- LAURA MARTÍNEZ*
Los plazos se alargan como único mecanismo capaz de sostener el acceso a la vivienda.
El mercado hipotecario español atraviesa un cambio estructural que avanza casi sin ruido: los plazos de amortización se alargan año tras año como único mecanismo capaz de sostener el acceso a la vivienda. Cada vez más entidades ofrecen hipotecas a 35 o 40 años, un horizonte que hace una década se consideraba excepcional y que hoy empieza a normalizarse.
La realidad es que “mientras la oferta siga siendo escasa, alargar el plazo seguirá siendo la vía más discreta para que las cuotas parezcan asumibles, aunque a costa de trasladar el riesgo a los últimos años de vida del préstamo, precisamente los más difíciles de sostener con ingresos ya reducidos.
Pero estirar el plazo no es una solución sin coste. Cuanto más larga es la vida del préstamo, mayor es el importe total de intereses que acaba pagando el comprador, aunque la cuota mensual resulte más ligera. Pedir una hipoteca con 35 años a un plazo de 40 sitúa el vencimiento de la misma en los 75 años, justo cuando la capacidad de generar ingresos por trabajo desaparece o se reduce drásticamente con la jubilación.
Una hipoteca pensada para pagarse con nómina puede terminar exigiendo cuotas cuando ya solo se cuenta con una pensión, un desajuste que muchos compradores no calculan en el momento de firmar.
Por lo tanto, firmar una hipoteca a un plazo muy largo de 40 años no es solo una cuestión de cuota mensual: es asumir que la deuda va a acompañarte prácticamente toda la vida laboral, y eso cambia por completo la forma en que hay que planificar la jubilación.
El motivo de fondo no es que las entidades financieras estén promocionando este tipo de productos, sino que están respondiendo a una necesidad de mercado: el precio de la vivienda ha seguido subiendo con fuerza en los últimos años, mientras los salarios avanzan a un ritmo mucho más moderado.
Esa divergencia entre precios y salarios es, desde el punto de vista d iAhorro, la raíz de buena parte de las dificultades actuales para comprar una vivienda en España.
Alargar el plazo es, en este contexto, la palanca que ha permitido maquillar el desajuste en la cuota mensual, aunque no sin coste. Con tipos fijos medios en torno al 2,5%, la cuota de una hipoteca de 173.280 euros a 25 años ronda hoy los 777 euros mensuales.
Pero si el plazo se estira hasta los 40 años, la cuota baja a 571 euros, un 26% menos.
Pero esa rebaja mensual tiene su contrapartida: en el primer caso, el comprador pagaría un total de 59.929 euros en intereses a lo largo de la vida del préstamo, mientras que a 40 años esa cifra se eleva hasta los 101.011 euros, un 69% más. Es decir, por unos 206 euros de alivio mensual, el coste real de la hipoteca aumenta en unos 41.000 euros.
El resultado es una generación de compradores que accede a la vivienda con cuotas más bajas, pero con una deuda que se prolonga mucho más allá de la vida laboral activa y con menos margen para imprevistos en el tramo final del préstamo.
*Información elaborada por Laura Martínez, de iAhorro.com
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