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Ciencia

El mar no espera: Los niños y adolescentes de Ensenada se suman a la defensa ambiental

El mar no espera: Los niños y adolescentes de Ensenada se suman a la defensa ambiental
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En el Pacífico mexicano, una nueva generación de surfistas se suma a la defensa de los océanos. Estos pequeños guardianes hacen de la educación ambiental un acto de resistencia, parte de la movilización ciudadana que logró frenar un megaproyecto que amenazaba con desaparecer sus playas.
Geraldine CastroMedio Ambiente4 de mayo de 2026surf mexicano. Hoy, quienes se inician en el deporte lo suelen hacer frente al poblado de Manchuria, el pueblo pesquero más antiguo de Ensenada, Baja California, establecido por inmigrantes japoneses.

abundantes del planeta, que nutre la vocación pesquera de El Sauzal. La ampliación del puerto hubiera redefinido esto.

Guardianes de la Tierra

WIRED en Español recorre cómo pueblos indígenas, investigadores y organizaciones en América Latina protegen sus territorios ante un modelo extractivo en expansión.

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El megaproyecto que paró una comunidad

“El puerto era para barcos de carga de contenedores y para almacén de combustibles”, explica la surfista y doctora en medioambiente y desarrollo, Beatriz Ibarra, integrante de Nosotras y el Mar, una de la veintena de organizaciones ciudadanas que exigió no seguir el proyecto. Para ellos, la iniciativa respondía más a intereses empresariales que a los de la población, “para satisfacer necesidades que ya no caben en puertos estadounidenses, como el de Long Beach”.

A 10 kilómetros de El Sauzal, en el puerto de Ensenada, entran y salen mercancías entre Asia y América; está la terminal de cruceros más importante del Pacífico mexicano: en 2025, este puerto recibió 360 cruceros, 24% más que en 2024; y, por su conexión geográfica, a 30 kilómetros del puerto se instaló una terminal de almacenamiento y licuefacción de suministros de gas fósil estadounidense que irán a mercados de Asia y el Pacífico.

El flujo de buques contenedores es una presión ambiental para la vida en los puertos. Sus motores emiten gases como óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre que, al reaccionar en la atmósfera, resultan partículas microscópicas capaces de ingresar al cuerpo humano y que están relacionadas con enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

pulmones y sistema inmunitario están en desarrollo, respiran el doble de rápido que los adultos, inhalan más aire en proporción a su peso y sus vías respiratorias son más permeables.

En Ensenada, esta industria ensancha los patios de contenedores con las cajas que las empresas abandonan en lugar de devolver. Algunos de estos yonques, cuenta Ibarra, están donde antes había olivares, otros ocuparon terrenos con cambios de uso de suelo sin transparencia. Los que se instalaron cerca de zonas habitacionales imponen a las familias el ruido abrupto del acero al caer y escurrimientos que atraen a ratas y cucarachas.

La ciudadanía vio en el megaproyecto la agudización de estos problemas, el incremento de tránsito vial e inseguridad, pero, sobre todo, la industrialización de su entorno.

La vida submarina no estaba a salvo. Los suelos rocosos son el sostén para que se asienten los bosques de macroalgas y las praderas de pastos marinos. El puerto, precisa Ibarra, impactaba parte de ese sustrato. Ambos ecosistemas capturan carbono y son refugio de diversas especies.

ley, no puede bloquearse en ninguna costa mexicana.

Para llegar a las olas en 3 Emes, baja por el cantil con la tabla sobre la cabeza, junto a otros niños y adolescentes que toman clases en la escuela Mar y Olas, dirigida por sus padres. Con el auge pesquero del puerto, ahí arribaron harineras y procesadoras de mariscos. Manchuria tiene calles de tierra, pero quedó encapsulada por empresas; las casas de algunos pescadores quedaron alejadas del mar, aunque aún pueden escucharlo. Los niños que aquí toman clases tienen un caminito para acceder que limpian a fondo cada tanto con sus madres y entrenadores. A sus espaldas quedan los restos de una empresa de cultivo de lobina rayada que se detuvo por irregularidades, pero que dejó tubos, zanjas y esqueletos de concreto que maltratan el ya frágil cantil.

surf. Esas son sus protestas contra el abandono y los espacios para dialogar qué desarrollo quieren para estos sitios. “La última vez se metieron unos buzos a 3 Emes y sacaron llantas”, recuerda Alejandro.

Yolanda Serra, de Mar y Olas, cuenta que los niños no esperan a las campañas de limpieza; del mar regresan mojados y cargando basura. Algunos van más allá. Mahina y Damián armaron su propio taller sobre cuidado del agua y reciclaje, lo han llevado a bazares locales, torneos de surf y festivales de vela.

500,000 toneladas de plástico. En mamíferos marinos la ingestión de plásticos puede dañar tejidos, generar falsa saciedad y obstrucciones.

A veces las bolsas de plástico son pescadas por las quillas de su tabla o descubren envolturas en los pliegues de sus trajes. O no los ven: son microplásticos, pedazos menores de cinco milímetros. Estos últimos están muy presente en nuestras vidas, todos los inhalamos o ingerimos, pero no todos ingerimos lo mismo.

