La caída de la verja de Gibraltar es el principal signo del fin de un muro que durante años condicionó las relaciones entre España y Reino Unido. Ambas monarquías parlamentarias europeas, es más lo que une a los países de lo que los separa, pero esta superficie de apenas 5,8 kilómetros cuadrados ha provocado más de una crisis diplomática entre los países. Como ejemplo, una cita: en 1981, los Reyes Juan Carlos y Sofía cancelaron su asistencia a la boda de Carlos y Lady Diana porque los recién casados harían una parada en Gibraltar en su viaje de novios. Ni los lazos familiares fueron capaces de superar las discusiones sobre la soberanía del Peñón, pues Gibraltar ocupa más territorio del que se estableció en el Tratado de Utrecht.
Tres siglos después de aquel documento y con el Brexit mediante, ha sido necesario apartar la discusión de la soberanía y cinco años de negociaciones para llegar a un acuerdo que se firmó el pasado 3 de enero. Pero este documento, de más de mil páginas, es el punto de partida de todo lo que queda por hacer.
El tratado de Gibraltar era de una de las carteras más importantes heredadas por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. El jefe de la diplomacia española nunca desistió en lograr firmar un texto. "Me vais a ver en la caída de la verja, casi tirándola yo", bromeó en un corrillo de periodistas en febrero de 2023, durante el viaje de Estado de los Reyes a Angola. De hecho, el ministro ha cambiado al equipo negociador en varias ocasiones. "Hasta que no dio con diplomáticos que tenían menos nostalgia sobre el peñón y que aceptaron no hablar de soberanía, hubo muchos equipos", desliza a este medio una fuente consultada. "El empeño estaba, pero hay muchos diplomáticos descontentos". Pese a la publicidad en redes sociales del acuerdo por parte del Ministerio, desde que se firmó el acuerdo no se ha realizado ningún tipo de briefing informativo a los corresponsales diplomáticos españoles.
Con el tratado en vigor desde la primera hora del ayer, el derribo de la verja se convierte en el punto más visible del nuevo acuerdo, pero queda mucho por hacer. A partir de ahora, quien llegue a Gibraltar será sometido a dos controles. Primero, las autoridades gibraltareñas comprobarán el cumplimiento de la normativa del territorio. Después, las españolas realizarán el control exigido por el Código de Fronteras Schengen, ya que España actúa como Estado responsable de proteger la frontera exterior del espacio europeo. Este paso de ciudadanos para conseguir una "zona de prosperidad compartida" es el mayor éxito que vende el ministerio dirigido por Albares, pero ahora los técnicos se enfrentan a un gigantesco reto tecnológico para adoptar y adaptar los controles de ambos países.
En el aeropuerto de Gibraltar entrará en funcionamiento el Sistema de Entradas y Salidas (SES), donde se hace el control de los viajeros que entran de terceros países. Esto supone introducir en el peñón una transferencia tecnológica. Además, según informa Europa Sur, hay que prolongar la red de fibra óptica que conecta la Comisaría de la Policía Nacional en la Línea de la Concepción con los servidores europeos. Para ello, el cable necesita de una protección reforzada.
Una serie de retos y obras que han comenzado a ejecutarse con la entrada en vigor del acuerdo, pero que demuestran que la caída de la verja es el principio del fin.