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«El joven que hoy es capaz de apagar el móvil y leer un libro se convierte en un aristócrata del conocimiento»

«El joven que hoy es capaz de apagar el móvil y leer un libro se convierte en un aristócrata del conocimiento»
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«El joven que hoy es capaz de apagar el móvil y leer un libro se convierte en un aristócrata del conocimiento», señala
«El joven que hoy es capaz de apagar el móvil y leer un libro se convierte en un aristócrata del conocimiento»

«El joven que hoy es capaz de apagar el móvil y leer un libro se convierte en un aristócrata del conocimiento», señala

Regala esta noticia Añádenos en Google Enrique Rojas, psiquiatra con décadas de experiencia profesional. (SUR)

Matías Stuber

05/06/2026 Actualizado a las 17:05h.

Comenzar con la certeza de que la felicidad relativa y el amor siguen siendo posibles en Occidente resulta reconfortante, pero la realidad contemporánea esconde una ... exigencia implacable: el mandato moderno del éxito individual, que obliga a ser feliz a toda costa. Esta paradoja de nuestro tiempo se refleja fielmente en unas consultas de psiquiatría desbordadas por la presión social. Para arrojar luz sobre los factores que configuran nuestra mente y nuestro día a día, el reconocido psiquiatra Enrique Rojas (Granada, 1949) comparte sus impresiones con SUR antes de su próxima cita con el público malagueño, que tendrá lugar el jueves, 11 de junio, en el Palacio de Ferias de Málaga.

–No, no tengo porque no puedo permitírmelo. Si tuviera esa aplicación, estaría todo el día atrapado en conversaciones y consultas virtuales con mis pacientes. Para ejercer la psiquiatría con rigor, necesito establecer límites saludables en mi comunicación diaria.

–¿Cómo evalúa el impacto de la hiperconectividad actual?

–La hiperconectividad mal administrada es una fuente directa de ansiedad y dispersión. La gente que vive permanentemente conectada a las pantallas experimenta síntomas muy cercanos al TDAH. En lenguaje coloquial, esto se traduce en lo que yo llamo una «mente desparramada», incapaz de concentrarse en el presente.

–¿Por qué a los jóvenes les cuesta tanto leer un libro?

–El problema principal es que una gran parte de la juventud actual lo quiere todo y lo quiere ya; se ha perdido la cultura de la espera. El libro impreso requiere una cierta paciencia y una educación de la voluntad que no se fomenta hoy en día. Cuando animamos a un chico en la universidad a leer, esa lectura pausada lo convierte de inmediato en un aristócrata del conocimiento. El joven que hoy es capaz de apagar el móvil, apartar las redes sociales e Instagram para sumergirse en un libro, destaca por encima de su generación.

–¿Es realmente tan grave la adicción a las redes sociales?

–Es deprimente porque vivir pegado a las redes sociales se ha convertido en una nueva enfermedad psicológica. De hecho, si analizamos cómo influyen de forma negativa en las chicas jóvenes, vemos que están expuestas diariamente a imágenes de personas atractivas, delgadas y supuestamente perfectas. Esto ha disparado tres enfermedades relativamente nuevas: la anorexia y bulimia por la obsesión de no engordar; la ortorexia, que es la obsesión enfermiza por comer solo alimentos sanos; y la vigorexia, que es la fijación patológica por el deporte para moldear el vigor físico. A esto se suma la distorsión de la propia imagen corporal, que empuja a chicas muy jóvenes a querer operarse la cara, los senos o la cintura.

–¿Qué efectos específicos observa en los chicos?

–En ellos produce, fundamentalmente, una dispersión absoluta que hace imposible que se concentren a estudiar. Además, sufren la obsesión patológica de no perderse nada, un fenómeno muy ligado al exceso de dopamina, que es la hormona del placer y la recompensa inmediata. Un chico de entre 15 y 25 años se satura de estos estímulos, lo que genera una gran impaciencia, frustración ante el esfuerzo y, en última instancia, provoca que esté hiperconectado con el exterior pero completamente ausente de sí mismo.

–¿Apoyaría la regularización de las redes sociales?

–Sí, sin duda alguna. En este momento, países como Francia, Dinamarca, Suecia o Corea del Sur están luchando activamente contra esto, prohibiendo por ejemplo el uso de los teléfonos celulares en los colegios, donde los chicos deben entregarlos obligatoriamente a la entrada. Estamos ante un problema de salud pública muy grave. Si no se introduce el cuidado y la regulación institucional, el mal uso de estos medios tecnológicos, que en origen son positivos, termina por atrapar y alienar a la sociedad.

–Treinta años después de su libro 'El Hombre Light, ¿su diagnóstico sigue vigente?

