Giro de Italia
El Soudal cocina a fuego rápido el tercer triunfo de MagnierStuyven borda el lanzamiento del sprint para el galo, superior a Zambanini y Milan, y Vingegaard rebaja la valentía de Eulálio para ayudar a su compañero Piganzoli
Regala esta noticia Añádenos en Google Paul Magnier celebra su victoria en Pieve di Soligo. (Luca Bettini / AFP)Iván Benito
28/05/2026 a las 19:30h.Pieve di Soligo es territorio de caza. De codornices concretamente. En este pueblo cercano a Treviso se juntan cada mas de octubre para realizar un ... gran asado. En 2017 entraron en Libro Guinness de los Récords por el asado de 504,8 kilos de aves, que giraban a fuego lento en 136 brochetas. Las comen con polenta blanca (plato con textura de puré elaborado a partir de maíz blanco) y una copa de prosecco (vino espumoso) típico de la zona, en una plaza muy cercana a donde el Giro de Italia instaló por primera vez una línea de meta.
El belga, clasicómano de postín, pegó un acelerón brutal en el momento justo para prepararle la llegada a su líder. El último toque. La asistencia del 'hat-trick'. A Magnier no le hizo falta ni levantarse del sillín en una resolución que tuvo el añadido inesperado del asfalto mojado. Los corredores llegaron después de la tormenta. «No confiaba que hoy pudiera ganar, eso lo hace aún más hermoso», festeja el prodigio francés, que llora emocionado antes de subir al podio. El ciclista más joven de este siglo en acumular quince días con la icónica maglia ciclamino que ya parece suya. Intratable en los únicos tres sprints de la carrera a la espera del previsible último en Roma. La guinda del pastel.
El Giro nació como una estrategia publicitaria. Para vender más periódicos. Igual que el Tour. Un siglo después, la técnica ha variado un poco. A la cuesta vertical de San Pietro di Feletto le faltaba marketing. El ayuntamiento, la Federación y una empresa local se juntaron en 2010 para cambiarle el nombre a la subida. Via Pascoli pasó a llamarse Muro di Ca' del Poggio. Más gráfico. Y atractivo. Emula al Poggio de San Remo. Aunque nada tenga que ver.
Se trata de un 1,1 kilómetros al 12,3% de pendiente media. Atestado de público a ambos lados de la calzada, con banderas flamencas que representan su hermanamiento con el icónico Kapelmuur (también lo está con el Mur-de-Bretagne, cosas del marketing). «No me sorprendería ver ataques entre los de la general», sorprende Vingegaard en la salida. Sus sospechas se cumplen. Afonso Eulálio lo prueba. Valiente. Ya sin la maglia rosa, con el codo dolorido por una caída al coger la bolsa del avituallamiento. Pero con fuerzas para salir volando. Pero, como las codornices de Pieve di Soligo, acaba en la cazuela. Primero Kuss y finalmente Vingegaard, con medio ataque, le dan caza justo en la cima del muro. No hay inquina. Lo hacen para ayudar a Piganzoli. El portugués y el italiano luchan por ser el mejor joven del Giro.
Los trenes de los sprinters
Entre la salida de Fai della Paganella y la llegada en Pieve di Soligo había 168 kilómetros, algunas cuestas entre el mar de viñedos y el muro rebautizado. Como en los anteriores, el pelotón salió rápido. Hasta el kilómetro 50 no se compuso la fuga. El dúo del Polti, el maltés Andrea Mifsud y Mattia Bais, a los que se les sumaron James Shaw (EF Education-Easy Post) y Jonas Geens (Alpecin). Poco peligro.
«No esperaba que los equipos de los velocistas tomaran el control», declara Vingegaard. Especialmente Lidl-Trek y NSN, concedieron dos minutos de margen. El Visma se dedicaba a vivir la vida en rosa de Vingegaard. Hasta que llegó el Muro di Ca' del Poggio. El escenario para las escaramuzas.
Tras el intento de Eulálio y coronar todos juntos, quedó algún repecho en el que lo intentó Hindley, atado por sus rivales por el podio, y también salieron Kulset y... otra vez Eulálio. Cogieron diez segundos, pero los trenes de los sprinters se empezaron a recomponer. Terminaron por engullirles antes del último kilómetro. Parecía un sprint desordenado, pero Stuyven puso orden. Más de media victoria de Magnier fue suya. «Fue un poco mi error tomar la curva en la cuarta rueda. Debí quedarme detrás de Magnier», analizó Milan, tercero tras Zambanini, que pidió «disculpas» a sus compañeros. «No logré el resultado por el que se han esforzado».
Las rampas que vienen
En la meta, todos hablaban ya hacia las dos etapas que vienen con finales en las rampas de Piani di Pezzè (viernes) y la Piancavallo (sábado). Vingegaard le resta importancia a igualar los seis triunfos de etapa de Pogacar en 2024. Lleva cuatro. «No miro esas cosas», asegura. «Me encantaría ganar una etapa más, pero la verdad es que también me alegraría mucho ver a mis compañero Kuss conseguir una victoria o a Piganzoli, y que sea el mejor joven». Piganzoli está a tan solo 2:17 de Afonso Eulálio (Bahrain), que sufrió una caída al coger la bolsa del avituallamiento.
Para el podio quedan tres candidatos. El más sólido parece Gall. «Estoy bien de piernas. Concentrado», decía. A sólo 24 segundos le acecha Arensman, sigiloso, que evita hablar con la prensa para soportar mejor la presión, y a 57 segundos Hindley, que ya sabe lo que es ganar el Giro. «Somos amigos, y ahora que estoy fuera de la general, quiero ayudarlo», asegura Pellizzari.
La primera oportunidad llega este viernes, con 151 kilómetros que repasan la historia del Giro. Se sube el Passo Duran (12,1 km al 8,2%, con rampas de hasta el 14%), Coi y Forcella Staulanza, de segunda, el icónico Passo Giau (Cima Coppi, 9,9 km de ascensión al 9,3%, con pendientes de hasta el 14%) y el Passo Falzarego (10,1 km al 5,6%, con rampas del 10%), el primer puerto dolomítico del Giro. En el tramo final se estrena el duro Piani di Pezzè (2ª), de 5 km al 9,6%. El sábado quedará una jornada más larga. 200 kilómetros que enlazan dos subidas a Piancavallo, la cima conquistada por Landa en 2017. Se honra la reconstrucción del Friuli tras el devastador terremoto de hace 50 años.
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