Las 120 casetas reflejan la riqueza de la feria, con una oferta de ocio que va de lo tradicional al ambiente de discoteca
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Ambiente tradicional en la caseta de La Paz, este miércoles. (Ñito Salas) 20/08/2026 a las 00:33h.Miércoles y festivo local. Para los que llevan ya algunos días de feria en el cuerpo, seguir acudiendo a la llamada de la fiesta empieza ... a convertirse en un arriesgado equilibrio, sopesando pros y contras, como un asesor que hace DAFO, y aunque recogerse en casa aparece como una opción, el Real Cortijo de Torres aún ofrece argumentos suficientes para hacer aparición con aires patricios. Bien con pasitos pequeños o a zancada de gigante, según el gusto del feriante o el apuro que lleve, se puede recorrer una ciudad festiva que se articula en 120 casetas. Pocos espacios, por no decir ninguno, ofrecen en un mismo lugar tanta heterogeneidad. Los diferentes ambientes conducen a la satisfacción a todos los visitantes. Hay casetas que son herederas de las tradiciones más arraigadas y luego está la zona de ocio en cliché de discoteca, donde la noche se hace día y los hechos se reducen a lo que pasa a partir de la primera copa.
Son las seis de la tarde en el Real Cortijo de Torres. La extensión es tan grande que la vista se pierde y el fin solo se adivina por la noria, que destaca como un ojo de Sauron vigilante sobre todo lo que pasa en este espacio. A través de las casetas se imprimen los diferentes ambientes que confluyen en un espacio. Juan Baldo, un joven de Vigo, resume estas sensaciones: «No me esperaba esto tan grande. La verdad es que hay de todo, aunque me cuesta un poco orientarme ahora mismo».
Empezar por El Pimpi puede ser una opción. Los almuerzos se compaginan aquí con una oferta musical que cambia a diario. Es una de las casetas más solicitadas de la feria porque compagina la tradición con un hilo musical que se va modulando a lo largo del día. Reservar para pillar mesa si se quiere comer es imprescindible en los días más fuertes de la feria. La decoración hace que uno se sienta en modo feria, sin focos deslumbrantes o espejos enormes. Farolillos y un servicio que se nota rodado y en el que pedir no resulta un problema, aunque parezca que sí lo pueda ser por la acumulación de personas.
En una mesa para ocho personas aguarda Manuel López, junto a sus hijos y su mujer, en La Rebotica. «Me encanta venir aquí porque es revivir las sensaciones de feria más auténticas. La feria de toda la vida», resalta a este periódico. El plan familiar es comer aquí y retirarse antes de que den las doce de la noche. «Luego hay que llevar a los niños a los cacharritos», dice, y no se sabe si con alegría o con preocupación por el roto en la cartera. «Es verdad que se gasta mucho, pero es una vez al año, qué le vamos a hacer», concluye.
El tradicional plato de plástico se estila en la caseta de La Paz. Huele a pinchito y se sirven copas de manzanilla. Hay un tablao de flamenco en el que se van sucediendo diferentes actuaciones. Hay una sensación de costumbrismo en el aire. Son lugares que resisten a la modernidad. Pepe Baena, el reconocido artista gaditano, tendría para dibujar un cuadro nuevo todos los días. Las casetas de peñas enganchan con este concepto de autenticidad, que en el Real queda potenciado con el constante ir y venir de caballistas.
En La Espiga se ven estampas clásicas. Volantes, flores y alegría. Esta caseta fue creada por un grupo de amigos en 1976 y ahora sigue adelante con más de 60 socios que desean compartir y divertirse en la feria. «Lo que comenzó como una reunión de amigos se ha convertido con el paso de los años en una gran familia. Una familia formada por personas de distintas edades, profesiones e inquietudes, pero unidas por unos mismos valores: la amistad, la convivencia, la solidaridad y el orgullo de ser malagueños», expresa la presidenta de La Espiga, María Piedrola.
La tradición, la solidaridad y el orgullo de ser malagueños se vive en casetas como La Espiga
Hasta que cae la noche, el ambiente que predomina es familiar. Muchos malagueños aprovechan para el encuentro con los suyos. La caseta, en este caso, se convierte en una especie de prolongación del hogar. En casetas como la municipal de flamenco y copla se vela por los antiguos rituales y voces capaces de utilizar las cuerdas vocales para crear algo estimulante. En esta caseta se nota que se lleva a Málaga por bandera. Hay orgullo por la historia y las raíces de esta ciudad.
A las ocho de la tarde, el cansancio se percibe en algunos. La noche fue larga el martes, víspera del festivo local. Sin embargo, apenas existen miramientos para seguir la fiesta por la zona juvenil. El 'tardeo' da aquí paso a la noche. Hay un mosaico muy amplio de ofertas. Una de las casetas que siempre está llena es la de Lombok. Detrás de ella está, entre otros, Paco Mena, un empresario con muchas horas de vuelo en el ocio nocturno. «Trabajar la noche en la feria es duro. Acumulas cansancio, son muchos días. Pero bueno, intentamos hacer lo mejor para ofrecer un buen ambiente», detalla a SUR. Lombok es ese tipo de caseta en la que la noche no se viene abajo estrepitosamente. No hay lujo falso en ningún lado. El espacio es más o menos diáfano y aquí se estila hacer jarras de rebujito.
En grande, una imagen de la caseta Lombo; Por debajo, la caseta de Avoi; Teresa Porras y María Piedrola, en La Espiga. . (Ñito Salas)A los pocos metros está Teatro. La clientela es variada y se mueve entre los 25 y 40 años. La Málaga de la feria remonta aquí todos los días las tardes al ritmo de las canciones del momento, mezcladas con algo de electrónica. Davide, un italiano que lleva una década instalado en Málaga, es uno de los socios. «El ambiente que tenemos es muy bueno. Por ahora, no ha habido ningún tipo de problema, más allá de alguien que haya bebido a lo mejor un poco de más. Pero es normal. Lo mejor de la feria aquí es que todo el mundo puede entrar. Si hay que hacer cola es por el aforo, no porque queramos filtrar a nadie», detalla.
Francisco Rodríguez es uno de los feriantes más jóvenes. Tiene 33 años y está al frente de una atracción que se llama Extreme Giro 360. Quien se suba aquí podrá experimentar en sus propias carnes qué se siente cuando el cuerpo se somete a las fuerzas 5G. Es uno de los muchos feriantes que montan sus atracciones en la zona de los cacharritos. Por aquí se completa la oferta de ocio que hay en el Real Cortijo de Torres. La jornada laboral consiste en trasnochar hasta que se pueda dar el último viaje y levantarse muy temprano. El precio medio para las atracciones está en unos diez euros.
En el Auditorio hay todos los días conciertos gratis. Sobre la calidad de los mismos se ha generado debate. Sin embargo, el aspecto de las gradas refleja una buena acogida. El martes sonaba Medina Azahara, este miércoles Nancys Rubias. El que no se lo pasa bien en la Feria de Málaga es porque no quiere.
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