–El diagnóstico ha evolucionado. El perfil del «Hombre Light» se definía por cuatro características fundamentales: el hedonismo, el consumismo, la permisividad y el relativismo. Todo esto aparecía cosido por el hilo conductor del individualismo. Hoy este panorama sigue vigente, pero con dos ingredientes nuevos que lo han revolucionado y acelerado todo por completo: las redes sociales y la inteligencia artificial. Vivimos en la era de los impactos de un minuto, donde la rapidez de la vida impide profundizar, con consecuencias directas en nuestra salud mental.

–¿Cómo ha cambiado la percepción social del psiquiatra?

–El cambio es histórico. En la época de mi padre, que fue uno de los pioneros de la psiquiatría en España, nuestro perfil profesional era visto de forma restrictiva como «el médico de los locos». Hoy en día, el psiquiatra se ha transformado en una figura muy cercana, convirtiéndose prácticamente en el médico de cabecera al que la gente acude para aprender a ordenar su vida cotidiana.

–¿Considera la inteligencia artificial una amenaza para la humanidad?

–No, en absoluto. Es una herramienta extraordinaria y muy positiva que se divide en dos tipos de datos: los físicos y los móviles. Los datos físicos responden a preguntas cerradas de forma instantánea; si le pides los premios Nobel de literatura españoles, te los da en un segundo. Los datos móviles, en cambio, abordan cuestiones más complejas y comparativas, como la diferencia entre ansiedad y depresión. Sin embargo, el límite actual de la inteligencia artificial es que carece por completo de creatividad. Puede mover y estructurar un volumen impresionante de información, pero no posee la chispa creativa ni la capacidad mental genuina del ser humano.

–¿La creatividad será siempre un territorio exclusivamente humano?

–La mente humana y el genio son insustituibles. Por mucho que la tecnología aprenda a imitar o a combinar los hilos de los dibujos, un genio como Picasso, Dalí o Miró representa una renovación del lenguaje que solo puede nacer del espíritu humano. El arte vanguardista exige una interpretación de la realidad que ninguna máquina puede experimentar.

–¿Qué factores nos alejan más de la felicidad hoy en día?

–Nos aleja radicalmente el quererlo todo y quererlo de forma inmediata. La felicidad depende directamente de cómo interpretemos la realidad, y para alcanzarla se necesitan dos factores. El primero es lograr un estado de satisfacción con uno mismo al comprobar que existe una buena relación entre lo que uno ha deseado en la vida y lo que ha conseguido. El segundo factor es entender la diferencia entre la «felicidad puntual» —que consiste en un archipiélago de momentos felices aislados como las fiestas o los fines de semana— y la «felicidad auténtica», que es plenitud y armonía interior. La felicidad real se da cuando los grandes argumentos de tu vida, que son el amor, el trabajo, la cultura y la amistad, marchan relativamente bien.

–¿Cómo repercute la falta de un horizonte claro en los jóvenes?

–Al no visualizar un futuro nítido, la juventud se siente profundamente perdida. Esto se refleja en datos alarmantes: en España, según el Instituto Nacional de Estadística, la cifra de suicidios consumados ha subido hasta rondar los 4.800 casos al año.

–¿Qué impacto tiene el difícil acceso a la vivienda en la sociedad?

–Significa un problema político y social de proporciones gigantescas en toda Europa. La vivienda pública apenas se ha movido en los últimos años y nos encontramos con que jóvenes de 35 o 40 años no pueden independizarse de sus padres porque el mercado es inaccesible. No disponer de un techo propio destruye las bases de la sociedad, pues tiene una repercusión directa e inmediata en la caída de la natalidad y en la imposibilidad de formar nuevas familias de manera estable.

–¿Y qué me dice de la soledad, la otra gran crisis contemporánea?

–Absolutamente. La soledad se ha convertido en una epidemia tan grave que países como el Reino Unido, Japón, Suecia o Corea del Sur ya han tenido que crear ministerios específicos para gestionarla. Estamos viendo ciudades desarrolladas donde hay hileras de personas abandonadas a las adicciones en plena calle. Cuando una sociedad carece de un programa personal fundamentado en valores, se vuelve vulnerable y busca el refugio del placer instantáneo. Un verdadero proyecto de vida debe apoyarse siempre en cuatro grandes pilares: el amor, el trabajo, la cultura y la amistad.

–¿Es la psiquiatría una disciplina abstracta o práctica?

–Al contrario, es una ciencia tremendamente concreta. En el Instituto Rojas de Madrid nos pasamos el día atendiendo realidades humanas muy tangibles. Estadísticamente, los problemas más frecuentes se dividen en cuatro grandes bloques: en primer lugar, las depresiones, en las que afortunadamente se ha avanzado tanto que hoy logramos curar el 90% de los casos. En segundo lugar, los trastornos de ansiedad y las crisis de pánico, alimentados por la era del estrés. En tercer lugar, los problemas de inmadurez e inseguridad en la personalidad. Y en cuarto lugar, la gran epidemia del mundo occidental: las crisis y rupturas de pareja. Hoy vemos un porcentaje altísimo de uniones que se rompen con una facilidad pasmosa, o que deciden convivir sin ningún tipo de compromiso sólido.

