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Política

El peso que arrastra Sánchez

El peso que arrastra Sánchez
Artículo Completo 783 palabras
"La soledad del presidente, a nueve meses de las municipales y a once de las generales, quedó retratada en todo su esplendor" Leer

Ceuta quiere volver al 29 de julio, cuando era una ciudad normal. Y al presidente del Gobierno le gustaría dar la vuelta a la flecha del tiempo y regresar a la tarde del sábado 1 de agosto, cuando creyó que todos los que entraron en Ceuta ya habían salido. «Otra crisis que resuelve Pedro Sánchez», certificó su ministro de Transportes.

Ni Ceuta recuperará la normalidad a corto plazo porque no hay plan con garantías para sacar de allí a los inmigrantes irregulares que han colapsado la ciudad, ni Pedro Sánchez podrá volver a su sábado que creyó de gloria y acabó siendo el comienzo de una ruina política. Los errores de apreciación cometidos por el presidente del Gobierno, que durante al menos tres semanas de descanso vacacional creyó que la crisis se resolvería sola y que los inmigrantes se irían por su cuenta, son un peso muerto en su mochila. Un peso del que no se puede librar. En el pleno de su comparecencia ante Congreso quedó claro que esta crisis es distinta de todas las demás. Su soledad parlamentaria quedó retratada en todo su esplendor. A nueve meses de las municipales y a once de las generales.

Habría que preguntarse cómo habría cambiado el cuento si el presidente del Gobierno se planta ante el Parlamento en la primera semana de agosto, anuncia una investigación para saber quién fue el responsable del ataque contra la integridad territorial de España y presenta un plan para librar de la pesadilla a los ceutíes. Podía haberlo hecho sin dejar de disfrutar de su derecho al descanso, regresando inmediatamente a La Mareta después de haber cumplido con su obligación.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la ministra de Defensa, Margarita Robles.AFP

España entera creía desde el primer día que Marruecos tenía la responsabilidad del ataque contra Ceuta. Salvo su presidente, que derrochaba entusiasmo y alabanzas hacia el país vecino. Cuatro semanas hasta que se ha dado cuenta de que con ese relato inverosímil no iba a ninguna parte. El lunes en la entrevista con Aimar Bretos aún estaba en esa ensoñación. ¿Qué pasó del lunes al jueves? Que nuestra colega María Peral publicó en El Español un informe policial que relataba, negro sobre blanco, una terca realidad que desde Moncloa y el Ministerio del Interior se había negado: la responsabilidad de Marruecos en la avalancha. Contra todo sentido común, Pedro Sánchez quiso hacernos creer que 80.000 personas pueden dirigirse a la frontera de un país sin que la policía los aviste ni de lejos. La crisis de Ceuta ha puesto patas arriba la política española. Nadie estaba preparado para una cosa así.

Hace un par de semanas, el diputado Carlos Aragonés, ex director de Gabinete del presidente Aznar, escribió en La Vanguardia. «La cuestión sumaria es si el régimen democrático, un conjunto algo mayor que su Gobierno, está en condiciones de hacerse cargo de Ceuta y Melilla, golpeadas como nunca desde el 30 de julio, en su voluntad de ser marcas territoriales europeas». Es decir, si seríamos capaces de tratar a Ceuta como a Toledo, Málaga o Badajoz.

Después de más de un mes de penosa gestión del Gobierno y tras la comparecencia del presidente en el Congreso, la respuesta a la cuestión es no. Los ceutíes tendrán que esperar hasta no se sabe cuándo para recuperar su ciudad. Ceuta es un campamento de refugiados a cielo abierto y un conjunto de asentamientos habitados por inmigrantes irregulares que no caben en ninguna parte. No hay plan para los ceutíes, ni hay plan para los sin techo. Ni siquiera se sostiene en Ceuta el relato de la izquierda acerca de los derechos de los desamparados.

Los españoles están con Ceuta. Pero el pleno del Congreso se situó a años luz de distancia de la angustia cotidiana de los ceutíes. Los focos atendieron al ministro Marlaska, duro como el acero, que nadie sabe cómo aguanta en el banco azul. Y a la ministra de Defensa haciendo valer su criterio con valentía. Y por el hemiciclo se paseó la sombra de la gestión del 11-M por parte de Aznar. Fue Rufián quién recordó que los gobiernos caen más por las mentiras que por otras cosas. Hay una sacudida emocional en España. Liderar, según el dicho clásico, es hacerse cargo del estado de ánimo de los ciudadanos.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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