En 'Magnifica humanitas' León XIV aboga por «sustraer» las nuevas tecnologías «a la lógica de la competencia armamentística y de los monopolios»
Regala esta noticia Añádenos en Google El Papa León XIV. (Efe)Roma
25/05/2026 Actualizado a las 11:47h.En la Cuarta Revolución Industrial en la que se encuentra hoy el mundo debido a la explosión de la inteligencia artificial (IA) hacen falta faros ... morales. El Papa León XIV, matemático de formación y con experiencia informática, ya que él mismo diseñó páginas web, se ha erigido como una suerte de conciencia global para tratar de que la revolución de la IA no acabe engullendo a su creador, el ser humano.
León XIV firmó 'Magnifica humanitas' el pasado 15 de mayo, el día del 135 aniversario de la promulgación de la encíclica 'Rerum novarum' de León XIII, el Papa en el que se inspiró cuando eligió su nombre por la admiración que siente por aquel texto que puso las bases de la doctrina social de la Iglesia, cuyos fundamentos Prevost ahora actualiza. Lo hace con este nuevo documento, de 110 páginas en su versión en lengua española, y en el que aboga por «desarmar la IA».
Recoge así el que ha sido hasta ahora uno de los grandes lemas de su pontificado, iniciado el 8 de mayo de 2025, cuando clamó por una paz «desarmada y desarmante» cuando se presentó por primera vez al mundo vestido de blanco desde el balcón central de la basílica de San Pedro del Vaticano.
«Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es solo militar sino económica y cognitiva», escribe León XIV, abogando más adelante por «sustraerla a los monopolios» y por lograr que «lo humano» prevalezca sobre la tecnología, de manera que no haya una equivalencia entre «el poder técnico y el derecho a gobernar». El desafío que se plantea hoy a la humanidad rebasa, a juicio del Papa, las fronteras de «la ética o la técnica» para sacudir los propios cimientos de «nuestra Casa común», por lo que «no basta con regular la IA»: es necesario «desarmarla y hacerla acogedora». Para ello puede resultar determinante establecer un «código ético» que someta a la IA a «criterios de justicia social compartida».
«No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»
La alternativa es que quien la controle «imponga su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas». Son palabras que probablemente no gustarán a muchos de los 'tecnoligarcas' de Silicon Valley, como también podrían sentirse señalados líderes internacionales como Donald Trump o Vladímir Putin con la invitación de Prevost para superar «la teoría de la guerra justa». «No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable», insiste, pidiendo «restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional» para proteger a los civiles frente al uso militar de la IA.
La encíclica 'Magnifica humanitas', estructurada en cinco capítulos, una introducción y una conclusión, arranca con una llamativa advertencia al lector: «La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos».
Pese a los nuevos desafíos y al terremoto que supone la IA, la tarea de cada generación no cambia: «proteger la dignidad de la persona, promover la justicia y hacer posible la fraternidad». E insiste en ello en la conclusión, donde reafirma que «ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien». Porque en el «centro de la historia» siempre habrá «un rostro humano». También aboga por «educarnos» al uso de las nuevas tecnologías para hacer de ellas «un espacio de relación responsable» donde se proteja la dignidad del ser humano y se promuevan la paz y la justicia. «Cada decisión técnica o económica se convierte en un punto de discernimiento espiritual, una ocasión para verificar si los avances de la IA abren espacios de justicia y participación o concentran la riqueza y el poder en manos de unos pocos», escribe Prevost.
En el primer gran texto magisterial de su pontificado, León XIV recoge las reflexiones que se llevan realizando en el seno de la Iglesia católica desde hace décadas sobre los desafíos tecnológicos y acerca de la IA, en los últimos diez años. Y lo hace con realismo y conciencia de las oportunidades que plantea al ser humano, porque la tecnología no es «un mal en sí misma», aunque tampoco puede considerarse «neutra», porque siempre acaba asumiendo «el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». En la actualización de la doctrina social de la Iglesia que supone 'Magnifica humanitas' hay espacio para reafirmar el rechazo al aborto y a la eutanasia, consideradas «decisiones gravemente ilícitas» por el Papa, quien defiende el concepto tradicional de familia y también los derechos de las minorías, de las mujeres y de los migrantes.
También incluye el Pontífice un «sincero perdón» por el retraso de la Iglesia a la hora de condenar «el flagelo de la esclavitud» y una crítica por los abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos, invitando a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». Igualmente exige que se escuche «a las víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención».
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