. Ilustración: Tomás Serrano
Columnas NEWSLETTER El 'lado correcto' sobre las cenizas de TiananménApúntate y recibe cada miércoles esta newsletter para leerla antes que nadie y no perderte la información más relevante.
Ferrer Molina Publicada 17 abril 2026 10:17hLo que cabría esperar del presidente de un país como España es que, en cuatro años, hubiera visitado cuatro veces la Casa Blanca y no cuatro veces la Ciudad Prohibida. Pero la propaganda oficial vende esa anomalía como una audaz jugada de ajedrez diplomático.
Sólo un idiota cerraría las puertas a una potencia global como China y nadie ignora que la política exterior exige pragmatismo. Pero sí conviene recordar dónde están nuestras raíces y con quién compartimos valores.
Para halagar a Pedro Sánchez, Xi Jinping eligió una de las frases más socorridas de nuestro presidente. Dijo que España y China están "del lado correcto de la Historia".
¿De verdad alguien cree que el lado correcto se encuentra allí donde encarcelan a periodistas, torturan a disidentes y esterilizan a mujeres uigures?
China es un gran país, pero también es ese híbrido monstruoso que recoge lo peor de dos mundos: un capitalismo salvaje, sin derechos laborales y contaminante hasta la inmoralidad, y un socialismo represor que ejerce el monopolio del control social, donde la Justicia independiente es un concepto tan exótico como la libertad de prensa.
Resultó descorazonador ver aSánchez, tan celoso de la memoria histórica, dar una conferencia en la Universidad de Tsinghua sin dedicar ni un suspiro al más del millar de estudiantes de ese centro que participaron en las protestas de la Plaza de Tiananmén, muchos de los cuales perecieron bajo las orugas de los tanques en 1989.
El presidente, tan presto a señalar la "guerra ilegal" de Estados Unidos en Irán o denunciar las masacres de Israel, perdió la voz en el aula magna.
Porque es fácil hablar de principios lejos de los dictadores y mucho más difícil mirarlos de frente cuando los tienes delante. Ahí se ponen a prueba los principios, ahí se demuestra si seguimos creyendo en la democracia como idea universal o solo como retórica para tranquilizar nuestras conciencias y embaucar de paso a los votantes.
Hoy muchos chinos no saben quién fue "el hombre del tanque", el desconocido que fue fotografiado de pie, solo, frente a la columna de blindados que laminaban la movilización estudiantil. Ha sido borrado de la memoria, como los incidentes de hace 37 años.
Sigue siendo una incógnita el número de muertos en las protestas. Se sabe que fueron cientos, pero hay quien habla de miles.
Resulta macabramente irónico que el régimen de Pekín definiera como "rufianes" a los caídos en unas manifestaciones que reclamaban democracia y libertades. El relato oficial en China respecto de aquellos hechos es que el uso de la fuerza es necesario cuando hay agitación política.
Sánchez se ha abrazado a Xi buscando situarse en su ansiado "lado correcto de la historia". El problema es que ese lado se asienta, precisamente, sobre las cenizas de una plaza donde la libertad fue aplastada.