La tecnología ha evolucionado y han aparecido técnicas y herramientas que “ayudan y refuerzan el cultivo del césped” pero no hacen magia
- ARTURO ARENILLAS
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Lamentablemente año tras año surgen problemas con la calidad y estado del césped de los Estadios de Primera y Segunda división, año tras año surgen métodos milagrosos y técnicas mágicas para mantener el césped deportivo en buen estado. Pero se olvida que el césped es un cultivo y la agronomía una ciencia.
La tecnología ha evolucionado y han aparecido técnicas y herramientas que “ayudan y refuerzan el cultivo del césped” pero no hacen magia.
El Césped es un ser vivo y tiene un ciclo vegetativo que depende de la especie (Gramíneas C3 o C4) la época del año, de temperaturas, humedad y horas luz y se ayuda en ese ciclo vegetativo con sistemas de drenaje eficientes, luz artificial, ventiladores para crear corrientes y evitar acumulación de humedad el ambiente.
Llega el invierno (menos horas de luz del sol, temperaturas bajas y más lluvia) y las Gramíneas reducen y adaptan su actividad metabólica y su fotosíntesis, reduciendo su capacidad de regeneración, para mitigar la pérdida de masa vegetal. En las hojas surgieron los cespedes híbridos (césped natural con inserción de fibras sintéticas), pero este sistema no evita que se pierda densidad de hoja natural si no se cuida y mantiene el césped natural con resiembras, microaireaciones y fertilizaciones que doten a la planta de resistencia y densidad.
Pero si aparece un invierno como el actual y no se ha planificado un mantenimiento acorde a las necesidades de uso y clima la superficie de juego se resistente, desaparece hoja y planta y en el caso del césped híbrido su aspecto visual desde la grada es aparentemente normal pero los jugadores a pie de campo comprueban que el balón rueda de forma menos continua, las botas resbalan mas y en consecuencia se resiente el juego.
Algunos estadios celebran partidos cada tres días con condiciones climatológicas adversas como las de este invierno, pero cambiar el césped por un tepe natural o híbrido no siempre es la solución adecuada. Los Tepes de césped (césped cultivado en fincas de producción) requieren enraizar en el terreno de juego y ese proceso requiere tiempo y horas luz y temperaturas.
En ocasiones se implantan tepes gruesos que por su peso resisten mejor la tracción de las botas de futbol, se pasan rodillos para que se muevan poco al implantarles, pero si no enraízan se difiere el problema a semanas posteriores y algunas de estas labores son dañinas para la planta. Si esta no desarrolla raíz pierde la parte aérea, la hoja, que en densidad adecuada es sobre la que se juega al futbol. Y es aquí donde se sigue invocando a la magia en lugar de a la ciencia, una gramínea no desarrolla raíces en 48 horas, se puede conseguir una superficie cespitosa estable pero no enraizada en pocos días y menos en invierno.
Aunque son notables los esfuerzos en mejorar la calidad del terreno de juego (hipogeo, lámparas de luz artificial, mantas térmicas, ciclones de aire calefacciones, césped es híbridos, mejoras en especie de césped) no se puede pretender cambiar un césped natural por tepes como si fuese magia o un pavimento sintético sin un programa de enraizamiento y estimulo de actividad vegetativa. En definitiva, mantenimiento con base científica para obtener superficies acordes al deporte que en ellas se practica.
Arturo Arenillas es Ingeniero Agrónomo
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