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Política

El psicodrama de Sánchez, capítulo V: la última pirueta del presidente para sobrevivir a lo imposible

El psicodrama de Sánchez, capítulo V: la última pirueta del presidente para sobrevivir a lo imposible
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De la investidura fallida a la segunda «reflexión», pasando por el 1-O de Ferraz y la exitosa moción de censura, los cinco hitos de Sánchez y sus 10 años de resistencia Leer

Pedro Sánchez es un superviviente. Él mismo se autodibuja como un «resistente», un político correoso capaz de sobreponerse a todas las circunstancias, incluso las más revueltas en su contra. Su mandato, después de haber sido expulsado de la secretaría general del PSOE por sus propios correligionarios y volver, no sólo a la cúpula de Ferraz, sino al primer sillón del Consejo de Ministros, ha sido la historia de un equilibrista, muchas veces a punto de caer y siempre salvándose milagrosamente en el último momento. Al menos, hasta hoy.

Sánchez ha ejercido un mandato que ya es el más largo de un presidente, sólo superado por Felipe González, con una fuerte impronta presidencialista. Él es el número uno y nadie le hace sombra. Su tiempo al frente del Ejecutivo ha estado marcado por los sobresaltos y él ha mostrado una sorprendente habilidad no sólo para rodearlas de tensión e incluso intriga, sino también para devolverlas como si fueran un bumerán contra sus adversarios y, de paso, movilizar a sus huestes.

INVESTIDURA FRACASADA

Sánchez fracasó en su primer intento de investidura, en 2016. La Cámara rechazó su oferta para gobernar el país por 219 votos en contra frente a 131 a favor. Fue el primer intento fallido de formar Gobierno de la historia de la democracia. El varapalo no fue sin embargo un problema para el socialista que se mostró dispuesto a seguir batallando para conseguirlo. Sánchez se presentó al reto de la mano de Ciudadanos, entonces liderado por Albert Rivera, y lo hizo a sabiendas de que los apoyos con los que contaba no eran ni de lejos suficientes.

Asumió de antemano el fracaso pero supo reconvertirlo en un ataque contundente contra un Mariano Rajoy que ya encabezaba un Gobierno y un PP tambaleante y también contra Podemos, liderado por un Pablo Iglesias que rechazó sumarse al pacto con socialistas y naranjas por entender que el programa que planteaban era demasiado liberal. Las arremetidas de Sánchez contra Iglesias fueron durísimas y muchos dieron por definitivamente rotos los puentes entre PSOE y Podemos.

DESCALABRO EN FERRAZ

Las elecciones se repitieron tres meses más tarde y el PSOE, con Sánchez al frente, obtuvo su peor resultado histórico. El socialista enarboló entonces su famoso «no es no» a una abstención para permitir a Rajoy gobernar. Sometió a los socialistas a una tensión insoportable porque los hacía partícipes del bloqueo del país. Aquello terminó mal con los barones y principales dirigentes del partido revolviéndose contra su tozudez y apeándole de la secretaría general.

El golpe fue atroz, pero Sánchez el resistente, al que muchos equivocadamente dieron por políticamente muerto, supo convertir su batacazo y sus heridas en una fortaleza. Recorrió las sedes del partido de toda España y con un discurso radical como víctima de los poderosos del viejo PSOE se ganó a una militancia deseosa de héroes hasta lograr regresar a Ferraz y, después, desbancar a Rajoy de La Moncloa.

LA MOCIÓN DE CENSURA

Fue su golpe de mano magistral. Sánchez consiguió aglutinar una variopinta mayoría a su favor para conseguir que prosperara la primera moción de censura de la historia de la democracia. El socialista utilizó la espoleta de la sentencia del caso Gürtel que condenaba al PP como partícipe a título lucrativo de una trama de altos cargos del partido que se había beneficiado de una estructura de contabilidad en negro y financiación ilegal. Al día siguiente de conocerse el veredicto, Sánchez se lanzó a la arena y presentó la moción. Logró, negociando con unos y otros, formar un bloque de apoyo a su candidatura integrado por PSOE con 84 escaños; Unidos Podemos con 67; ERC, 9; PDeCAT, 8; PNV, 5; Compromís, 4; EH Bildu, 2 y Nueva Canarias, uno.

El apoyo final del Partido Nacionalista Va (PNV), que hasta ese mismo momento había respaldado a Rajoy hasta el punto de haber pactado con él unos días antes el proyecto de Presupuestos, fue la pieza que inclinó la balanza. Sánchez juró por fin su cargo como presidente del Gobierno el 2 de junio de 2018. Acababa de empezar eso que Rubalcaba bautizó como «mayoría frankenstein».

CINCO DÍAS DE ABRIL

Pero si ha habido un episodio espectacular en la trayectoria de Sánchez fue el que se produjo a finales de abril de 2024, después de que la Justicia imputara a su esposa Begoña Gómez, como consecuencia de una denuncia presentada por Manos Limpias. El presidente sumió al país entero y a sus propios compañeros de Gobierno y de partido en el estupor y la incredulidad cuando publicó una carta, remitida a la ciudadanía, expresando su necesidad de parar y tomarse unos días para reflexionar sobre si le merecía la pena o no seguir al frente de la nación.

Durante cinco días, Sánchez desapareció de escena. Su silencio provocó una cascada de críticas pero también de apoyos. El país permaneció en vilo mientras asistía al espectáculo de respaldo que ofrecían a las puertas de la sede socialista de Ferraz los ministros más fieles y los correligionarios más duros. Como si fuera un ídolo pop ausente, sus seguidores le reclamaban la vuelta al escenario para alargar hasta el infinito los bises.

Cuando por fin reapareció fue para informar a los ciudadanos que su decisión era la de quedarse, seguir contra viento y marea, para luchar dijo «contra los bulos» y el «acoso» y admitió que la gota que colmó el vaso fue la investigación a su mujer impulsada desde la «ultraderecha». Tras sus cinco días de reflexión, en los que de nuevo se autopresentó con una capa mitad de héroe mitad de víctima, informó al país haber llegado a la conclusión de que La Moncloa sí merecía la pena y seguiría en la presidencia «con más fuerza si cabe».

EL ÚLTIMO EPISODIO

Tras el retiro reflexivo de 2024, el Gobierno de Pedro Sánchez ha tenido muchos altibajos, sobre todo golpeado por los casos de corrupción descubiertos en su círculo político más próximo y zarandeado por unos apoyos cada vez más inestables. El presidente, de hecho, desde 2023, su segundo mandato, nunca ha tenido una mayoría de apoyo firme. Los partidos que le impulsaron por segunda vez a La Moncloa pese a no haber ganado las elecciones conformaron un bloque de investidura pero no un bloque para gobernar sin sobresaltos.

De hecho, han sido sus propios aliados los que han provocado, sumándose a la oposición, algunos de los fracasos legislativos más importantes del Gobierno. Ayer, Sánchez sufrió probablemente el más importante y definitivo. Junts, el partido que resultó clave para su investidura al pactar con él una amnistía a cambio de siete votos, le dio definitivamente la espalda convirtiéndose una vez más en la pieza maestra capaz de tumbar su última apuesta por reconciliarse con una ciudadanía decepcionada por los casos de corrupción y los problemas sociales sin resolver. A Junts no le tembló el pulso y propició el golpe que puede ser el último (o no) que derribe al equilibrista.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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