Viernes, 21 de agosto de 2026 Vie 21/08/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

El sanchismo y la Corona

El sanchismo y la Corona
Artículo Completo 1,723 palabras
La censura de Puente al Rey podría ser interpretada como un paso hacia la república federal ibérica, pero aunque el sanchismo pueda, en su inexorable decadencia, estar cocinando un programa para una España plurinacional y confederal, a lo más representa el sueño de una noche de verano. Leer
Ensayos liberalesEl sanchismo y la Corona
  • TOM BURNS MARAÑÓN
Actualizado 21 AGO. 2026 - 02:26El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al ministro de Transportes, Óscar Puente.Europa PressSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La censura de Puente al Rey podría ser interpretada como un paso hacia la república federal ibérica, pero aunque el sanchismo pueda, en su inexorable decadencia, estar cocinando un programa para una España plurinacional y confederal, a lo más representa el sueño de una noche de verano.

El sanchismo está muy nervioso. La imagen del Rey de España junto a un periodista que es mayormente conocido como activista de la ultraderecha ha sido duramente censurada por un miembro del Gobierno socialista que es muy conocido tanto por su lengua viperina como por su alto perfil político. ¡Ni que se tratase de la aceptación por Alfonso XIII del Directorio militar del general Primo de Rivera!

¿La indignación expresada por el muy mediático Óscar Puente es una más de esas anécdotas que son propias de las febriles imaginaciones que incendian una cálida noche de verano? ¿O indica que algo categórico se está cociendo?

La denuncia tiene su aquel. Según el muy sanchista ministro de Transportes, Felipe VI es culpable de un acto de "absoluta ignominia". Y Puente no es uno más de un Gobierno que se muestra más inoperante con cada día que pasa. Fue el portavoz del Partido Socialista en el debate de la fallida investidura de Alberto Núñez Feijóo como presidente del Gobierno en septiembre de 2023. Puente abrió las puertas a la renovación del mandato de Sánchez.

La ignominia de la que Puente acusa al Rey es que durante la toma de posesión del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, hace quince días, y al igual que hizo con otros tantos periodistas acreditados a los faustos de la investidura, Don Felipe saludó al comunicador Javier Negre. Puente informó a sus seguidores en las redes de que el monarca cruzó "una línea roja" cuando se dejó fotografiar junto al que tiene como activista de la ultraderecha.

Dicho esto por cualquiera sería una muestra de sectarismo más o menos estúpido. Dicho por un ministro de la Corona de un Rey que siempre se ha esmerado por cumplir con la Constitución es una disparatada barbaridad.

En lo que pronto será medio siglo de monarquía parlamentaria, nunca había dicho tal cosa del soberano nadie que haya jurado o prometido por su "conciencia y honor" cumplir fielmente sus obligaciones como ministro "con lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado".

Pero Puente se quedó tan ancho. Ninguno de sus colegas de Gobierno y de partido le llamó públicamente la atención. Y los nacionalistas y los de la izquierda de la izquierda encantados. La censura de Puente al titular de la Corona podía ser interpretada como un gran paso hacia la república federal ibérica.

¿Y quién es Negre? Se admite la pregunta porque fuera de la comunidad de tuiteros era hasta ahora un desconocido para amplias capas de la población. Puente, que fue alcalde de Valladolid antes de asumir la cartera de Transportes, dice que Negre es "un profesional de la difamación y el bulo y un activista de ultraderecha que practica el acoso a los políticos progresistas y a sus familias, entre otras a la mía".

El que quiera consultar el currículum de Negre se enterará de que esta bestia negra de Puente es el propietario y director de varias plataformas digitales y portales, de tendencia marcadamente conservadora, que operan en España y Latinoamérica y que también están dirigidas a la comunidad hispana, en EEUU.

Abundan en el ciberespacio ofertas mediáticas de la llamada derecha alternativa, o la trumpiana, que son parecidas a las de Negre. Pululan por las redes sociales y en estos tiempos tan polarizados no faltan ricos que están dispuestos a financiarlas. Para Puente, Negre es un mercenario al servicio de lo que él y los suyos llaman la fachoesfera.

¿Es para tanto la explosión de ira y de censura que ha protagonizado el ministro de Transportes? En una agitada jornada de actos públicos siempre es posible que algún que otro no recomendable consiga acercarse a Don Felipe y hacerse un selfie. Y como se sabe bien, el monarca, para desolación de sus escoltas, es muy dado a acercarse a la gente y saludar a desconocidos. No por nada es el Rey de todos los españoles.

