El PP quiere implantar un Plan de Lectura en el que apuesta por la vuelta a la lectura en papel y a la escritura a mano. Si llega a gobernar tras las elecciones generales de 2027, cambiará la ley para que se reserve en el currículo al menos una hora de lectura obligatoria a la semana y para que las bibliotecas escolares se conviertan en el centro de colegios e institutos. La iniciativa, a la que ha tenido acceso EL MUNDO, dará «prioridad absoluta» al soporte físico y la lectura en pantalla quedará relegada a la mínima expresión.
El principal problema del sistema educativo español, junto al elevado índice de abandono escolar temprano, es la pobre comprensión lectora de los jóvenes. El 31% de los universitarios se encuentra en un nivel bajo, lo que significa que no pueden ir más allá de entender textos cortos de como mucho una página. Es un porcentaje superior al promedio de la OCDE, del 26%, y al que se registraba hace una década en España, el 28%.
El plan se trata «un marco completo de refuerzo del aprendizaje de la lectura» para todos los centros educativos de toda España y en todos los cursos de la enseñanza obligatoria, empezando de forma temprana en Infantil y poniendo el énfasis en 1º y 2º de la ESO (12- 14 años), considerada una «etapa crítica de consolidación»: es el momento en que muchos alumnos que antes leían dejan de hacerlo cuando reciben el móvil.
Para evitar esta fuga, se propone «reservar al menos una hora semanal estructurada de lectura en el currículo tanto en Primaria como en Secundaria, como tiempo protegido y no sustituible». Eso supone cambiar los desarrollos curriculares estatales de la Lomloe de 2020, que no recogen esa hora semanal que, de regularse, tendría el rango de una asignatura y debería disponer de espacio en los horarios de toda España de forma obligatoria.
El plan se basa, además, en dos principios «transversales»: «la prioridad del soporte en papel para la lectura profunda» y «la necesidad de una monitorización continua y rigurosa del progreso de los alumnos».
"La clave del aprendizaje"
Fuentes del PP señalan que «la lectura es la clave del aprendizaje» y que, «sin una adecuada comprensión lectora, se tambalea la adquisición de conocimientos y competencias en todas las materias».
«Si fallan los cimientos -leer y entender e interiorizar lo que se lee-, peligra todo el edificio de la educación. Además, leer es discernir. Al culminar las etapas educativas obligatorias [a los 16 años], la lectura ha de haberse afianzado para ayudar a los alumnos a construir un criterio propio y protegerlos de la manipulación y de la ingeniería social. Quien consolida el hábito de la lectura no sólo es más sabio; es también más libre», añaden estas fuentes.
El plan no concibe la lectura y la escritura a mano «como habilidades aisladas ni circunscritas a una etapa concreta», sino como «competencias transversales que se construyen progresivamente desde la primera infancia y han de consolidarse a lo largo de la escolaridad obligatoria».
Se basa, para ello, en investigaciones que demuestran que la fluidez lectora de un niño de seis años permite prever sus resultados académicos a los 16 años y que la competencia en lectura y escritura a esta edad es capaz de hacer intuir el sueldo de esta misma persona con 40 años.
"Mejora la memoria"
Por otro lado, defiende que «está estudiado que la escritura a mano mejora la memoria y la comprensión conceptual». «Tomar apuntes obliga a sintetizar ideas, mientras que teclear favorece copiar literalmente sin procesar la información. Los alumnos que toman apuntes a mano incrementan hasta en un 58% la probabilidad de sacar un sobresaliente», argumentan las fuentes del principal partido de la oposición.
Por eso, su Plan de Lectura da «prioridad absoluta al soporte físico para la lectura profunda y evaluada» y «la lectura en pantalla queda reservada para usos específicos y con criterio didáctico». Esta propuesta supone un cambio radical de rumbo, pues desde comienzos de siglo los sucesivos gobiernos han hecho una fuerte inversión por el despliegue de tecnología en las aulas. A partir del Covid, y en vista de la reciente evidencia científica que muestra que las pantallas no sólo no mejoran el aprendizaje sino que están asociadas a problemas de salud física y psíquica, el PP se sitúa en el bando del papel.
En esta vuelta a lo básico, los populares van a proponer una selección de lecturas clásicas, adaptadas por etapas, y una metodología de «lectura acompañada» por el docente o por la familia, «promoviendo la comprensión profunda sobre el volumen».
«Cada centro debe contar con un plan de acondicionamiento de espacios lectores», como bibliotecas de aula o zonas de lectura, «vinculado a un sistema de evaluación continua del progreso lector individual», añade la propuesta del equipo de Alberto Núñez Feijóo.
Monitorizar la progresión lectora
La evaluación del progreso lector es una herramienta muy importante que no se realiza de forma sistematizada en los centros educativos. Hay excepciones, como el colegio Sant Gregori de Barcelona, que lleva desde 1956 midiendo la velocidad lectora de todos los alumnos de todos los cursos de Primaria con la misma prueba, lo que le permite comparar los resultados y tomar medidas de refuerzo inmediatas si detectan cambios.
Hasta ahora, España sólo ha tenido indicadores internacionales como PISA para evaluar la comprensión lectora. El Gobierno ha implantado unas pruebas comunes que se están realizando por primera vez este año de la misma forma en todo el país y que permitirán medir el sistema a escala nacional. Pero durante años el sistema ha estado ciego.
La evaluación va a hacer posible «una intervención temprana e implicación de la familia, mejora de las prácticas de enseñanza en el aula y apoyo continuo a los alumnos que tienen dificultades para leer».
La propuesta en Europa: una red de escuelas y un indicador común
La vicepresidenta del Grupo del Partido Popular Europeo, Dolors Montserrat, ha enviado una carta a Rosana Mînzatu, vicepresidenta de la CE, y al comisario de Juventud, Glenn Micallef, para trasladar «una preocupación creciente y compartida: el deterioro de la comprensión lectora entre los jóvenes europeos». «Es un riesgo estructural para la igualdad de oportunidades, la competitividad y el funcionamiento de nuestras democracias», señala la eurodiputada española, que ha elaborado una propuesta integral que será presentada en el Parlamento Europeo. Su plan insta a crear una Garantía Europea de la Lectura, que, siguiendo la lógica de la Garantía Juvenil, «establezca el compromiso de que ningún niño en Europa quede atrás en la adquisición de una competencia básica como la lectura».
También quiere poner en marcha una Red Europea de Escuelas por la Lectura, que «permita identificar y extender a escala europea aquellas prácticas pedagógicas que han demostrado ser eficaces, apoyándose en programas como Erasmus+ y estructuras ya existentes». Y llama a desarrollar un Indicador Europeo de Comprensión Lectora, «que permita contar con datos comparables y actualizados para orientar mejor las políticas públicas».
Asimismo, considera necesario reforzar la atención a las dificultades específicas de aprendizaje, en particular la dislexia, que afecta a entre el 5% y el 10% de la población escolar europea, mediante el reconocimiento de un Día Europeo de la Dislexia y las Dificultades de Lectura acompañado de medidas concretas.
Junto a estas iniciativas, Dolors Montserrat reclama «favorecer el ecosistema del libro en Europa, apoyando a los autores, facilitando la circulación de obras y promoviendo el contacto directo entre escritores y estudiantes».