En física, el tiempo resulta mucho más extraño. A escala cósmica, forma parte de la estructura misma de la realidad. Según la teoría de la relatividad, convive con el espacio y, al igual que él, se deforma bajo la influencia de la materia y la energía. Actúa como el marco que ordena los acontecimientos y permite distinguir qué ocurrió antes y qué ocurrió después.
Sin embargo, cuando los físicos intentan describir el universo completo mediante teorías cuánticas de la gravedad, el tiempo parece desaparecer de las ecuaciones. Los cambios siguen ocurriendo, pero ningún reloj externo indica cuándo suceden. Algunos investigadores incluso proponen que la evolución de la entropía podría ordenar esos cambios.
Ambas visiones parecen contradictorias y, aun así, describen con gran precisión los fenómenos que observamos. Esta tensión entre lo cuántico y lo relativista ha llevado a algunos físicos a plantear la inquietante posibilidad de que quizá el tiempo no sea una propiedad fundamental del universo, sino una consecuencia de cómo cambian las cosas.
Physical Review Research, ese tiempo interno avanza siempre en una misma dirección y permite ordenar correctamente los acontecimientos incluso cuando el sistema se expande o se contrae. Además, puede acelerarse, ralentizarse o incluso detenerse según evolucione la entropía. En otras palabras, la nube de partículas no necesitó de un reloj externo para registrar sus cambios.Si la hipótesis es correcta, el problema no consiste en encontrar el reloj perfecto para medir el universo, sino en entender cómo los cambios generan la ilusión de que existe uno. Por ahora, el experimento no responde esa pregunta. Pero demuestra que, por primera vez, los físicos pueden empezar a investigarla fuera de las ecuaciones.