Renueva su participación en un programa nacional de residencias artísticas mientras la Casa sigue en un limbo legal, con la vía jurídica para la regularización ya agotada
Regala esta noticia Añádenos en Google El artista Marcelo Expósito y la directora de Patrimonio, ambos a la izquierda, junto a miembros de la Casa Invisible. (Salvador Salas) 25/09/2026 a las 17:38h.La tarde anterior Marcelo Expósito presentó en el patio de La Invisible el resultado de su residencia artística, una celebración de «las cosas que están ... pero que no se ven». Como este lugar. Porque la casa sigue activa, pero pronto cumplirá 20 años en un limbo legal y en un estado de permanente contradicción. Agotada la vía jurídica, el Ayuntamiento tiene la ley de su lado para ejecutar el desalojo. Y mientras esa amenaza sigue en el aire, el Ministerio de Cultura revalida su apuesta por un espacio que cree «esencial» para «aportar otra mirada» al panorama cultural. La directora general de Patrimonio y Bellas Artes, Ángeles Albert, anunció este viernes la renovación de su colaboración con La Invisible en el programa de residencias artísticas de Tabacalera y mostró su perplejidad por la situación de alegalidad en la que continúa.
La Invisible es la única sede en Málaga del programa de residencias en el que han participado ya cuatro artistas
En la práctica, el apoyo del Ministerio se concreta en la invitación a La Invisible para ser parte una vez más de una red de espacios nacionales que acogen a artistas en residencia. Un proyecto que nació el año pasado para suplir las carencias de una Tabacalera en obras y que buscaba descentralizar la cultura con un presupuesto de dos millones de euros para la creación, investigación y producción más allá de Madrid. La ayuda se destina directamente al artista, con una dotación de hasta 20.000 euros para desarrollar el trabajo, unos 1.200 euros en concepto de alquiler mensual y una aportación a modo de dieta. En noviembre, avanzó, se convocará la segunda edición de esta iniciativa.
La Invisible fue la única sede de Málaga incluida en el listado de centros «cómplice», junto con instituciones oficiales como el Centro de Creación Contemporánea C3A de la Junta de Andalucía en Córdoba, el Espacio Turina del Ayuntamiento de Sevilla, la Fundación Miró Mallorca en Baleares, la Tabakalera Centro Internacional de Cultura Contemporánea de Guipúzcoa, la Fundación M.ª José Jové de La Coruña y otros 18 centros culturales. «Miramos quién estaba haciendo cosas importantes en nuestro país y La Invisible siempre ha estado ahí», dijo para justificar la invitación a la Casa. Y añadió más para reivindicar su valor: «Tabacalera nació mirando a La Invisible, a la Casa Tomada de Centroamérica, a Los Faros en México, a lo que pasaba en el norte de Europa y en centros que habían nacidos ocupados en Italia», a ese tipo de gestión horizontal y ciudadana que se sale de los cauces convencionales. Resaltó que fueron muchos los artistas que pidieron desarrollar sus trabajos en La Invisible, «algo de lo que tiene que estar orgullosa La Invisible, la ciudad de Málaga y debería estarlo el alcalde».
«Inconcebible»
De todos los que optaron, cuatro fueron seleccionados: Inés Molina, Paula Bruna, Cecilia Barriga y Marcelo Expósito. «Es inconcebible que La Invisible no haya sido reconocida y regularizada por el Ayuntamiento de Málaga. Es algo que todo el mundo se pregunta en otras ciudades españolas y de Europa. No tiene sentido», lamentaba Expósito, que ha vinculado su proyecto 'Oratorio soñado de las voces invisibles' a la historia de la Casa, del activismo y de las gentes que lo sustentan. Junto a Mar Hernández, del colectivo artístico Ciudad en Alerta, aplaudió el ímpetu de la nueva generación de jóvenes que actúa ahora como motor del espacio y criticó la «negligencia» del Ayuntamiento al «desperdiciar» lo que este centro social y cultural ofrece. «Debería hacer gala de este lugar, e incluirlo en el mapa de los recorridos por la ciudad como una joya preciada», apuntó.
Pero, de momento, del lado del Ayuntamiento solo hay silencio. Hace un año que no existe comunicación entre las partes, desde que el Consistorio acusara a La Invisible de no permitir la entrada a la empresa adjudicataria para la redacción del proyecto de rehabilitación municipal, que continúa paralizado. Un extremo que el colectivo que gestiona la casa niega. «Nunca se ha cerrado la puerta a visitas técnicas de inspección ni a los técnicos que ganaron el concurso (...) Lo único que pedimos al Ayuntamiento fue sentarnos para diseñar un calendario de visitas que interfieran lo menos posible en el desarrollo de la vida y los proyectos de la casa». Según la abogada Amanda Romero, la falta de respuesta indica que «no hay un interés real» por encontrar una solución.
Tras años litigando en los juzgados, La Invisible ha agotado ya todos los recursos posibles, de manera que la regularización por la vía jurídica está ya descartada. «Un espacio singular y deliberadamente rebelde que cuestiona el modelo, no se puede encorsetar en el derecho administrativo español», argumentó Romero. Pero existen otras maneras de dotar de un marco estable a la Casa. Es, reiteró, una cuestión de «voluntad política». «La mano de la Casa sigue tendida. Si a pesar de las trabas, los bloqueos y las amenazas de desalojo pasan cosas extraordinarias como esta, imaginaos el potencial que habría con otra situación», concluyó.
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