En el pulso constante entre China y Taiwán, Pekín lleva tiempo buscando fórmulas para aumentar la presión sin cruzar el umbral de un conflicto abierto. A medida que se multiplican las maniobras, los ejercicios y las acciones en zonas grises, cada nuevo movimiento apunta a una idea clave: controlar el entorno.
Si hace unos días fue la entrada de un dron, ahora ha aparecido otra fórmula.
Un muro que no dispara. Lo contaba a través de imágenes el New York Times. China ha demostrado que puede crear una barrera marítima gigantesca sin disparar un solo tiro, simplemente reuniendo miles de barcos pesqueros en formaciones tan densas que alteran el tráfico y fuerzan a otros buques a rodearlas o atravesarlas con maniobras incómodas.
En una de las operaciones recientes, alrededor de 1.400 embarcaciones abandonaron de golpe sus rutinas y se concentraron en el mar de China Oriental hasta formar un rectángulo de más de 300 km, con una presencia tan compacta que se veía en los datos de navegación como una especie de obstáculo continuo. El efecto práctico es obvio. Si esto se hace cerca de rutas comerciales clave, el caos puede llegar muy rápido sin que nadie tenga que declarar un bloqueo formal.
En Xataka
China ha hecho de todo para frenar su sangría de población. El resultado es la tasa de natalidad más baja desde 1949
La milicia marítima y la guerra en gris. Lo relevante del movimiento no es solo cuántos barcos aparecen, sino qué sugiere sobre quién los mueve y para qué. Expertos y analistas interpretan estas concentraciones como un ejercicio dirigido por el Estado que encaja con el uso de la milicia marítima, una red de embarcaciones civiles entrenadas para apoyar objetivos estratégicos.
Plus: es una herramienta perfecta para operar en esa zona ambigua donde no hay un ataque claro, pero sí una presión real sobre el mar. Es una forma de imponer control sin mostrar fragatas en primera fila y sin asumir el coste político de una acción militar abierta, mientras el resto se ve obligado a decidir si trata esa masa como civiles o como una fuerza organizada.
Ensayo de bloqueo... sin llamarlo bloqueo. En un escenario de crisis por Taiwán, una masa así no necesita “hacer cumplir” un bloqueo por la fuerza para ser útil. Basta con estorbar, ralentizar y complicar el movimiento de barcos comerciales o de apoyo militar. Puede obligar a cambiar rutas, introducir retrasos, crear puntos de fricción y aumentar el riesgo de incidentes.
También puede servir para marcar áreas donde el tráfico se vuelve inseguro o impracticable durante horas o días. Ese tipo de presión encaja con ideas como la “cuarentena”, que busca estrangular el funcionamiento de una zona sin cruzar del todo el umbral de guerra abierta.
Saturación como táctica. Otra ventaja de este “muro” es que convierte el mar en ruido táctico. Miles de barcos pequeños juntos pueden saturar la vigilancia y complicar la identificación de amenazas reales, especialmente si hay drones, radares y sistemas automáticos tratando de clasificar contactos.
En una situación tensa, esa saturación también puede actuar como pantalla. Puede ocultar movimientos, forzar al adversario a gastar atención y recursos, y abrir espacio para otras operaciones. Aunque cada barco sea débil por sí solo, el valor aparece cuando se multiplican hasta convertirse en un problema de gestión más que de combate.
Lo que se revela. Los analistas del Times que han seguido durante años la actividad china en mares disputados destacaban que no es habitual ver una formación tan grande y tan ordenada, y que mantener posiciones relativamente estables no se parece a un patrón normal de pesca.
Lo importante aquí es el músculo organizativo. Reunir miles de barcos en un punto concreto, en un tiempo corto, y colocarlos con disciplina indica una mejora clara en mando, control, comunicaciones y planificación. Esto sugiere que China está practicando algo que puede repetir cuando lo necesite, y que no depende de improvisaciones o de simples aglomeraciones.
