo. Pero tal como apunta la periodista, las big tech mantienen un nivel de arraigo y control tan profundo que se necesitaría de más de una supercomputadora para sacudirse de esos tentáculos. Quizás, más que preguntar dónde está el Cybersyn de nuestra era, habría que preguntarse qué están haciendo los Fernando Flores y Stafford Beer de nuestra generación, y por qué no están sumando fuerzas más seguido, academia y sector público, para desbloquear nuestro potencial creador realmente revolucionario.

    Fuente original: Leer en Wired - Negocios
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