La doctora en oceanografía costera Nancy Ramírez ha estudiado la contaminación de este estado por casi tres décadas, rastreando metales y plaguicidas. Desde 2015 incorporó los microplásticos a su investigación. En 2016 y 2017 los buscó con un equipo científico en el agua, los sedimentos y efluentes de plantas de tratamiento de aguas residuales en la bahía, y los halló en todos los puntos muestreados. Los puertos de Ensenada y El Sauzal destacaron por su acumulación. El estudio detectó que las tres plantas analizadas liberaron más microplásticos que las de California. Además, reportaron indicios de que las actividades acuícolas podrían estar aportando microplásticos a esta zona.

los nanoplásticos, son una “bestia difícil de estudiar”, según Ramírez, porque tienen formas, tamaños y densidades diferentes. Cada rasgo cambia su interacción con el ambiente.

Durante procesos de fabricación se les agregan aditivos tóxicos como retardantes de flama, colorantes o metales. La evidencia científica sugiere que los microplásticos pueden causar toxicidad mediante estrés oxidativo e inflamación. Estudios de laboratorio en animales han mostrado que pueden alterar la microbiota intestinal (disbiosis) y reducir la producción de moco intestinal, dos escenarios asociados con enfermedades crónicas.

Pero no solo preocupan por lo que son, sino por lo que transportan. Expuestos al ambiente se les adhiere de todo: bacterias, metales, virus o pesticidas. “Por ejemplo, las bacterias, se van a mover por sí solas, pero no a la misma velocidad o de manera tan fácil que pegadas a un plástico. Entonces, puede llegar a sitios que no llegan”, explica Ramírez.

“Una vez andaba ahí surfeando normalmente y, de la nada, del agua empiezo a ver un arcoíris. Me quedé como, ¿qué es esto? Y al final era gasolina, así que yo me tuve que salir y estuvo súper loco porque eso no debe estar ahí. Gasolina que derraman los barcos, gasolina que saca a todo el surf”, comparte Damián.

Los niños cuentan con pena que han tragado esos “arcoíris” o arrugan la nariz con el recuerdo de clases con olor a residuos pesqueros, pero la mueca es absoluta si hablan del olor a aguas residuales; la molestia frecuente.

revistaFrontera Norte indica que un puñado de empresas vierten sus desechos al sistema municipal, lo que a menudo satura la capacidad de las plantas, resultando en descargas de baja calidad. Otras empresas tienen permisos de descarga, pero de las 132 que revisaron los autores, sólo el 20% entregaron análisis de laboratorio a la autoridad federal. El problema persiste, dicen, por la conexión entre plantas. Cuando la planta El Gallo (ubicada en el centro) tiene problemas operativos, el agua se desvía a El Naranjo. Si esta última falla o está en mantenimiento, el flujo se envía a Maneadero.

Años atrás, en Maneadero, madres y abuelas denunciaron que los cultivos de flores ubicados frente a un kínder se regaban con aguas negras. Bidegain trabajó en Maneadero con afectados por las descargas en el arroyo San Carlos. El registro de cómo la comunidad se percibe afectada por la contaminación, cuenta, no coincide con registros sanitarios oficiales. Esto enturbia poder determinar la causalidad entre colapso ambiental y enfermedades. Los casos de malestar se dispersan, se subregistran o no se vinculan con la exposición.

En este contexto, la antropología médica, explica Bidegain, puede recolectar las experiencias de las personas en estos ambientes. “Los casos graves son los que la biomedicina ha registrado como intoxicación aguda, pero la bioacumulación, o esa intoxicación a largo plazo denunciada por las comunidades, puede ser silenciosa”.

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Vendrán los cruceros más grandes del mundo

Fue en una conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum cuando se anunció que la ampliación del puerto de El Sauzal era parte de un plan nacional. Después, en una visita a Ensenada, la presidenta se encontró con la oposición de la población. Mahina recuerda la protesta. Ella y sus amigos gritaron “playas sí, contenedores no”.

“Es una lección importante para la niñez que vean que pueden ser esos actores políticos y esos agentes de cambio aún siendo pequeños”, confía Beatriz Ibarra.

indicó el secretario de Marina, Raymundo Morales. La construcción de este tercer muelle implica dragar una zona contaminada por actividades en la rada portuaria, algo que sí considera el Manifiesto de Impacto Ambiental (MIA) del proyecto, pero sin indicar el destino de los sedimentos. El manifiesto, indica Ibarra, es una vista fragmentada del muelle porque no aborda los impactos de operación.

Friends of the Earth usan fuelóleo, aún cuando se les exige un bajo contenido de azufre, este combustible acelera el cambio climático; otros emplean gas fósil, cuyo principal componente es el metano. Tampoco es buena noticia. Durante 20 años, una tonelada de metano calienta la atmósfera hasta 86 veces más que una de CO2.

La terminal de cruceros, según anunció el gobierno estatal, tendrá un parque temático de aventura y un área comercial. El MIA del muelle tampoco lo aborda. “Mencionan que en el parque acuático iban a poner aguas termales y arroyos artificiales. Pero nuestros arroyos, donde migran aves, están llenos de basura, con descargas de aguas negras, ¿por qué no mejor atender esos arroyos y hacer visitas por ellos?”, señala Ibarra. En esta región el acceso al agua potable es limitado. En 2022, esta península árida tenía 17 de sus 88 acuíferos sobreexplotados, 11 con intrusión marina y cinco afectados por salinización de suelos.

Desde Nosotras y el Mar buscan una declaratoria de patrimonio biocultural o un esquema de protección que permita investigar y desarrollar una ciudad sostenible que considere la pesca, el turismo responsable y la cultura surfista. Para 3 Emes imaginan un acceso digno, un museo del surf, locales comerciales, skatepark y senderos con plantas nativas.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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