Por qué importa tanto. Las formaciones se dieron en el mar de China Oriental, cerca de grandes rutas que conectan con Shanghái, uno de los centros portuarios más importantes del mundo. No es un lugar cualquiera. Son corredores marítimos por los que pasan mercancías a diario, incluidas exportaciones chinas y flujos que conectan economías enteras.
Controlar o interrumpir esos pasos es una forma de presión estratégica de primer nivel, sobre Taiwán, sobre Japón y también sobre cualquier actor que tenga que operar allí, incluidos Estados Unidos y sus aliados. El silencio oficial de Pekín encaja con la lógica de estas acciones. No hace falta anunciar nada si lo que se busca es comprobar capacidades, medir reacciones y dejar un mensaje claro con hechos.
En Xataka
Arabia Saudí y Emiratos Árabes importan millones de toneladas de arena cada año pese a vivir sobre desiertos inmensos
Un modelo difícil de responder. Lo realmente sorprendente de esto es que una barrera de pesqueros es un instrumento relativamente barato comparado con desplegar grandes unidades militares, y además se puede escalar. Si hoy se ven 1.400 o 2.000 barcazas, mañana podrían ser muchos más en un momento de crisis. Y para el rival(es), la respuesta siempre será incómoda.
La razón principal es que no es fácil justificar fuerza bruta contra barcos que se presentan como civiles, pero tampoco es viable ignorarlos si están bloqueando en la práctica una ruta crítica. Ese es el valor de esta “arma” que no dispara un solo proyectil. El de obligar a elegir entre tolerar la presión o escalar el primero, mientras China gana tiempo, control y capacidad de moldear el ritmo de la situación.
Imagen | Planet Labs, Ernest Gunasekara-Rockwell, Anna Frodesiak, Micromesistius
En Xataka | China acaba de cruzar la misma línea roja que Rusia: por primera vez, un dron militar ha invadido el espacio aéreo de Taiwán
En Xataka | EEUU acaba de enviar un paquete sin precedentes a Taiwán. En su interior están las instrucciones y las armas contra una invasión
-
La noticia
El mejor arma de China no dispara una sola bala: un "muro móvil" de 300 km para cerrar rutas marítimas al instante
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
El mejor arma de China no dispara una sola bala: un "muro móvil" de 300 km para cerrar rutas marítimas al instante
Y encima es un instrumento relativamente barato comparado con desplegar grandes unidades militares
En el pulso constante entre China y Taiwán, Pekín lleva tiempo buscando fórmulas para aumentar la presión sin cruzar el umbral de un conflicto abierto. A medida que se multiplican las maniobras, los ejercicios y las acciones en zonas grises, cada nuevo movimiento apunta a una idea clave: controlar el entorno.
Si hace unos días fue la entrada de un dron, ahora ha aparecido otra fórmula.
Un muro que no dispara. Lo contaba a través de imágenes el New York Times. China ha demostrado que puede crear una barrera marítima gigantesca sin disparar un solo tiro, simplemente reuniendo miles de barcos pesqueros en formaciones tan densas que alteran el tráfico y fuerzan a otros buques a rodearlas o atravesarlas con maniobras incómodas.
En una de las operaciones recientes, alrededor de 1.400 embarcaciones abandonaron de golpe sus rutinas y se concentraron en el mar de China Oriental hasta formar un rectángulo de más de 300 km, con una presencia tan compacta que se veía en los datos de navegación como una especie de obstáculo continuo. El efecto práctico es obvio. Si esto se hace cerca de rutas comerciales clave, el caos puede llegar muy rápido sin que nadie tenga que declarar un bloqueo formal.
La milicia marítima y la guerra en gris. Lo relevante del movimiento no es solo cuántos barcos aparecen, sino qué sugiere sobre quién los mueve y para qué. Expertos y analistas interpretan estas concentraciones como un ejercicio dirigido por el Estado que encaja con el uso de la milicia marítima, una red de embarcaciones civiles entrenadas para apoyar objetivos estratégicos.