A fin de cuentas, lo que ha conseguido Puente es hacerle una impagable publicidad a Negre. El "profesional de la difamación" en las filas de la derecha tiene toda la pinta de ser, al igual que el ministro sanchista, un consabido maestro del agitprop.

Sin lugar a duda, Puente cree que sí ha valido la pena levantar la voz. Y justifica sus insólitas declaraciones: "El Rey es un símbolo y no es inocuo junto a quién se fotografía o a quién saluda en un contexto que no es protocolario, ni forma parte de ninguna relación institucional. Su imagen se contamina y la del sujeto con el que se fotografía se limpia. Y ambas cosas son inaceptables".

Esta palabrería de Puente puede ocultar varias motivaciones. Una es que está indignado por el trato que los medios controlados por Negre le dispensan a él y a su círculo familiar y político. Por eso, al sentirse agredido, no resiste la tentación de desahogarse sin medir el impacto que tendrá el enfoque de su censura. Esto es comprensible aunque no perdonable, porque el pimpampum va con el sueldo y con los privilegios de ser ministro.

Pero puede, por el contrario, que Puente haya medido con precisión y exactitud el revuelo que su locuacidad iba a causar y que haya montado la polémica por razones políticas con vistas al corto plazo y al largo.

Distraer a la opinión pública

Lo primero, porque la intención de la alocada diatriba que Puente lanzó al monarca era distraer a la opinión pública y a la publicada en plena crisis de Ceuta y así asegurar que su jefe, Pedro Sánchez, siguiese disfrutando de sus vacaciones en Lanzarote.

En la mente del sanchismo lo urgente era, y es, que se hable de lo que sea para silenciar en lo posible el comentario crítico de la irresponsabilidad de un Gobierno que se ha mostrado incapaz de hacer frente a la invasión, alentada por su "socio fiable", de una ciudad española.

La motivación política "a largo plazo" tiene que ver con el pos-sanchismo o el sanchismo 2.0. Los ceutíes seguirán sufriendo porque persistirá la excepcionalidad en sus calles, plazas y playas, pero poco a poco, ojalá más pronto que tarde, recuperarán al menos una semblanza de normalidad. Lo que no tiene continuidad es un Gobierno presidido por Pedro Sánchez.

De aquí a un año, habrá elecciones generales y el secretario general del Partido Socialista perderá primero su mayoría parlamentaria y, seguidamente, el liderazgo de su formación política. De hecho, ya ha perdido la mayoría en el Congreso de los Diputados, la legislatura no da más de sí y la coalición de Gobierno progresista es, como tan desgraciadamente ha demostrado en Ceuta, inoperante.

El barco progresista se hunde y en estas tesituras siempre se produce una estampida por hacerse con los botes salvavidas. Unos querrán un puesto, de renombre y bien remunerado, en algún organismo multilateral -la Organización Internacional del Trabajo, por ejemplo-, en algún banco de desarrollo o en uno de los múltiples chiringuitos de Naciones Unidas. A otros les basta con retornar más o menos de una pieza a sus casas y volver al anonimato.

A la vez, en la timonera del buque a la deriva, hay sujetos que están presos por la pasión de mandar y que tienen, al menos en la cabeza si no se han puesto a escribirlo ya, su propio Manual de Resistencia.

Estos del impasible ademán se ven como los herederos naturales de un sanchismo que lleva ocho años marcando las pautas de la política nacional. Entre ellos todo indica que estará, muy presente y muy mandón, el polémico Óscar Puente.

El ministro de Transportes ha enseñado sus cartas al disparar bajo la línea de flotación de la Corona. A la desesperada, el sanchismo recurre a los últimos proyectiles que le quedan para resucitar el proyecto progresista. Les ciega el "no pasarán", pierden los papeles y su sectarismo les impide ver que ya han sido sobrepasados en un frente tras otro.

En su inexorable decadencia, el sanchismo puede estar cocinando un programa destituyente para una España plurinacional y confederal, que, a lo más, representa el sueño de una noche de verano. Toca despertar y se impone la realidad de las cosas. La época del estío se acaba y lo ocurrido en la "españolísima" Ceuta es una tragedia humanitaria y política por la cual el Gobierno tendrá que rendir cuentas.

La absurdez, también la vileza, de Puente no evitará la catástrofe que le espera al sanchismo. Sus censuras a la Corona son un muy claro síntoma del fin de un ciclo.

Puente y Tellado, los 'hooligans' de Sánchez y FeijóoCeuta, tragedia esférica 'in crescendo'El Gobierno transforma el Frob en autoridad antiblanqueo y traslada a Economía la gestión de la participación pública en CaixaBank Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir