- HARRY DEMPSEY
El emblemático proyecto ferroviario de alta velocidad ha sufrido retrasos, sobrecostes y tensiones entre las dos partes.
Cuando India decidió construir su primer tren bala, no sorprendió que recurriera a Japón, inventor de la alta velocidad ferroviaria y un proveedor dispuesto a ofrecer financiación a bajo coste, en busca de ayuda.
Sin embargo, más de una década después, la línea ferroviaria aún no ha transportado a ningún pasajero. Ha estallado una agria disputa a causa de los retrasos, el desorbitado aumento de los costes y los procesos de contratación, lo que ha sacado a la luz tensiones inherentes entre dos países cuyas ambiciones en materia de infraestructuras parecen avanzar por vías distintas.
La línea de 508 km que conecta Bombay y Ahmedabad se concibió como parte de los esfuerzos del primer ministro Narendra Modi por modernizar la red ferroviaria de India, la cuarta más grande del mundo.
Nueva Delhi firmó contratos con Japón, cuyos trenes bala son la envidia mundial por su velocidad, fiabilidad y eficiencia. En 2015, ambos países acordaron un proyecto valorado por entonces en 980.000 millones de rupias (9.000 millones de euros), respaldado por un préstamo a 50 años de Tokio con un tipo de interés del 0,1%.
No obstante, el inicio de las operaciones se ha retrasado considerablemente con respecto al objetivo inicial de 2023, debido a los largos procedimientos de adquisición de terrenos. El coste estimado se ha disparado hasta al menos 1,87 billones de rupias, según cifras oficiales.
Las tensiones se han intensificado en los últimos meses. "La falta de avances es culpa al 100% de la parte india", escribió en julio Hideki Makihara, exministro de Justicia de Japón. "Nunca cumplen sus promesas", añadió.
Funcionarios japoneses han acusado a Nueva Delhi de incumplir el acuerdo al adjudicar un contrato clave para el sistema de señalización al grupo industrial alemán Siemens, un competidor internacional. Según los negociadores, esta decisión causó gran malestar entre las empresas japonesas del proyecto, encabezadas por JR East.
La parte japonesa argumenta que un sistema integrado garantiza la fiabilidad, seguridad y puntualidad características de los trenes bala de Japón, mientras que un sistema híbrido de vías japonesas, sistemas de señalización europeos y trenes indios no ha sido probado.
"Es un auténtico caos", comenta un participante japonés en el proyecto, añadiendo que las negociaciones están estancadas. JR East declinó hacer comentarios sobre detalles específicos.
Tokio también creó un nuevo puesto en el Ministerio de Asuntos Exteriores dedicado a supervisar el proyecto, lo que refleja la seriedad de sus inquietudes. Por su parte, India ha sugerido que podría desarrollar trenes de alta velocidad de fabricación nacional, que igualarían la capacidad de las deseadas máquinas japonesas.
Un alto funcionario del Ministerio de Ferrocarriles de India insiste, bajo la condición de anonimato debido a la sensibilidad del asunto, en que ambas partes estaban "plenamente alineadas" y en que las decisiones se tomaron tras una discusión detallada y un acuerdo mutuo.
Para Modi, renovar el sistema ferroviario de India, construido en gran medida bajo el dominio británico, es una parte fundamental de su imagen modernizadora. También se espera que contribuya a sus planes "Make in India" para ampliar la fabricación nacional de tecnología. El país ya ha electrificado el 99,6% de su red ferroviaria de vía ancha, una proporción muy superior a la de muchos países europeos.
Además de la ruta Ahmedabad-Mumbai —que ya cuenta con el servicio de la línea Vande Bharat de "semialta velocidad" y fabricación india—, el Ministerio de Ferrocarriles ha designado siete corredores de alta velocidad que abarcan casi 4.000 km para su desarrollo. Espera atraer inversiones por valor de 16 billones de rupias.
India ha anunciado que la ruta de alta velocidad se inaugurará el próximo verano, aunque sólo en un tramo de 100 km y utilizando trenes más lentos de fabricación nacional. Diplomáticos japoneses señalan que la primera fase cubrirá apenas 50 km y expresan dudas sobre los plazos previstos.
Los retrasos en los proyectos de alta velocidad no son algo inusual: tanto el proyecto HS2 en Reino Unido como la ampliación de la línea de tren bala de Hokkaido en Japón superaron sus presupuestos iniciales.
En cuanto a la línea Ahmedabad-Mumbai, las autoridades explican que los negociadores indios buscaron con determinación maximizar la flexibilidad futura, nacionalizar la tecnología y reducir costes, mientras que Japón luchó por mantener la exportación de infraestructuras como un paquete integral e irritó a sus homólogos debido a lo que percibían como una actitud de excepcionalismo japonés.
Desde Japón, los diplomáticos reconocen que una mentalidad empresarial demasiado cerrada y la falta de promoción de profesionales con una visión internacional están ampliando la brecha. Los negociadores también señalan las diferencias culturales, incluida la distinta tolerancia a los retrasos.
"Los japoneses fijan objetivos realistas y los ejecutamos muy bien", afirma un alto diplomático japonés implicado en las negociaciones. "Los indios se marcan objetivos ambiciosos y no los cumplen en su totalidad, aunque lo hacen bastante bien".
El funcionario ferroviario indio reconoce que habrá una "brecha considerable" entre la finalización de las obras del primer tramo, que está prevista para principios de 2027, y la posible entrega de los trenes japoneses E10 de última generación, que podrían alcanzar velocidades de 320 km/h, a principios de la década de 2030.
Sin embargo, la importancia estratégica de mantener buenas relaciones frente a una China cada vez más asertiva podría pesar más que cualquier perjuicio derivado de la disputa.
Durante una cumbre celebrada en Nueva Delhi en julio, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, afirmó que ambos países debían desarrollar su relación "como hermanos". En un comunicado conjunto se indicó que Japón "comprende plenamente" el objetivo de India de iniciar operaciones limitadas de trenes de alta velocidad el próximo año.
"La velocidad de la relación bilateral es más rápida que la del proyecto de tren de alta velocidad", afirma un alto diplomático indio.
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