Plus: es una herramienta perfecta para operar en esa zona ambigua donde no hay un ataque claro, pero sí una presión real sobre el mar. Es una forma de imponer control sin mostrar fragatas en primera fila y sin asumir el coste político de una acción militar abierta, mientras el resto se ve obligado a decidir si trata esa masa como civiles o como una fuerza organizada.
Ensayo de bloqueo... sin llamarlo bloqueo. En un escenario de crisis por Taiwán, una masa así no necesita “hacer cumplir” un bloqueo por la fuerza para ser útil. Basta con estorbar, ralentizar y complicar el movimiento de barcos comerciales o de apoyo militar. Puede obligar a cambiar rutas, introducir retrasos, crear puntos de fricción y aumentar el riesgo de incidentes.
También puede servir para marcar áreas donde el tráfico se vuelve inseguro o impracticable durante horas o días. Ese tipo de presión encaja con ideas como la “cuarentena”, que busca estrangular el funcionamiento de una zona sin cruzar del todo el umbral de guerra abierta.
Saturación como táctica. Otra ventaja de este “muro” es que convierte el mar en ruido táctico. Miles de barcos pequeños juntos pueden saturar la vigilancia y complicar la identificación de amenazas reales, especialmente si hay drones, radares y sistemas automáticos tratando de clasificar contactos.
En una situación tensa, esa saturación también puede actuar como pantalla. Puede ocultar movimientos, forzar al adversario a gastar atención y recursos, y abrir espacio para otras operaciones. Aunque cada barco sea débil por sí solo, el valor aparece cuando se multiplican hasta convertirse en un problema de gestión más que de combate.
Lo que se revela. Los analistas del Times que han seguido durante años la actividad china en mares disputados destacaban que no es habitual ver una formación tan grande y tan ordenada, y que mantener posiciones relativamente estables no se parece a un patrón normal de pesca.
Lo importante aquí es el músculo organizativo. Reunir miles de barcos en un punto concreto, en un tiempo corto, y colocarlos con disciplina indica una mejora clara en mando, control, comunicaciones y planificación. Esto sugiere que China está practicando algo que puede repetir cuando lo necesite, y que no depende de improvisaciones o de simples aglomeraciones.
Por qué importa tanto. Las formaciones se dieron en el mar de China Oriental, cerca de grandes rutas que conectan con Shanghái, uno de los centros portuarios más importantes del mundo. No es un lugar cualquiera. Son corredores marítimos por los que pasan mercancías a diario, incluidas exportaciones chinas y flujos que conectan economías enteras.
Controlar o interrumpir esos pasos es una forma de presión estratégica de primer nivel, sobre Taiwán, sobre Japón y también sobre cualquier actor que tenga que operar allí, incluidos Estados Unidos y sus aliados. El silencio oficial de Pekín encaja con la lógica de estas acciones. No hace falta anunciar nada si lo que se busca es comprobar capacidades, medir reacciones y dejar un mensaje claro con hechos.
Un modelo difícil de responder. Lo realmente sorprendente de esto es que una barrera de pesqueros es un instrumento relativamente barato comparado con desplegar grandes unidades militares, y además se puede escalar. Si hoy se ven 1.400 o 2.000 barcazas, mañana podrían ser muchos más en un momento de crisis. Y para el rival(es), la respuesta siempre será incómoda.
La razón principal es que no es fácil justificar fuerza bruta contra barcos que se presentan como civiles, pero tampoco es viable ignorarlos si están bloqueando en la práctica una ruta crítica. Ese es el valor de esta “arma” que no dispara un solo proyectil. El de obligar a elegir entre tolerar la presión o escalar el primero, mientras China gana tiempo, control y capacidad de moldear el ritmo de la situación.