–¿Cuál es el núcleo de la inteligencia emocional?

–Consiste esencialmente en enseñar a las personas a gestionar correctamente su vida afectiva. El éxito de los cursos que impartimos demuestra que la sociedad está ávida de herramientas psicológicas para entender sus propias emociones y aprender a convivir mejor.

–¿Qué el psiquiatra actúe como médico de cabecera es una mala señal social?

–Es, desde luego, un síntoma de la vulnerabilidad de nuestra época. Hemos pasado de una psiquiatría general a una hiperespecialización absoluta en las grandes capitales del mundo, donde encuentras profesionales dedicados exclusivamente a los trastornos del sueño, a las depresiones infantiles o a las terapias conyugales. Esta enorme demanda evidencia que la salud mental se ha convertido en la gran preocupación de los países desarrollados.

Relaciones

"El amor de pareja se perfecciona con el perdón y el olvido de lo negativo"

–¿La vida en pareja es el estado ideal para el ser humano?

–Sí, considero que es lo natural. El amor es el motor universal y su expresión más objetiva se halla en el compromiso conyugal. Sin embargo, hay que insistir en una idea: no existe el amor sin cultura. Muchas parejas fracasan porque desconocen las leyes del amor; creen que es un sentimiento estático y eterno por sí mismo, cuando en realidad es un trabajo de artesanía psicológica que se debe labrar día a día mediante el cuidado de los detalles más pequeños.

–¿Qué opina sobre el divorcio?

–El divorcio es una realidad indiscutible de nuestro tiempo, equivalente al suspenso en una oposición académica. El problema de fondo es que muchas personas inician una vida en común sin estar maduras ni preparadas psicológicamente. La primera regla fundamental para poder estar bien con otra persona es estar primero bien con uno mismo; de lo contrario, vuelcas tus frustraciones individuales en la relación. Hoy en día, debido al auge del hedonismo, la gente tira la toalla a las primeras de cambio. Ante los roces inevitables de la convivencia diaria, muchos optan por la separación inmediata en lugar de aplicar las verdaderas herramientas del amor conyugal, que son el perdón y la capacidad de olvidar lo negativo.

–¿Considera que la búsqueda del placer es intrínsecamente negativa?

–El hedonismo, entendido como disfrutar de la vida y pasarlo bien, es magnífico y forma parte de una buena salud mental. Lo perjudicial es la postura reduccionista de pretender que la vida consista únicamente en la búsqueda del placer. La existencia humana exige esfuerzo, compromiso y saber asumir la renuncia. No se consigue el éxito profesional ni se consolida una pareja estable sin renuncias voluntarias y gustosas.

–¿Qué importancia tiene el modelo afectivo familiar que recibimos en la infancia?

–Su influencia es decisiva, porque las personas tendemos a amar de la misma manera en que fuimos amadas por nuestros padres. Por eso es tan importante la responsabilidad de la educación familiar. Educar no es imponer de forma autoritaria, sino saber acompañar a los hijos combinando el afecto profundo con la disciplina, logrando seducirlos a través de los valores humanos fundamentales.

–¿Nos vendría bien un botón para «apagar» el cerebro de vez en cuando?

–Nos vendría de maravilla. Para lograrlo, es fundamental entrenar lo que hoy llamamos el «ayuno de dopamina». Esto consiste simplemente en aprender a decir que no a la enorme cantidad de estímulos y demandas digitales que intentan arrastrarnos a cada minuto. Ser el verdadero gobernador de uno mismo es una tarea humana extraordinaria, aunque requiera un esfuerzo consciente.

–Frente a los dramas que atiende, ¿cuál es su pilar fundamental para ayudar?

–Al llevar tantos años en las consultas y haber estudiado dramas humanos de toda índole, uno desarrolla herramientas, pero el verdadero secreto para ayudar a los demás radica en saber escuchar. En la sociedad actual nadie tiene tiempo para detenerse a escuchar al prójimo; todo el mundo corre de un lado a otro. Los psiquiatras debemos ser maestros en el arte de la atención polarizada, ofreciendo un espacio donde el paciente se sienta verdaderamente acogido y escuchado sin prisas. Comprender a una persona es el primer paso para aliviar su sufrimiento.

–Para terminar, ¿mantiene intacta la motivación cada mañana?

–Como a todo el mundo, hay días en los que me cuesta un poco más arrancar, pero afortunadamente mantengo una gran vitalidad natural. Desde muy joven sentí una vocación profunda por la psiquiatría y por el servicio de ayuda a los pacientes, una pasión por la salud mental que hoy tengo la suerte de compartir día a día con mi equipo antes de entrar a trabajar al hospital.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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