- ANDRÉS STUMPF Bruselas
Lograr que la venta de automóviles con motores de combustión se extienda más allá de 2035, aunque con limitaciones, es la gran batalla de la asociación.
El negocio de la industria del automóvil pasa por Bruselas. No por el número de fábricas abiertas en la capital de Bélgica, sino porque, como eje de la regulación europea, tiene la capacidad para levantar a un sector que ha sufrido duros varapalos en los últimos años frente a la competencia global y las tensiones geopolíticas. En el corazón de la Unión Europea se decide ahora una de las normativas que más puede transformar y exigir al sector: las limitaciones a la venta de vehículos de combustión a partir de 2035.
Tras largos debates con las partes implicadas, la Comisión Europea relajó la propuesta desde una prohibición total de comercializar vehículos de combustión a partir de esa fecha hasta pasar a un objetivo de reducción de emisiones del parque automovilístico del 90% respecto a las cifras registradas en 2021. Esta flexibilidad es valorada como una gran victoria por parte de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), el gran lobby del sector y que considera que la prohibición podría haber puesto en jaque la viabilidad del sector.
"Las propuestas [de la Comisión Europea] reconocen acertadamente la necesidad de una mayor flexibilidad y neutralidad tecnológica para lograr que la transición ecológica sea un éxito. Esto supone un cambio importante con respecto a la legislación actual", declaró Sigrid de Vries, directora general de ACEA, que representa a los 17 principales fabricantes de automóviles, furgonetas, camiones y autobuses con sede en Europa: BMW Group, DAF Trucks, Daimler Truck, Ferrari, Ford, Honda, Hyundai, Iveco Group, JLR, Mercedes-Benz, Nissan, Renault, Stellantis, Toyota Motor Europe, Tranton, Volkswagen y Volvo.
Ola Källenius, CEO del Grupo Mercedes-Benz; Jessika Roswall, Comisaria Europea de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y una Economía Circular Competitiva; y Sigrid de Vries, directora General de la Asociación Europea de Fabricantes de Automoción (ACEA), en la Comisión Europea.Claudio CentonzeEXPANSIONEl Consejo de Administración de ACEA está compuesto por los responsables de sus miembros y tiene la facultad de tomar decisiones sobre todas las cuestiones relevantes, como fijar las líneas maestras del plan de acción, y elige a un presidente por un mandato de un año, con posibilidad de una única reelección. Ola Källenius, consejero delegado de Mercedes, es en la actualidad también el presidente de ACEA. La labor diaria del equipo de 28 profesionales con el que cuenta ACEA está capitaneada por la directora general, De Vries, quien se asegura de que se atiendan las prioridades del Consejo de Administración de la asociación y de que éstas se materializan en acciones concretas.
ACEA está ahora tremendamente pendiente de los debates que tienen lugar en el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea a raíz de la propuesta de la Comisión Europea sobre las limitaciones a las ventas de vehículos con motores de combustión, pues son éstas las instituciones legisladoras que deberán dar a la regulación su forma final que podría mantener la flexibilidad recogida. "El demonio está en los detalles. Estamos analizando el paquete y colaboraremos con los colegisladores para reforzar de manera crítica las propuestas allí donde sea necesario", ha asegurado De Vries.
El lobby de los fabricantes de automóviles tiene su sede en el número 85 de la Avenida des Nerviens, junto al famoso Parque del Cincuentenario de Bruselas. Sus oficinas se encuentran a apenas 800 metros del Consejo de la Unión Europea en el que los ministros de los estados miembros dirimen el futuro de su sector. Algo más lejos se encuentra la asociación de la sede del Parlamento Europeo, que queda a algo menos de kilómetro y medio.
"La industria automotriz de la Unión Europea mantiene un firme compromiso con la transformación. Hasta la fecha, ha lanzado más de 300 modelos de automóviles electrificados, 70 tipos de furgonetas y más de 45 versiones de camiones, lo que representa inversiones de varios cientos de miles de millones de euros en electrificación", indican desde ACEA, que sostienen que no es una cuestión de voluntad, sino de adaptar la transición ecológica del sector a la evolución de la demanda de los consumidores y al desarrollo de la infraestructura de electrificación necesaria.
El Parlamento Europeo (en la imagen) y el Consejo debaten sobre la propuesta de la Comisión Europea sobre las limitaciones a las ventas de vehículos.EUROPEAN UNIONEXPANSIONLo cierto es que el hecho de poder seguir fabricando vehículos de combustión en Europa no sólo tiene efectos a nivel comunitario, sino que la industria asegura que también le permite mantener plantas abiertas que se dedican a la exportación al extranjero, donde el coche eléctrico puede no tener tanta demanda. Mantener vivas las redes comerciales para el sector del automóvil se ha convertido en una prioridad para toda la Unión Europea.
Comercio
ACEA ha batallado para que la Unión Europea defienda los intereses de la industria del automóvil en los numerosos acuerdos comerciales que han firmado recientemente, como el de Mercosur. Además, fue uno de los ejes centrales del pacto con Estados Unidos tras la guerra arancelaria desatada por Donald Trump. La Comisión Europea aceptó gravámenes del 15% para todos sus productos a cambio, en parte, de aliviar la tasa que soportaba el sector automovilístico, al que Trump había castigado con aranceles del 25%.
La industria de los coches realiza una importante labor de presión en la Unión Europea, pero también juega a su favor el peso que supone su actividad para la economía comunitaria, sobre todo en países como Alemania. Según los datos de ACEA, 13,6 millones de trabajadores europeos desempeñan su labor en el sector automovilístico, lo que supone el 8,1% de todo el empleo manufacturero en la Unión Europea. Además, el sector genera 414.700 millones de euros en impuestos a los estados miembros y generan un superávit comercial de 93.900 millones de euros gracias a las exportaciones. "Alrededor del 8% de todo el PIB de la Unión Europea lo genera la industria automovilística, que destina casi 85.000 millones de euros en investigación y desarrollo cada año, más de un tercio de todo el presupuesto de I+D del conjunto de la Unión Europea", reivindican los expertos de ACEA sobre la relevancia del sector en Europa.
Como el resto de lobbies, ACEA está inscrito en el registro de transparencia de la Unión Europea, una plataforma que sirve para que se pueda identificar qué intereses están representados por cada asociación y en nombre de quién así como los recursos que dedican a estas actividades. En su caso, el código de identificación es el 0649790813-47.
Existen más de 15.000 asociaciones registradas en esta base de datos, niveles máximos históricos, con más de cien de ellos ubicadas en España. La inscripción en el registro de transparencia de la Unión Europea obliga a adoptar y firmar un código de conducta sobre las relaciones entre el lobby y las instituciones. Desde finales de 2014, cuando comienzan los registros, ACEA ha mantenido algo más de 340 reuniones con los diferentes miembros de la Comisión Europea de las cuales 32 se han concentrado en los primeros meses de este mismo año.
También existe un mecanismo de denuncia que permite a cualquiera poner en marcha una investigación sobre supuestos casos en los que se considere que los lobbies inscritos no han respetado el código ético de la Unión Europea.
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